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‘Un blues para Teherán’, un país para escucharlo

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Un blues para Teherán
Fotograma de 'Un blues para Teherán' (Foto: Surtsey Films)

Título original: Un blues per a Teherán

Año: 2020

Duración: 80 min.

País: España

Dirección: Javier Tolentino

Guion: Javier Tolentino, Doriam Alonso

Música: Tere Núñez, Walter Geromet

Fotografía: Juan López

Productora: Quatre Films, Eddie Saeta S.A

Género: Documental

Ficha en Filmaffinity

hombre muerto no sabe vivir

Aunque desde hace años, el cine procedente de Oriente Medio ha ido ganando interés y reconocimiento por parte de espectadores y especialistas, todavía es para muchos una forma de arte desconocida. Es Irán, por ejemplo, uno de los países con más talento de esta disciplina (Kiarostami, Panahi, Farhadi o Rasoulof…) y, al mismo tiempo, lugar donde queda denigrada, censurada, y por ende incluso prohibida.

Con Un blues para Teherán, Javier Tolentino, periodista y escritor ampliamente conocido por su trayectoria en RTVE, ha pasado de colocarse frente a una pantalla para ponerse tras una cámara. Y lo hace con soltura, con ingenio y elegancia, para guiarnos por un viaje a través de la meseta persa y descubrir la cultura y el arte de un pueblo opacado por conflictos políticos y fundamentalismos religiosos.

Con este documental se busca explorar la sociedad iraní desde su música tradicional, su folclore, siguiendo el testimonio de un grupo de jóvenes músicos y varios ciudadanos anónimos, pero también el mostrar una imagen diferente a la que el público puede tener de este país tan cerrado.

Un blues para Teherán manifiesta aparente inocencia externa, con la música como hilo conductor del relato. Pero es en realidad una pieza de carácter subversivo. Y es que la cultura puede servir como un arma contra aquellos que cohíben las libertades. La música no solo es capaz de atravesar paredes, muros y fronteras, sino también valer como refugio, como crítica y vía de escape para aquellos que quieren hacer del arte su medio de vida.

Un blues para Teherán
Un grupo de músicos tocando en una escena del documental (Foto: Surtsey Films)

Son impactantes las declaraciones que hace una joven solista que no puede cantar al estar las mujeres vetadas a ello. La tristeza de un joven aspirante a realizador por no poder hacer su película realidad. El malestar de un anciano pescador al ver que, por muchos avances técnicos que se hayan logrado, su sociedad siga estancada en el pasado.

Un pueblo vive a través de su arte, de su cultura. Un blues para Teherán aboga por estas voces discrepantes, por servir como medio de libre expresión creativa para que estos artistas se sientan libres por un instante.

Hablando del trabajo visual, entre canción y canción Tolentino nos muestra una serie de imágenes de gran belleza donde además muestra su gusto por encuadres definidos y simétricos. Irán es un frondoso campo de cultivo verde, un atardecer entre escarpadas montañas, un extenso juncal regado por las aguas de un caudaloso rio, una bulliciosa ciudad en mitad del desierto. Una labor de fotografía digno de disfrutarse en una pantalla de cine.

No será sencillo para un espectador medio adentrarse de primeras en esta cinta por la temática que aborda y las reflexiones que plantea. Pero intentarlo al menos, y con ello, querer explorar una cultura diferente y las múltiples facetas artísticas que da de sí, es muy recomendable.

Lo mejor: Poder descubrir la idiosincrasia musical de un país y una cultura distinta.

Lo peor: Que su visionado pueda no resultar lo suficientemente atractivo.

Nota: 7/10

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