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Crítica – ‘El guardián invisible’

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El guardián invisible

Año: 2017

Duración: 129 min.

País: España

Director: Fernando González Molina

Guion: Luiso Berdejo (Novela: Dolores Redondo)

Música: Fernando Velázquez

Fotografía: Flavio Martínez Labiano

Reparto: Marta Etura, Elvira Mínguez, Francesc Orella, Itziar Aizpuru, Carlos Librado, Miquel Fernández, Susi Sánchez, Pedro Casablanc, Colin McFarlane, Benn Northover, Paco Tous, Manolo Solo, Ramón Barea, Patricia López, Quique Gago, Mikel Losada, Miguel Herrán, Richard Sahagún, Javier Botet

Productora: Nostromo Pictures / Atresmedia Cine / ZDF / arte

Género: Thriller | Crimen

Hace ya cuatro años, Dolores Redondo conquistaba a lectores y crítica con El guardián invisible, novela que abriría el camino a la Trilogía del Baztán. Casi un lustro después, la ahora ganadora del Premio Planeta ve en pantalla aquel valle escondido en Navarra, que se acerca a muchos de la mano de Fernando González Molina (Palmeras en la nieve).

Uno de los primeros problemas al enfrentar la cinta protagonizada por Marta Etura es, precisamente, aquel éxito del que gozó –y aún conserva- el tríptico literario de Redondo. Lo justo, como siempre en estos casos, sería acercarse a los dos productos de forma autónoma, en lugar de caer en esa comparación novela-pantalla que tantas decepciones trae al espectador familiarizado con la historia.

Dicho esto y con las distancias marcadas, la primera cinta de El guardián invisible consigue su objetivo: acercarse al noir de forma correcta, en un reflejo a la española de la intriga bien conducida. Aunque no iguala el nivel de obras como Magical Girl, que han afianzado el género en nuestro país, sí consigue enganchar y ascender de forma progresiva, con algún tropiezo salvable en su ritmo.

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El punto fuerte que El guardián invisible juega en pantalla es la elección de Etura en la piel de Amaia Salazar. La joven actriz se funde con la personalidad protagonista con una naturalidad pasmosa y sabe trasladar la melancolía, la fortaleza y las contradicciones de la agente a la pantalla. Si hay algo que objetar al hecho es que la cinta coloca a Salazar, casi como si de un peón se tratase, en un sinfín de localizaciones elegidas solo como escenario, sin peso en la trama y destinadas a (suponemos) mostrar las increíbles localizaciones de la zona, impecables gracias a la cuidada fotografía del largometraje.

González Molina toma el relevo a Redondo también a la hora de reflejar la mitología vasca; lo hace, no obstante, en forma de incursiones, a veces forzadas y colocadas como parches en una trama que discurre paralela. Tampoco hilan al cien por cien los episodios en el pasado de la protagonista, aunque sí logran crear sensaciones de ahogo y empatía crecientes a pesar de su irregularidad; consiguen, al fin y al cabo, trasladar esa montaña de oscuridad que la autora situó en su día en algún punto del norte.

Lo mejor: La actuación de Marta Etura, que endurece sus facciones y se convierte en esa Salazar que muchos imaginaron.
Lo peor: El ritmo, a veces irregular y entorpecido por secuencias injustificadas, flashbacks bruscos y narraciones algo forzadas.
Nota: 6,5 / 10

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