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‘Dulce sabor a muerte’, helados, niños y mucho gore disfrutón

Título original: Ice Cream Man

Año: 2026

Duración: 86 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Eli Roth

Guión: Noah Nelson, Eli Roth, Noah Belson

Historia: Eli Roth

Reparto: Ari Millen, Charlie Zeltzer, Shiloh O’Reilly, Kiori Mirza Waldman, Sarah Abbott, Benjamin Byron Davis, Eli Roth, Karen Cliche, Dylan Hawco, Charlie Storey, Alex Armbruster, Lochlan Ray Miller, Darrin Baker

Música: Brandon Roberts

Fotografía: Simon Shohet

Compañías: Media Capital Technologies, The Horror Section, Cream Productions, Head Gear Films, Mass Appeal, Metrol Technology

Distribuidora: The Horror Section, Iconic Events Releasing, AQS

Género: Terror

Crítica en Letterboxd

Eli Roth regresa al cine de terror salvaje y explícito con el que se dio a conocer  con películas como Cabin Fever (2002), Hostel (2005) y Hostel 2 (2007). Un cine mucho más gamberro y despreocupado que algunos de sus trabajos más recientes (imposible olvidar la fallida Borderlands).

No podemos hablar de Dulce sabor a muerte sin antes mencionar las polémicas que ha suscitado el director. Sus posicionamientos políticos a favor de Israel trajeron tal revuelo que el Festival Macabro de México se vio obligado a retirar su película de la programación. También fue muy criticado por sus ataques públicos contra Greta Thunberg ( dijo que «debería ser devorada por caníbales» como si fuera un personaje de The Green Inferno (2013) ). El uso de inteligencia artificial en algunas escenas de animación también ha generado bastante controversia. Sinceramente, no creo que sea lo que marque la película. Su utilización no es demasiado reiterada.

Sin más preámbulos, hablemos de la película en sí: El film empieza con bastante calma. Roth se toma su tiempo para presentarnos a los niños, el pueblo y esa atmósfera de normalidad que poco a poco se va torciendo. Aquí la gracia está en coger algo tan inocente como un camión de helados y convertirlo en una especie de tanque de la muerte. Y funciona. Gran parte de la culpa la tiene Ari Millen, el actor que interpreta al vendedor de helados. Su presencia, sus gestos y esa mirada que tiene hacen que el personaje resulte inquietante incluso cuando no está haciendo absolutamente nada. De hecho, no habla en toda la película. Es lo mejor de la película a nivel interpretativo. Millen entiende perfectamente qué tipo de personaje tiene entre manos.

Después llega lo que todos estábamos esperando: la sangre. Y aquí Roth no decepciona en absoluto. Hay gore para aburrir:  tripas, vísceras, amputaciones, cerebros, intestinos y muertes bastante imaginativas. Si eres de los que disfrutas con el gore más cafre vas a pasártelo bastante bien.

Los efectos especiales son uno de los puntos fuertes de la película. Especialmente cuando apuesta por los efectos físicos y el maquillaje. Hay muertes que se disfrutan precisamente por lo artesanal de la propuesta y porque Roth no tiene problema alguno en mantener la cámara delante de la carnicería. Explícito al máximo. Y tampoco importa demasiado quién sea la víctima: Hombre, mujer, niño… la película reparte por todas partes. Roth no se preocupa por quedar bien con nadie y eso siempre es un punto a favor.

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Fotograma de ‘Dulce sabor a muerte’ (Foto: The Horror Section)

El humor negro también está muy presente. Hay algunos chistes que te hacen reír  de forma nerviosa de lo brutos que son. La conversación que tienen los niños sobre la bulimia («claro que sé vomitar. Tengo 12 años») es de esos momentos en los que la película te muestra claramente sus cartas. Y a mí ese tono me funciona.

También agradezco algunas de las pullas contra la Iglesia Católica. Nada nuevo bajo el sol pero ya vemos algo más de mala leche. Roth no se queda satisfecho simplemente encadenando una muerte tras otra.

El problema principal de Dulce sabor a muerte es el guión. Y ojo, que la premisa es cojonuda. Un heladero asesino y unos niños que se transforman en sádicos despiadados al comer helados. El problema es que hay personajes bastante planos y momentos en los que parece que el film se queda encallado. Todo es demasiado previsible salvo el giro final que, la verdad, es un poco torticero y deja la sensación de que a Roth su idea le daba para un mediometraje como mucho.

Obviamente, no estamos ante una película sutil. El problema llega cuando la historia necesita algo más que gore jocoso y entonces aparecen sus carencias. Por eso, entiendo perfectamente que vaya a dividir al público. Hay quien va a considerar que es poco más que una sucesión de muertes unidas por una historia bastante floja. Y tampoco puedo decir que estén equivocados del todo. No obstante, sería injusto quedarse únicamente con eso. Hay que reconocer que la película es entretenida a más no poder: Tiene ritmo, sangre, humor negro, un personaje protagonista que funciona y algunas muertes que van a hacer las delicias de cualquier goremaníaco. Se nota que Roth vuelve a estar cómodo en el barro.

Las referencias cinematográficas son bastante evidentes. La principal es la mítica ¿Quién puede matar a un niño? (1976) del genio español Narciso Ibáñez Serrador. La influencia está clarísima y tiene todo el sentido del mundo. En ambas películas se juega con la inocencia de los niños y el contraste que supone que estos sean violentos con los adultos. Eso sí, la propuesta de nuestro «Chicho» da muchísimo más miedo siendo menos explícita. Y tenía un objetivo de denuncia respecto a la desprotección de los niños.

No es la única referencia del film. Hay destellos de Los chicos del maíz (1984), El pueblo de los malditos (1995), Weapons (2025) e incluso de todo un clásico de Alfred Hitchcock: Los pájaros (muy obvia, por cierto).

También hay que acordarse de Ice Cream Man (1995), la película de Paul Norman (director más versado en el cine porno que en el terror). La idea del vendedor de helados asesino ya estaba allí y Roth parece disfrutar recuperando algunos elementos de aquella película. Especialmente en relación con los diferentes tipos de helado y sus ingredientes. Lo interesante es que Roth no intenta ocultar estas influencias. Sabe que somos muchos los frikis que disfrutamos cazándolas al vuelo.

En definitiva, ¿Es una gran película de terror? No. ¿Me lo he pasado bien? Sin lugar a duda. Creo que ese es el mejor resumen que puedo hacer del film. Claro que es bastante irregular y con un guión que no está a la altura. Aún así, tiene suficientes ingredientes como para que los aficionados al terror más bruto lo gocen. Tampoco hace falta estar siempre buscando obras maestras que vayan a reinventar el género. A veces uno solo quiere sentarse en la butaca y disfrutar sin más.

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Fotograma de ‘Dulce sabor a muerte’ (Foto: abandomoviez.net)
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LO MEJOR: EL GORE Y EL HUMOR NEGRO MARCA DE LA CASA
EL GUIÓN Y LA SENSACIÓN DE QUE LA IDEA DABA PARA UN MEDIOMETRAJE COMO MUCHO
7.5