‘Mudras’ y el hilo invisible entre madres e hijas

Hay películas que te interpelan de una forma especial, ya sea porque llegan hasta ti en el momento adecuado o porque despiertan reflexiones que hasta entonces no sabías explicar con palabras. En el caso de Mudras, bailando hilos invisibles, de María Salgado Gispert, ha sido una mezcla de ambas. La danza, la maternidad y la búsqueda de la identidad conversan en este documental que llega hoy, 4 de septiembre, a los cines.

Hace más de treinta años, Mónica de la Fuente dejó Castilla con apenas veinte años para viajar a la India, donde permaneció durante una década aprendiendo danza y teatro. Aquella experiencia transformó su manera de entender la danza, pero también su forma de estar en el mundo. Ahora es su hija Nazaré de la Fuente, bailarina de danza española y flamenco, quien emprende su propio viaje a la India. Lo que en principio parece un camino hacia lo desconocido termina convirtiéndose en un viaje hacia la historia de su propia madre.

fotograma de mudras
Fotograma de ‘Mudras, bailando hilos invisibles’.

El diálogo entre pasado y presente, entre dos mujeres con voz propia que caminan sobre ese hilo invisible que las une, es el corazón de Mudras. Esa amalgama contradictoria de admiración, cariño, incomprensión y necesidad de alejarse que aparece entre ellas me ha hecho pensar en algo que, probablemente, todos hemos sentido alguna vez: puedes querer mucho a una persona y, al mismo tiempo, necesitar encontrar un camino que sea solamente tuyo. A veces, el conflicto es también una forma de crecer dentro de una relación, y la maternidad no es una excepción.

La inclusión de fragmentos de videodanza de Mónica y Nazaré, filmados por Isabel Ruiz, directora de fotografía, refuerza esta conversación entre madre e hija a través del cuerpo y el movimiento. Al fin y al cabo, como me explicó la directora, con las palabras podemos mentir, pero con el cuerpo no. Porque, si hay algo que ha hecho todavía más especial para mí Mudras, bailando hilos invisibles, ha sido poder charlar con María Salgado Gispert, que además de dirigir este documental también firma como montadora y operadora de cámara junto a Isabel Ruiz.

Después de hablar con María, entiendo un poco mejor por qué esta película me ha interpelado de una forma tan especial. En el fondo, la historia de Mónica y Nazaré habla de mirar a quienes nos han enseñado a caminar y preguntarnos hacia dónde queremos ir nosotras. Esto no siempre es fácil. A veces implica decepcionar, discutir o tomar decisiones que quienes nos rodean no entienden. Pero también forma parte de crecer.

Porque nuestras madres pueden enseñarnos muchas cosas, incluso mostrarnos un camino que merece la pena recorrer. Pero llega un momento en el que somos nosotras quienes tenemos que decidir hacia dónde queremos bailar. Y quizá eso sea lo que más me llevo de Mudras: que podemos querer, admirar y agradecer a nuestras madres y, al mismo tiempo, necesitar descubrir quiénes somos lejos de ellas.

Namaste, amigos.