Lucas Parra es un director y guionista nacido en Barcelona en 1998. Desde pequeño mostró interés por el cine, su trabajo se caracteriza por explorar historias personales y realidades humanas. Su último cortometraje «Ser un hombre», está inspirado en una experiencia de su propia infancia. La historia sigue a Miguelito, un niño de siete años de Barcelona que viaja al pueblo de su padre, en Jaén, y vive su primera experiencia en una cacería. A través de la relación entre el niño, su padre y su abuelo, la película reflexiona sobre cómo se construye la masculinidad, la influencia familiar y la pérdida de la inocencia. En lugar de ofrecer un mensaje cerrado, Parra busca que el público reflexione y dialogue sobre lo que significa ser hombre.
PREGUNTA: Me gustaría preguntarte cuándo te preguntaste tú qué es ser un hombre, o sea, de dónde viene esta historia.
Lucas Parra: Esta historia viene de mi infancia, está basada en mi infancia. Yo soy Miguelito, mi padre es Miguel, mi madre es Silvia y son todos los personajes que salen en el corto. Mi abuelo es el abuelo Luis del corto. Entonces, parte de la primera vez que me llevaron a cazar, cuando yo tenía siete años, y para mí eso fue una experiencia que me marcó mucho. Cuando volví, yo era un niño de ciudad, de Barcelona, y fui a un pueblo de Jaén. Allí había un ambiente totalmente distinto. Fue la primera vez que estuve en un ambiente puramente masculino, ese entorno de la caza me impactó mucho por todas las cosas que viví. Me empapó mucho y siempre he querido retratar esa historia de mi infancia.
P: ¿Crees que aprendemos a ser hombres por nuestra cuenta o que heredamos esa masculinidad sin darnos cuenta de las personas que están a nuestro alrededor?
LP: Sin duda, creo que lo heredamos. Como niños, somos como esponjas y estamos todo el rato fijándonos en qué hacen los adultos para ir aprendiendo cómo comportarnos. Y, claro, depende mucho del entorno que tengas. Puedes creer que ser un hombre es una cosa o que ser un hombre es otra, y puedes tener más libertades o menos libertades como hombre.
P: En este cortometraje, que al fin y al cabo cuenta una historia de padre e hijo, pero ambientada principalmente desde la perspectiva de Miguelito, como tú dices, ¿qué te interesaba más contar? ¿Lo que el padre enseña al niño o lo que el hijo descubre de su padre?
LP: Claro, es una situación en la que, en realidad, están intentando hacer las cosas con buenas intenciones detrás. El abuelo lleva al niño, que viene de la ciudad y puede ser más blando y tal, al campo para que sea más duro y no se metan con él en el colegio. El padre está en una situación incómoda porque no está seguro de llevar al niño y, a la vez, sucede lo que sucede y quiere protegerlo. Entonces, van tomando malas decisiones o decisiones dudosas por el bien del niño, en teoría, pero poco a poco el niño va aprendiendo cosas que tal vez es demasiado pronto para que aprenda. Yo lo veía de esta manera.
P: Me da mucha curiosidad. Por supuesto, esto va de Miguelito, de su padre y demás, pero hay un personaje que es el dueño del perro Chacal. ¿qué simboliza para ti ese perro, tanto para Miguelito como para su padre?
LP: El perro es Miguelito, es la inocencia de Miguelito. Entonces, esa es la muerte de la inocencia, el momento en que para Miguelito todo va a cambiar. A partir de ahí, va a ver las cosas de otra manera.
P: Claro, te entiendo. Y ya para finalizar, ¿qué quieres que el público se lleve? ¿Qué mensaje o sentimiento quieres que tenga cuando vea el cortometraje?
LP: Yo lo que quiero es que reflexionen. No tengo un mensaje machacón que dar. Lo que quiero es que las personas que ven el corto después se hagan preguntas que den pie al diálogo, que opinen sobre esta experiencia. Nosotros intentamos tener una representación lo más realista posible de cómo fue esa infancia y de unos hechos que son así. Puedes hablar con cualquier cazador que te dirá que así fue su infancia y, a partir de ahí, que el espectador decida.



