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‘Possessor’, crisis de identidad

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Título original: Possessor

Año: 2020

Duración: 104 min.

País: Canadá

Dirección: Brandon Cronenberg

Guión: Brandon Cronenberg

Música: Jim Williams

Fotografía: Karim Hussain

Productora: Rhombus Media, Rook Films, Particular Crowd

Género: Ciencia ficción, terror, thriller

Ficha completa en Filmaffinity

Hay algo de herencia en Possessor (Brandon Cronenberg, 2020). Hay una sombra que acompaña al director, algo que vive dentro de él y hace que siga en cierta medida con las ideas de su padre. Es por esto que la obra que venció en la anterior edición del Festival de Sitges muestra tanto interés por la sangre, la carne y, sobre todo, por la relación entre ésta última y la tecnología. Una tecnología, además, que ya no se muestra exclusivamente como apéndice (un teléfono móvil, un ordenador), sino que moldea –y cambia– por completo tu vida, tu cuerpo y tu forma de ver el mundo.

Aquí Tasya Vos (Andrea Riseborough) es una asesina a sueldo que, gracias a implantes cerebrales, traslada su consciencia a otros cuerpos y los obliga a matar. Esta premisa ya ha sido usada en otras tantas ocasiones de distintas formas en obras como Avatar (James Cameron, 2009), la saga de videojuegos Assasins Creed o, más cercana quizás a Possessor, eXistenZ (David Cronenberg, 1999), donde se estudiaban los límites entre realidad y ficción mediante el uso de algo similar a la realidad virtual. En el caso de la cinta de Brandon, la premisa sirve no sólo como puerta de entrada hacia las escenas de acción, sino como una búsqueda del acto performático que existe en el hecho de hacerte pasar por otra persona pero, sobre todo, como una forma de analizar una crisis de identidad y de pérdida del ‘yo’.

Fotograma de ‘Possessor’

Después de uno de sus trabajos, Tasya decide tomarse un descanso y volver con su familia, pero nada es como antes. Su trabajo la acompaña siempre. Las relaciones sexuales con su marido le traen recuerdos del asesinato que acaba de cometer de la misma forma que la simple imagen de su hijo jugando se convierte en otra forma de posesión, la del niño mandando sobre el muñeco como si fuera una marioneta. Es aquí cuando emerge la duda: ¿y si su vida real fuera la virtual?, ¿quién es cuando no está trabajando? Esta especie de trastorno de identidad disociativo va aumentando a medida que avanza el filme, y el director decide mostrarlo a través de espejos que reflejan las distintas partes que conforman al personaje, y se explicita mediante una serie de luchas que ocurren dentro de sus mentes.

Lo curioso es que, al final, en sus posesiones el que está “atrapado” es el que posee. Y es esto lo más interesante de lo que, al final, se muestra como un un thriller con toques de ciencia ficción que se desarrolla en mayor medida dentro de la mente de sus personajes, y que compone su argumento a través de distintos relatos que funcionan porque sabemos que la persona no está siendo realmente ella misma, es decir, que se basa enteramente en la información que da al espectador. En definitiva, Possessor es una película sobre posesiones que no es de terror, sino que utiliza esto para formar un retrato de la crisis de identidad que trajo (y traerá) consigo internet.

Lo mejor: Su reflexión acerca de la identidad

Lo peor: A veces su tema se diluye

Nota: 7.5/10

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