Título original: Las Corrientes
Año: 2025
Duración: 104 min.
País: Suiza, Argentina
Dirección y guion: Milagros Mumenthaler
Reparto: Isabel Aimé González Sola, Esteban Bigliardi, Ernestina Gaddi, Jazmín Carballo, Emma Fayo Duarte, Patricia Mouzo, Susana Saulquin
Fotografía: Gabriel Sandru
Montaje: Gion-Reto Killas
Productoras: Alina Film, Ruda Cine
Distribuidora: Atalante
Género: Drama
Crítica en Letterboxd
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Milagros Mumenthaler es una narradora de imágenes, más que de narrativas. En su nueva película, una mujer sufre un ataque depresivo, y al volver a casa, trata de hacer como si nada, pero las marcas siguen allí, y se hacen cada vez más fuertes. Lo que resulta particular de esta historia, es que esa premisa no viene de un procedimiento trágico o un trauma fuerte, siendo la duda el motor de esta película.
En ocasiones, parece que se narra desde una tercera persona, un testigo que observa ante la duda que le puede haber pasado, pero en realidad nos encontramos ante un estudio psicológico y existencial bastante complejo. En vez de dar respuestas, Mumenthaler y el espectador acompaña a esta mujer, quien se mueve a través de los impulsos y sensaciones que por el razonamiento.
La cineasta argentina le gusta enfocarse más en los gestos, vistazos y ambiente para contar el complejo drama de su protagonista, interpretada por Isabel Aimé González Sola. No es casualidad la presencia un color azúl tan suave y brillante como melancólico, o todas las referencias al agua y las sensaciones sonoras.
No solo nos encontramos ante una propuesta visual sutil pero brillante, que hasta parece recordar un poco a ‘Tres colores: Azul‘ de Kieslowski, en su retrato de la tristeza de una mujer en un tono azulado melancólico, sino un ejercicio de mezcla de sonido brillante. Las transiciones se dejan guiar más por el sonido que por el montaje, y su narrativa aunque lineal, se encuentra ante muchas dudas. Esta decisión formal tiene sentido al estar enfocada en las sensaciones.
Uno se pregunta qué evento clave puede haberle pasado para que la protagonista se encuentre en su estado emocional, pero lo cierto es que en sí puede ser un cúmulo de eventos, emociones y relaciones del pasado, que ya por fin han estallado. A diferencia de una película reciente como ‘Si pudiera te daría una patada’ de Mary Bronstein, la reacción de esta madre con problemas depresivos y existenciales, no es ruidosa sino más bien silenciosa.
En todo momento, se trata de camuflar el daño, el trauma y la depresión no solo en el ambiente personal y familiar, sino hacia la propia protagonista. No hay una racionalidad dramática, simplemente llegó de alguna manera esos miedos y dudas a través de unos impulsos que ya no se pueden retener. Ya no puede aguantar un aplauso falso o un premio superficial, ni tampoco sus reacciones emocionales. El corazón es liderado por ese impulso de saltar pero controlado por el mero hecho de vivir por la persona que más quieres.

La hidrofobia en si, no se desarrolla por un miedo al agua, sino a lo que podría haber pasado o lo que podría pasar por ella misma. Puedes intentar disimular las huellas, ya sea de manera externa o interna, pero estas se quedan contigo. Lo triste y hasta perturbador del propio impulso, es el hecho de que tanto ella como varias personas en algún punto de la vida, deben afrontar el mero hecho de vivir con ello, aun si no se puede explicar exactamente de dónde viene.
Uno puede estar rodeado de bienes materiales o tangibles para distraerse de su propia existenci. Bien puede ser la moda o la artesanía, como nuestra protagonista, o incluso los aparatos electrónicos para la generación más joven, siendo este el caso de su hija y muchísimos infantes en la actualidad. Estas distracciones ofrecen ruido que evitan esos momentos silenciosos y solitarios en el que estamos con nosotros mismos. Un bien tangible valioso como un premio, una prenda, y una obra de arte, se usan para fingir algo de significado y valor al mero hecho de que estamos vivos.
¿Pero entonces porque uno sigue vivo? Cómo bien responde una bella escena experimental protagonizada por las luces de un faro – recordando por momentos a una versión más positiva y humana del final de ‘El eclipse‘ de Michelangelo Antonioni – a pesar de estar en un mundo material que nos distrae de nuestra soledad, aún hay conexiones humanas.
La gente es rutinaria y hay momentos en los que se encuentran solos, pero también ríe, ama, se unen a través del arte, y hasta perdona. En sí la conclusión más certera que uno podría llegar es que existir es difícil, precisamente por esa búsqueda del valor del ser en una pelea del razonamiento frente a la corriente del corazón, pero al igual que este es débil, también es la fortaleza que sigue manteniendonos con vida.
‘Las corrientes‘ sigue un camino que no parece tener un destino definido. Es un drama psicológico complejo que ofrece más preguntas que respuestas mediante la ambigua pero íntima naturaleza de su personaje. Milagros Mumenthaler es consciente del poder que tiene las imágenes para crear una conexión íntima con una parte irracional de nosotros mismos que solemos sobrepasar a través de un personaje.
Es un cúmulo de emociones más que un evento lo que lleva a la protagonista cuestionar, pero en el fondo, la respuesta es clara: vive. Y ahora solo queda preguntar a quien vea esta película: ¿Te dejás llevar por la corriente o la sigues evitando? ¿La seguiras o no? La respuesta a esas preguntas dependerá de cada quien.



