Gerard Fillmore (Zaragoza, 1986) lleva más de dos décadas construyendo una trayectoria marcada por la versatilidad y la voluntad de explorar el audiovisual desde diferentes frentes. Actor, guionista y director, el intérprete aragonés, de ascendencia británica y estadounidense, ha desarrollado buena parte de su carrera entre España y EE.UU., donde reside desde hace más de una década y desde donde continúa impulsando sus propios proyectos.
Aunque el gran público lo ha podido ver recientemente en Muertos S.L., una de las comedias españolas más populares de los últimos años, su carrera va mucho más allá de la interpretación. Fillmore ha compaginado el trabajo como actor con la escritura y la dirección, participando en proyectos como Gym Tony, Pequeñas coincidencias o Reyes de la noche, mientras continúa desarrollando historias propias y explorando nuevos géneros.
Entre sus últimos trabajos se encuentra Amor en toda la cara, la versión en español de un proyecto que también ha rodado en inglés y que ha comenzado un recorrido por varios festivales internacionales tras su estreno por todo lo grande en Los Ángeles. Una película que resume buena parte de las inquietudes de un creador acostumbrado a moverse entre países, idiomas y disciplinas. Con él hablamos sobre su trayectoria, su relación con la comedia y los proyectos que le gustaría afrontar en los próximos años.
PREGUNTA: ¿Cómo nació tu interés por el mundo de la interpretación? ¿Cuándo decidiste que querías dedicarte profesionalmente al audiovisual?
GERARD FILLMORE: Pues fíjate que, ya desde pequeñito, escribía antes de leer. Quiero decir, a ver, que me gustaba inventarme historias antes de que realmente pudiera leer y supiera escribir, y pedía a otros que escribieran por mí.
En mi casa siempre me han fascinado las historias, me ha fascinado el cine, me ha fascinado la televisión también. Me ha encantado esa especie de locura de intentar darle un poco de orden al mundo, que no tiene ningún sentido y parece que solo tiene sentido en la pantalla muchas veces. Y yo creo que eso siempre me ha llamado. Y esa cosa bigger than life, como dicen los americanos, que tiene también el cine.
Y realmente, ya de adolescente, yo hacía cortometrajes. Bueno, primero con amigos y luego lo tomé un poco más en serio. Y realmente, a partir de los 14 años, empecé a hacer ya cortos con los que empecé a competir en festivales. Pues eso, en VHS-C, en Super VHS, en MiniDV… Sí, soy así de mayor. Y, bueno, a los 14 y 15 estudiaba teatro, pero a los 16 me entré a estudiar en la Escuela de Teatro de Zaragoza, que es de donde soy yo originalmente.

P: Empezaste como actor, pero con el tiempo has desarrollado también una carrera como guionista y director. ¿En qué momento sentiste la necesidad de ampliar tu faceta creativa? ¿Crees que esto ha cambiado la forma en la que, como intérprete, afrontas un rodaje?
GF: Realmente yo empecé escribiendo y dirigiendo, y actuar era algo que me gustaba. Después, realmente estudié Arte Dramático porque donde vivía era lo más accesible. Y entonces ya comenzó también un amor por el teatro y también me gustaba mucho. Era muy amante del sketch, de los Monty Python, y con una compañía que tenía fui combinando, por épocas, las distintas facetas.
El actuar tiene una cosa muy adictiva también. Entonces, realmente, yo creo que comencé más a actuar. Luego también empecé a escribir para tele. Pero digamos que lo que he estado haciendo los últimos años, desarrollar mis propios proyectos, es lo que yo realmente comencé haciendo, que era lo que me surgía más natural: levantar proyectos en distintas formas.
Ahora, por ejemplo, estamos con una película de terror en la que produzco, la coescribí junto al director y actúo. Entonces, la verdad es que yo me lo paso muy bien en distintas facetas.
P: ¿Cómo ha cambiado la forma en la que afrontas un rodaje, ya sea delante o detrás de las cámaras?
GF: La preparación. Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Aunque cuanto más sabes de un tema más te das cuenta de que no sabes. Es verdad que ahora tengo un nivel de preparación mayor, especialmente cuando dirijo o produzco, y pido un nivel de preparación muchísimo mayor del que hubiera imaginado, a lo mejor, hace veinte años. Y es porque sabes que, evidentemente, en un rodaje, y sobre todo en un rodaje en el que el dinero es una limitación —que siempre lo es, que hasta en las grandes películas el dinero es una limitación—, quieres tenerlo todo súper preparado.
Y además, sobre todo si, como es mi caso, estás cumpliendo varias facetas a la vez en rodaje, no puedes desdoblarte. Si estás dirigiendo y actuando, actuando y produciendo, necesitarías el doble de tiempo para poder ejercer la faceta como dos personas distintas. Y la preparación y el ensayo te ayudan muchas veces a poder dar ese punto extra.

P: Buena parte de tu trayectoria está vinculada a la comedia. Has trabajado en proyectos muy diferentes, desde Gym Tony hasta Historias lamentables, Reyes de la noche o Muertos S.L.. ¿Qué tiene que tener una historia para que te llame la atención y te resulte realmente divertida?
GF: A ver, claro, pueden ser muchas cosas distintas. Quiero decir, a veces a un proyecto puedes darle el sí sin más, simplemente por la persona que está detrás. Porque admiras al director o al escritor o a alguien que está detrás y dices: «Quiero trabajar con esta persona». Y ya todo eso me es suficiente. Pero a mí me gusta como actor, pero también cuando escribo, que las historias sean culturalmente relevantes.
Yo no soy una persona religiosa, pero sí que hay un punto para mí muy claro de religión en el cine, que es que, igual que para el que es católico o cristiano le da sentido la Biblia, para mí me dan sentido muchas veces las películas en la manera de dar un poco de orden a nuestra vida. Y a veces pueden ser historias universales que atraviesan el tiempo y el espacio, y son relevantes para el momento en el que vivimos. Reconozco que son las historias que más me llaman la atención, que digan algo sobre el momento en el que vivimos.
Es muy curioso porque, por ejemplo, en el caso de Muertos S.L., hay una cosa universal, pero también muy cultural, propia de las culturas hispanas y las culturas mediterráneas, que es el tema de la muerte. Claro, la historia es increíblemente relevante y nos toca a todos. Y además es fascinante cómo tanta gente nos escribe para decir: «Vi la serie en un momento malo porque falleció un ser querido y me ayudó».
Y hay otras, por ejemplo, como el caso de Reyes de la noche, que están hablando precisamente de algo que ha ocurrido diez años atrás, pero que también está haciendo una radiografía muy clara de cómo funciona nuestra cultura, o cómo funcionaba, y los cambios que ha habido desde entonces. Entonces, puede haber distintos aspectos, pero ya digo que yo creo que el que más me llama la atención muchas veces es hablar sobre algo que está sucediendo.

P: ¿Qué trabajo ha supuesto un antes y un después en tu carrera? ¿Hay algún personaje de los que has interpretado con el que hayas sentido una conexión especialmente fuerte?
GF: Pues si te digo la verdad, no sabría decirlo en concreto, porque cada proyecto me ha cambiado de alguna manera. Desde, honestamente, el primer o el segundo corto que hice con 15 o 16 años, hasta la compañía de teatro en la que tuve durante muchos años. Luego, en televisión, pues claro, Gym Tony, por ejemplo, supuso un cambio a la hora no solo de estar todos los días en televisión y ver la trascendencia que tenía eso, sino también a la hora de escribir, porque es una serie en la que estuve trabajando, durante cinco temporadas. Aún viviendo aquí en Los Ángeles.
Y seguí luego con Javier Peña en Pequeñas coincidencias. Reyes de la noche es un proyecto que me encantaba. Muertos S.L.… ¿Qué decir? Muertos es el proyecto del que no me quiero ir nunca, por muchas razones. Evidentemente, por la calidad del proyecto y por la trascendencia que tiene. Por el talento y la carrera que tienen Laura y Alberto Caballero. Ese nivel que han tienen y ese trabajar la comedia como si fueran realmente artesanos, para mí es una maravilla. Y también ha sido un cambio, evidentemente, a muchos niveles, porque es una serie muy conocida.
Y luego mis proyectos personales, que también me han cambiado. Me han cambiado mucho. Hace poco, por ejemplo, con la película Face Love, con la que ganamos un premio aquí en Hollywood. Pues claro, eso evidentemente es un subidón. O cuando presentamos Amor en toda la cara en la Universidad de Harvard; pues eso también es otro subidón.
Entonces, realmente, me es muy difícil escoger un proyecto en concreto y decir que solo un proyecto ha supuesto un cambio notablemente mayor que el resto. Creo que, si me pones una pistola en la cabeza, a lo mejor te digo Muertos, por elegir el más reciente y el último y el que disfruto tanto, porque ya te digo, por muchas razones, pero especialmente por la calidad humana de la gente que trabaja en él.
Y, por ejemplo, en ese sentido, Muertos S.L. sí que es un proyecto con el que yo hubiera soñado cuando comencé a dedicarme a esto: por la calidad de la comedia, por la calidad de los creadores que hay detrás y del equipo, y también por la acogida del público.

P: ¿De dónde surgió la idea de Amor en toda la cara y qué querías contar con esta película?
GF: Amor en toda la cara parte de un cortometraje que hice en el año de la pandemia, en 2020, que se llamaba Hope for Applause. Es un cortometraje que surgió cuando estábamos confinados. Fui a trabajar a España y estaba justo escribiendo Pequeñas coincidencias cuando me quedé confinado y me llamó una actriz amiga mía desde aquí, de Los Ángeles, para que escribiera una escena para un casting.
Y le dije: «Mira, no puedo. Pero si quieres podemos hacer algo por videollamada.» Lo hicimos y, al final, se convirtió en este cortometraje que nos dio muchas alegrías. Estuvo en 100 festivales, ganó 27 premios y la productora LyO Media, por la que yo ya estaba trabajando en otro proyecto, me propuso hacer un largometraje.
Y al principio no lo veía muy claro, pero, dándole vueltas, salió este proyecto, que es como una relación a distancia de un chico español que viaja de Los Ángeles a Madrid para renovar su visado y comienza el COVID, y se queda atrapado con su padre, que interpreta Tito Valverde. Su novia es mexicana y vive en Los Ángeles, y los padres de ella en Tijuana. Y cada uno se queda atrapado: la hermana del protagonista está en Londres, los amigos en Los Ángeles…Cada uno en una punta del mundo.
Él y ella discuten, rompen la relación y luego ella descubre que está embarazada. Digo, ya no hago spoilers, pero bueno, está en el tráiler: está embarazada. Y entonces él, claro, tiene nueve meses para intentar volver a Los Ángeles, cosa que era misión imposible durante la pandemia porque Estados Unidos cerró las fronteras.
Entonces esta película surgió a raíz del cortometraje, con un equipo maravilloso de actores, un reparto latino internacional, actores con los que trabajaba yo aquí en Los Ángeles, actores con los que había trabajado en España, como William Miller. Y surgió la oportunidad de hacer algo que me hacía mucha ilusión, que es que rodamos el proyecto dos veces: en inglés y en español. Y teníamos un reparto, como digo, que era bilingüe nativo, con gente de Argentina, de Puerto Rico, de México, de Perú, de Guinea Ecuatorial, de Japón, de Inglaterra, de Estados Unidos, de España…
La película española la estrenamos en Sky Showtime. Y la película inglesa la terminamos el año pasado —bueno, este año, realmente—, la estrenamos este año, hace dos meses, en el Teatro Chino, aquí en Hollywood. Y la verdad es que se recibió muy bien. Más no se puede pedir, realmente, en el estreno de una peli.
Y ahora estamos de gira por festivales. Vamos ahora al Festival de Cine Latino de Nueva York, está en el Festival de Cine de Catalina, estuvo en el de San Diego también y, la verdad, que súper contentos con la trayectoria que está teniendo, también con la acogida que ha tenido por el público, de la industria y también a nivel cultural y a nivel académico. En el Instituto Cervantes de Los Ángeles vieron la peli y les pareció también muy interesante a nivel lingüístico por el tema del bilingüismo y cómo se maneja. Y me nombraron artista residente que es un privilegio. Y comenzamos un tour por universidades, por ejemplo, la Universidad de Harvard y otras universidades, a presentar la película, y con una acogida, la verdad, maravillosa.

P: En la película asumes también distintas responsabilidades creativas. ¿Qué fue lo más complicado de estar delante y detrás de la cámara al mismo tiempo?
GF: Mira, la película está rodada como con falsas videollamadas. Pero, claro, realmente nunca se hizo en videollamada. La manera en la que funcionábamos es que, si por ejemplo esto hubiera sido una escena de la película, me concentraría n ti, en montar todo lo tuyo. Luego agarramos tus escenas, las montamos, y después se graba mi parte. Y digamos que es cuando más lo sufría: cuando tenía que actuar yo, dirigirme a mi mismo.
Habíamos hecho muchísimos ensayos. En esta película ensayamos hasta la saciedad porque, como además los actores no íbamos a estar juntos, era muy importante mantener esa frescura y mantener esa sensación de que fuera todo orgánico, y que las interacciones fueran como en la vida real. Entonces, para mantener eso hubo mucho ensayo.
P: Has desarrollado tu carrera entre España y Estados Unidos. ¿Qué diferencias encuentras entre trabajar en ambos mercados?
GF: Depende, depende del proyecto. Pero muchas veces también son los códigos, los códigos culturales. En España, que es un país más unicultural, por decirlo así, todos la misma cultura. Los mismos códigos de interacción y sabes más o menos por dónde va a salir cada uno, qué puedes y qué no puedes decir, los códigos para entenderse.
Estados Unidos, especialmente Los Ángeles, al ser una sociedad tan plural, en la que uno: «Yo soy judío» o «Yo soy coreano», «Yo soy masón», «Yo ateo», «Yo soy medio armenio»... Pues en los códigos de cómo interactuar con las personas, lo correcto, lo que no es correcto, eso es donde realmente yo, en un principio, noto más la diferencia.
No es agarrar un código, entender un código como es el de España y decir: «Vale, me guío por este código», sino que es cada persona individualmente. Cada persona es un mundo que no tiene nada que ver con el otro.
P: ¿Dónde te gustaría poner el foco durante los próximos años? ¿Qué sueño profesional te queda todavía por cumplir?
GF: Eh, mira, pues en dos vías. Por un lado, me gustaría seguir desarrollando proyectos propios: escribir, actuar, dirigir o producir en proyectos, siguiendo en comedia, pero también en otros géneros. Hace poco que estoy con una película de terror y también me encanta trabajar otros géneros.
Y luego me encantaría poder tener la posibilidad de trabajar en más proyectos como Muertos S.L.. Si no es en el propio Muertos S.L., que, resucite de entre los muertos y continúe, trabajar en proyectos, por supuesto, de esa calidad.
Tengo otra comedia que rodar aquí, en Los Ángeles. Y respecto a España, creo que voy a ir dentro de poco a rodar un piloto de otro proyecto. Y ya los astros dirán un poquito. Y cuando digo «los astros», me refiero a los ejecutivos de las plataformas.


