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Fernando González Molina y Marta Etura nos hablan de ‘Legado en los huesos’

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Se acaba de estrenar Legado en los huesos, la segunda parte de la Trilogía del Baztán, adaptación de las novelas de Dolores Redondo. La historia sigue a Amaia Salazar (Marta Etura), que se prepara para una nueva etapa de su vida – la maternidad – creyendo haber dejado atrás los asesinatos del Baztán. Pero una serie de suicidios con un punto en común la lleva de nuevo a Elizondo, su pueblo natal, donde se tendrá que enfrontar a una investigación vertiginosa relacionada con su propia familia.

Durante su presentación en el Festival de Sitges, pudimos hablar con el director de la Trilogía, Fernando González Molina (Palmeras en la nieve) y con la protagonista, Marta Etura.

PREGUNTA: Uno de los grandes aciertos de la película es su cásting. Fernando, ¿cómo te planteaste esta fase? ¿Tenías ya candidatos en mente?

FERNANDO: Yo siempre trabajo con Eva Leire y con Yolanda Serrano y solemos hacer mucho cásting, cada vez más. Y es que, aunque es más duro para los actores, a mí me ayuda a ver la película que estoy haciendo. Buscando a los personajes aprendo qué es lo que necesito y lo que no. Además, últimamente estoy obsesionado con poner actores inesperados en los personajes y no ir a lo obvio. Intentar cosas distintas te obliga a probar.

En el caso del proceso de cásting de la trilogía, que ya empezó con El guardián invisible, comenzamos buscando a Amaia Salazar, que es el tronco de todo. Después de tener a Marta Etura buscamos a Jonan (Carlos Librado “Nene”), que es su compañero, y a su familia: sus dos hermanas (Elvira Mínguez y Arlette Torres) y su tía (Itziar Aizpuru). Y a partir de ahí fuimos construyendo en círculos el reparto de la peli. Sobretodo, hemos buscado mucho tener actores del norte, para dotar la película de identidad y verosimilitud. Así que estuvimos haciendo cientos de cástings en el norte durante meses. Esa fue la última fase de elección de reparto.

Yo disfruto haciendo cásting también porque me los planteo como una especie de ensayo sobre trabajo. Normalmente, cuando tú haces un cásting con Marta Etura, no lo haces para ver si es es buena o mala actriz. Es un cásting para trabajar el personaje, para ver si encontramos los mimbres de lo que hay. Eso también te ayuda mucho como director.

P: Y después de hacer este trabajo, Marta, ¿dónde empieza la inspectora Salazar y dónde acabas tú?

MARTA: (ríe) Hay mucho de la inspectora dentro de mí. Pero eso pasa siempre. Partiendo de que yo le pongo mi cuerpo, le pongo mi mirada, mi voz. Y evidentemente hay mucho de mí en el personaje, pero somos personas distintas. Yo creo que nuestra personalidad está formada por nuestras circunstancias pasadas, por tus afectos pasados, por dónde has crecido, por quienes son tus padres, cómo te han querido, cómo les has querido tú a ellos, … Y todo eso es nuevo para mí cuando descubro un personaje. Esta mujer es del norte – que yo también lo soy, con lo cual ahí también tenemos mucho parecido – pero su pasado no tiene nada que ver con mi pasado. Pero al final te preguntas ¿qué puedo aportar yo a este personaje? ¿Qué cosas en común tenemos? Creo que en este caso es esa fortaleza dentro de la vulnerabilidad, esa dualidad que tiene Amaia.

Y luego, evidentemente, a lo largo de tu vida tienes vivencias que si no son iguales, son muy parecidas, a las que te agarras y que te sirven. Evidentemente, el dolor es tu dolor. Porque a mí, trabajar con cosas que no son tuyas no me sirve, yo no funciono así. Entonces, pones muchas cosas tuyas al servicio del personaje. Pero Amaia es Amaia y Marta es Marta. Son dos vidas distintas y son dos maneras de actuar distintas. Yo haría muchas cosas igual que Amaia y otras muchas las haría distintas.

F: Normalmente, el proceso es casi el contrario, ¿no? Cuando trabajas con alguien que se entrelaza tanto con el personaje, a veces no sabes cuándo estás hablando con el personaje o con la actriz. Yo sí que noté que en la primera peli nos conocimos mucho. En la primera película igual intentamos imitar y construir el personaje calcado al de la novela y el guión. En esta había cosas de Marta que a mí me gustaban mucho e intenté colocarlas en el personaje. Al conocerla más yo ya sabía qué cosas usar. Cosas tan tontas como una manera de sonreír o de reír, una manera de mirar a tu hijo, … No tienen que ver con el drama del personaje pero sí con darle colores. Por ejemplo, algo tan mágico como la maternidad, el hecho de que el personaje no pueda tener hijos y al final de la primera película sea madre. Y justo entre las dos películas Marta se convierte en madre y cuando vuelve a ensayar la segunda tiene que dejar a su bebé para venir a trabajar. Claro, eso es oro. Y la película lo respira, porque lo estábamos viviendo.

M: Además, yo creo que todo el mundo pone mucho de ellos mismos en su trabajo, sea cual sea su profesión. Yo, por ejemplo, cuando agarraba al bebé y lo tenía que oler, no es mi bebé, estaba actuando. Pero hay algo humano que es lo que nos conecta a todos y que además va a generar la conexión con el espectador, la empatía. Entonces, tienes que abrazar un bebé que no es tuyo, pero lo haces como lo harías si lo fuera. Es lo mismo que cuando tu personaje se enamora. No te estás enamorando del otro actor pero usas tu enamoramiento. Yo me acuerdo la primera vez que actué, que hice de Julieta. Yo no era Julieta pero sí que usé la primera vez que me enamoré. Porque tienes que buscar vínculos entre la realidad y la ficción. Para conectarte a ti y para que tú puedas conectar con el espectador.

P: ¿Cómo habéis llevado hacer una segunda parte? ¿Había más presión después del éxito de la primera?

M: Yo creo que todo lo contrario. Buscábamos mejorarla en todos los sentidos.

F: Yo en la primera película no había hecho nunca un thriller y estaba muy obsesionado con la sequedad, con los códigos del género, con que fuera un thriller perfecto, del norte. Que también le vino bien a la historia, pero es verdad que ahora, cuando el personaje se ha convertido en madre y se ha liberado de ciertos traumas – aunque luego vienen otros mucho peores – me sentí mucho más libre de usar lo que a mí me gusta más y trabajar lo que a mí se me da mejor, que es la emoción. En la primera me sentía quizás más encorsetado. Y eso, paradojicamente también funciona con la peli, porque el personaje también evoluciona de manera natural hacia ahí. No es forzado. Amaia se siente más libre hacia el mundo y el dire que la estaba dirigiendo también. Eso me hacía sentir cómodo.

M: Sí. Y hay una similitud, porque en la primera, el personaje de Amaia deseaba ser madre y no lo conseguía y eso la tenía también encorsetada. Y de repente, en la segunda parte es madre y ha conseguido lo que más deseaba en el mundo, que era poder entregarle un amor incondicional a su hijo. Es su deseo y lo que ella no tuvo. Y eso también la hace más libre.

F: Un poco justicia cósmica, sí. De darle al mundo lo que a ella le han quitado.

P: Tuvisteis mucho trabajo previo para hacer la segunda y la tercera película a la vez. ¿Cómo se lleva eso?

M: A mí me parece un trabajo titánico. Y eso que yo tenía mi personaje. Pero es que Fernando tenía mil personajes y todas las capas de lo que supone hacer una película. Éramos muy conscientes de que al no rodarse cronológicamente teníamos que tener el recorrido de la historia, el lugar donde estaba Amaia y todos los demás personajes muy presente. Y no sólo eso, sino ser muy conscientes de todas las emociones que iba llevando la historia y los personajes para que tuvieran colores distintos. No abusar de algo en concreto y hacer que el viaje que iba a hacer el espectador fuera lo más auténtico posible.

F: Yo no lo he sido nunca, pero imagino que esto debe ser un poco como ser un deportista de élite: concentración, concentración, concentración. Era llegar al set, rodar, comer algo, descansar, levantarme muy temprano, preparar, viajar, rodar, … Y así durante meses. Pese a que en un rodaje hay bastante dispersión, yo debía estar todo el tiempo concentrado, sobretodo en el personaje de Marta. La verdad es que ayudaba mucho que ella estuviera también muy concentrada en lo suyo. Me parece que la historia lo merecía.

P: Fernando, tú tienes una carrera muy ámplia a tus espaldas y has dirigido – diriges –  tanto televisión como cine. ¿Ves muchas diferencias entre una cosa y la otra?

F: Son momentos muy distintos y es algo que ha cambiado mucho en los últimos años. No era lo mismo, evidentemente, cuando hice ‘Los hombres de Paco’ que ahora que estoy rodando una serie para Movistar. Básicamente la diferencia principal es de tiempo. Yo en una serie tengo que rodar en 13 días lo que en una película rodaba en 27. El contenido también tiene que estar diseñado y formateado para que tú puedas rodar en ese tiempo y con la calidad necesaria que exije la televisión ahora. Más allá de eso, las historias son las mismas y los actores son los mismos. Los complejos se han quitado. Ahora todos los directores de cine están haciendo televisión, los directores de televisión nos pusimos a hacer cine y a los actores les da igual una cosa que la otra. Yo me acuerdo que hace años, tú llamabas a un actor para hacer televisión – también es verdad que los proyectos eran distintos – e igual no querían hacerlo. Ahora les da exactamente igual, ¿no?

M: Sí, porque ahora las cosas han cambiado mucho. Ahora lo que importa es la historia porque el formato da igual. Antes no. Yo empecé hace 20 años y entonces hacer cine era estar arriba y hacer tele… Que si la podías evitar, la evitabas. (ríen) Pero porque era otro tipo de televisión.

F: Además, yo creo que ahora con las plataformas de streaming, todo ha cambiado. Es verdad que yo soy un nostálgico y quiero creer que películas va a haber siempre y que las pantallas de cine no morirán. Es más, yo creo que al final el dibujo será que las plataformas acabarán poniendo cines y acabarán haciendo proyecciones en sala. A parte de eso, algunos de los mejores directores que conozco, del mundo y también en España, están haciendo ahora televisión. Con lo cual yo creo que ahora mismo es donde están las mejores historias.

M: Sí que es verdad que lo que te sucede en una sala de cine no lo puedes reproducir en una pantalla en casa. Claro, es muy guay llegar y poner lo que tú quieras. Pero la magia que sucede en un cuarto oscuro con una pantalla gigante no la tienes en tu casa, por mucha comodidad que te aporte. Espero que nunca desaparezca y creo que todos tenemos que hacer para que no desaparezca.

P: Fernando, ¿qué supone para un navarro como tú poderse hacer cargo de la obra literaria de Dolores Redondo? Marta, ¿tú tomaste alguna referencia para preparar este papel?

F: Bueno, yo no conocía las novelas al principio, ni tampoco a Dolores, hasta que las leí. Yo ya había adaptado unas cuantas novelas antes, algunas de mucho éxito, y siempre me han interesado las historias más allá del fenómeno. Es verdad que después la cosa fue creciendo y creciendo y claro, no quieres decepcionar a los lectores. Pero vivo la experiencia de las películas de manera absolutamente autónoma. Como navarro, más que adaptar las novelas de Dolores, me siento orgulloso de hacer una película que sucede en Navarra, en Pamplona, que las muestra a ellas y a su gente y las enseña al mundo. Para mí fue muy emocionante rodar la primera película en Elizondo, pero aún más emocionante fue rodar en Pamplona la segunda y la tercera. Porque realmente tomamos el centro. Son los lugares en los que yo vivo, donde yo paseo, donde tomo cañas, donde viven mis padres.

M: Claro y que ser director de cine y encontrarte rodando tu película en tu ciudad… Eso es maravilloso.

F: Y además, Dolores apoya mucho a las películas, nos lo ha puesto muy fácil y lo agradezco mucho.

M: Sobre mi preparación, la verdad es que yo me centro mucho en el guión y no leí las novelas hasta después porque no quise. En una novela hay muchísima información y el cine es otro lenguaje en el que tienes que coger la esencia y comprimir. Yo quise concentrarme en el guión porque me debo a él y a mi director. Y me centré en un personaje que estaba muy bien escrito, que era muy rico, que tenía unas disecciones exquisitas por parte de Fernando. Y no necesité más.

P: ¿Qué creeis que aporta la Trilogía al panorama de cine de género español actual?

M: Bueno, primero yo creo que es la primera trilogía que se hace en este país, ¿no?

F: No sé si es la primera pero de los últimos años seguro que sí. De adaptación literaria, al menos, sí. Me parece un poco impostado decir que va a aportar cosas que no se han visto antes. Te puedo decir que va a aportar una buena historia, que creo que es emocionante, que creo que a nivel de espectador yo disfrutaría mucho de seguir durante tres películas la evolución de los personajes hasta llegar a un clímax. Que es honesta con su planteamiento y que busca que el espectador haga un viaje con Amaia y que disfrute de la película.

M: Yo creo que es para lo que trabajamos nosotros. A nosotros nos gusta contar historias y nos gusta remover sentimientos y tripas. Y creo que esta película lo consigue del todo. Sentarte en una butaca y que te cuenten una historia que te conmueve, que te remueve, que te hace reflexionar y a las dos horas salir y que tu cuerpo y tu mente hayan cambiado me parece magia. Y cuando yo, como actriz, veo que un espectador sale de la sala conmovido y movido por la historia que hemos contado, me parece maravilloso. Buscamos eso: conmover y remover conciencias.

Legado en los huesos está en cartelera española a partir del 5 de diciembre.

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