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‘Midway’, la guerra en plano general

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Fotograma de 'Midway' (2019) de Roland Emmerich

Título original: Midway

Año: 2019

Duración: 138 min

País: Estados Unidos

Dirección: Roland Emmerich

Guion: Wes Tooke

Música: Harald Kloser, Thomas Wanker

Fotografía: Robby Baumgartner

Reparto: Ed Skrein, Woody Harrelson, Patrick Wilson, Luke Evans, Aaron Eckhart, Nick Jonas, Mandy Moore, Dennis Quaid, Darren Criss, Luke Kleintank, Alexander Ludwig, Mark Rolston, James Carpinello

Productora: Centropolis Entertainment / Starlight Culture Entertainment Group / The Mark Gordon Company

Género: Bélico. Acción

Ficha en Filmaffinity

Tras ver Midway no pude evitar reflexionar sobre cómo una película bélica debe afrontar el concepto de la objetividad. Y es que es en realidad un asunto complejo. Porque el simple hecho de focalizar implica en sí mismo un posicionamiento. Escoger quién va a ser el protagonista de una historia remite inevitablemente a un esquema narrativo básico basado en el puro maniqueísmo, en la distinción canónica del protagonista héroe y el antagonista villano.

Escoger narrar Midway desde la perspectiva estadounidense la condena a ser subjetiva, a posicionarse de un bando concreto. Pero sería injusto asegurar que Emmerich no ha intentado al menos huir de esta imparcialidad. Es evidente ese ansía del director por evitar un gratuito patriotismo que tiende por norma deshumanizar al bando contrario, poniendo las pérdidas humanas de unos por encima de las de los otros. Midway tiene claro que la vida y la muerte de un cívil vale lo mismo sin importar la bandera que defiende. Y eso es algo que, sobre todo en este género, siempre debemos agradecer.

Quería empezar la crítica por este aspecto tan concreto, no sólo porque era el que más pesadillas me causaba antes de ver la película, sino porque es, por desgracia, lo más destacable de la obra. Midway es un filme sobre las dimensiones, sobre lo minúsculo que termina siendo el individuo en la vastedad de la guerra. Emmerich busca generar esta empática angustia exclusivamente a partir de lo visual (siendo este su mayor error). Inabarcables planos generales, frenéticos y poco inteligibles movimientos de cámara, un uso tan fidedigno como purista del sonido…

Fotograma de ‘Midway’ (2019) de Roland Emmerich

Todos estos elementos llegan incluso a funcionar cuando Emmerich consigue sincronizarlos adecuadamente y generar coreografías que rompen con el patrón de la propia obra. Pero acaban señalando la propia hipocresía de esta. Porque resulta irónico que Midway reivindique la imposibilidad de la victoria colectiva sin la existencia del sacrificio individual y, a su vez, presente unos arcos de personaje tan discretos y previsibles.

Midway se acerca más al frío estilo de un libro de texto que al de un drama humano. El director prefiere la generalidad, precisión y apatía del vigor histórico. Parece sentirse más cómodo como académico que como poeta. Las constantes humaredas de los combates aéreos entierran cualquier intento de humanismo. Es tangible la impotencia de la cinta a la hora de retratar verdaderamente el dolor. Se obceca tanto en esas colosales máquinas de matar que le resulta imposible entender (y mucho menos retratar) el alma humana. Por eso convence tan poco su guión, porque sus intentos por generar empatía y emocionalidad son demasiado predecibles y mecánicos, son pura causalidad. No hay sentimiento, si no un artificial intento de simularlo.

Midway es incapaz de abandonar su contínuo plano general y abordar una historia en primer plano. Quizás porque Emmerich no quiera realmente representar la guerra, sino esa idealizada imagen que podemos llegar a tener de ella. La adrenalina del combate y la exaltación de la victoria. No obstante, lo realmente irónico reside en el hecho de que lo mejor de Midway lo encontramos en aquello que el director menos tiene en cuenta. Esa mirada de aquel que se despide de un ser querido, esa sonrisa tras salvar una vida, ese abrazo tras la incierta espera…

Esos momentos que el director considera trámites, aburridas calmas entre frenéticas tormentas, son aquellos que realmente interpelan al espectador. Son estos fugaces instantes de fotogenia emocional aquellos que se quedan grabados en la retina. Porque el intimismo de lo ínfimo acaba resultando más sobrecogedor que lo inmenso. Porque el problema de Midway es que, efectivamente, Emmerich da el mismo valor a las vidas de ambos lados: ninguno.

Lo mejor: Cuando lo íntimo resulta más sobrecogedor que lo inmenso

Lo peor: Que los momentos de intimismo sean casi inexistentes

Nota: 4/10

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