El acceso al agua potable continúa siendo uno de los grandes desafíos globales del siglo XXI, una crisis silenciosa que no solo persiste, sino que se agrava incluso en territorios donde este recurso parece inagotable. Desde su posición en la Fundación We Are Water, Carlos Garriga se ha consolidado como una de las voces que insisten en la urgencia de abordar esta problemática.
Licenciado en ADE, su trayectoria no parte del activismo clásico, sino de un cruce entre gestión, comunicación y estrategia que ha ido moldeando con los años. Tras su paso por distintas empresas, en 2010 se incorpora a la fundación como Project Manager. Diez años después asume la dirección, desde donde impulsa una hoja de ruta centrada en la sensibilización.
Ese compromiso se materializa ahora en Amazonas: La memoria del agua, un cortometraje documental que codirige junto a Ignasi Rodríguez y que sitúa su mirada en el corazón de la Amazonía. Allí, en la triple frontera entre Colombia, Brasil y Perú, la película captura una paradoja tan elocuente como incómoda: comunidades que habitan uno de los mayores reservorios de agua dulce del planeta, pero que siguen sin acceso a agua potable ni a servicios básicos de saneamiento.
En esta entrevista, Garriga profundiza en el proceso de creación del documental, analiza el papel de las organizaciones en la lucha contra la crisis hídrica y reflexiona el papel que puede desempeñar el audiovisual para repensar nuestra relación con un recurso tan esencial como desigualmente distribuido.
P: ¿Cómo nace la idea de Amazonas: La memoria del agua dentro de la Fundación We Are Water?
CARLOS GARRIGA: La idea nace de una inquietud muy clara: entender el agua no solo como un recurso, sino como un elemento profundamente ligado a la vida, la cultura y el futuro de los territorios. El Amazonas representa todo eso de forma única. Desde la Fundación llevamos años trabajando en proyectos vinculados al acceso al agua y al saneamiento en distintas regiones del mundo y, en ese camino, vimos la necesidad de contar historias desde el territorio, dando protagonismo a las comunidades y a su relación con el agua. Este documental surge precisamente de esa voluntad: poner en valor la memoria del agua a través de las voces del Amazonas, visibilizar sus desafíos y, al mismo tiempo, generar una reflexión global sobre la importancia de preservar este ecosistema clave para el equilibrio del planeta.
P: ¿Cómo encaja este proyecto dentro de la estrategia global de sensibilización de la Fundación?
CG: Encaja de forma muy natural, porque responde directamente a uno de nuestros grandes objetivos: sensibilizar desde la realidad y desde las personas. En la Fundación We Are Water trabajamos para generar conciencia sobre los retos del agua y el saneamiento, pero creemos que los datos por sí solos no son suficientes. Necesitamos historias que conecten, que emocionen y que inviten a reflexionar. Este documental es precisamente eso: una herramienta de sensibilización que nos permite acercar el Amazonas a la sociedad, poner rostro a los desafíos del agua y generar una conexión más profunda con una problemática global. Además, refuerza nuestra apuesta por formatos audiovisuales y narrativas más humanas, que nos ayudan a amplificar el impacto y a llegar a nuevas audiencias.

P: ¿En qué momento decide implicarse también como codirector junto a Ignasi Rodríguez?
CG: Fue algo completamente natural. Todas las producciones audiovisuales de la Fundación las hemos abordado de esta forma. En mi caso, además, parte de mi trayectoria está vinculada al cine, y con Ignasi llevamos tiempo trabajando juntos, así que nos conocemos bien y nos entendemos con facilidad. En un proyecto como este —con muy poco tiempo de producción y rodaje, y en un entorno tan exigente como el Amazonas— esa complicidad y esa forma de trabajar conjunta no son solo una ventaja, sino prácticamente imprescindibles.
P: El documental aborda amenazas como la deforestación o el cambio climático. ¿Cuál es el mensaje más urgente que queréis transmitir al espectador?
CG: Uno de los mensajes más importantes es que el agua no es solo un recurso natural: es también cultura, memoria y vida. En la Amazonía, las comunidades indígenas han construido durante generaciones una relación profunda con el río y con el entorno natural que hoy está en riesgo. El documental muestra cómo el cambio climático, la deforestación o la presión sobre los recursos naturales están alterando ese equilibrio. El mensaje es claro: proteger el agua y los ecosistemas no es solo una cuestión ambiental, sino también social y cultural.
P: ¿Qué ha aprendido de las comunidades indígenas durante el rodaje? ¿Hubo alguna historia o persona que le marcara especialmente?
CG: Una de las grandes lecciones del rodaje ha sido la profundidad del conocimiento que estas comunidades tienen sobre la naturaleza y el agua. Para pueblos como los tikuna, el río no es solo una fuente de recursos: es un elemento que explica el mundo, que guarda la memoria de los ancestros y que organiza la vida cotidiana. Durante el documental conocemos testimonios como el de Jorge Cayetano Santos, que habla de los mayores como “bibliotecas vivas” que transmiten conocimientos sobre el clima, la pesca o el territorio. Esa transmisión de saberes y esa relación tan íntima con el agua invitan a reflexionar mucho sobre nuestra propia relación con la naturaleza.
P: ¿Cree que en Occidente hemos perdido esa conexión con el agua como elemento identitario?
CG: En muchos contextos urbanos, el agua se percibe simplemente como un servicio que llega al grifo, y eso hace que a veces olvidemos todo lo que hay detrás: los ecosistemas, los ciclos naturales o las comunidades que dependen directamente de ella. Las culturas que viven en contacto directo con la naturaleza, como las comunidades amazónicas, nos recuerdan que el agua es mucho más que un recurso. Forma parte del territorio, de la identidad y de la memoria colectiva.

P: ¿Hasta qué punto la crisis del agua sigue siendo un problema invisibilizado en Europa?
CG: Aunque en muchos países europeos el acceso al agua potable está garantizado, la crisis del agua sigue siendo un desafío global que afecta a millones de personas. A menudo es una realidad que percibimos como lejana, pero está profundamente conectada con cuestiones como el cambio climático, la gestión de los recursos naturales o la protección de los ecosistemas. Por eso es tan importante seguir generando conciencia y recordar que el agua es un recurso finito que debemos cuidar.
P: ¿Cree que el audiovisual puede generar un cambio real en la conciencia social?
CG: El audiovisual tiene una enorme capacidad para conectar con las personas. A través de imágenes, testimonios y relatos humanos es posible acercar realidades que, de otro modo, quedarían muy lejanas para el espectador. Nuestro objetivo con este documental es precisamente ese: generar empatía, abrir una ventana a lo que está ocurriendo en la Amazonía y contribuir a una mayor conciencia sobre la importancia de proteger el agua y los ecosistemas.
P: ¿Qué papel deberían jugar las instituciones frente a lo que muestra el documental?
CG: Las instituciones tienen un papel fundamental en la protección de los recursos naturales y en la garantía del acceso al agua y al saneamiento. También es clave que escuchen y tengan en cuenta el conocimiento y las necesidades de las comunidades que viven en estos territorios.
P: ¿Qué puede hacer una persona que vea el documental desde su casa en España para contribuir a esta causa?
CG: El primer paso es informarse y tomar conciencia de la importancia del agua y de los ecosistemas que la sostienen. A partir de ahí, cada persona puede contribuir adoptando hábitos de consumo responsables y apoyando iniciativas que trabajan para garantizar el acceso al agua y la protección del medio ambiente. La sensibilización es clave: cuanto más entendamos la relación entre el agua, el clima y la vida de las comunidades, más fácil será impulsar cambios positivos.
P: ¿Qué historia sobre el agua aún no se ha contado y le gustaría abordar en el futuro?
CG: Me gustaría seguir contando historias que, además de visibilizar y denunciar realidades complejas, aporten una mirada más positiva y constructiva.
A veces ponemos mucho el foco —con razón— en los problemas, pero creo que es igual de importante mostrar que hay soluciones, que existen comunidades resilientes, innovación y personas que están cambiando las cosas. El reto está en encontrar ese equilibrio: generar conciencia sin caer en el pesimismo, e inspirar a partir de ejemplos reales que demuestran que avanzar es posible. Porque, al final, no se trata solo de entender los desafíos del agua, sino de activar a las personas desde la esperanza y la posibilidad de cambio.
P: ¿En qué nuevos proyectos audiovisuales está trabajando actualmente la Fundación? ¿Qué próximos estrenos o líneas de producción tenéis previstos?
CG: Seguimos apostando claramente por el audiovisual como una herramienta clave de sensibilización, dando visibilidad a los proyectos que, con la Fundación We Are Water, desarrollamos en Asia, África y América Latina. Nuestra línea de trabajo pasa por acercar esas realidades a la sociedad a través de historias humanas, poniendo el foco en el impacto del agua en la vida de las personas y en los retos que afrontan en su día a día. Más allá de proyectos concretos, estamos en un momento de exploración constante, abiertos a nuevas narrativas y formatos que nos permitan conectar mejor con distintas audiencias. Y, como siempre, atentos a las historias que se cruzan en nuestro camino: porque el agua está presente en muchos de los grandes desafíos actuales, y sabemos que seguirán surgiendo relatos que merece la pena contar.



