Título original: Día de caza
Año: 2026
Duración: 94 min
País: España
Dirección: Pedro Aguilera
Guion: Lola Mayo, Pedro Aguilera
Producción Ejecutiva: Anna Saura
Reparto: Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma, Zoe Arnao
Fotografía: Eva Díaz
Compañías: Gonita, Mondex Et Cie, RTVE, Movistar Plus+
Género: Drama, Comedia, Remake
El concepto “remake” está a pocas películas de considerarse un género cinematográfico en sí mismo. A partir de un tiempo más bien cercano tendrán que abrir una categoría en los premios Oscar a “mejor remake”. De hecho, aquí os suelto un dato bastante perturbador: En el año 2025, de las 20 películas más taquilleras del mundo, solo había una (1) (one) (only one) que partía de una idea original. Esa película es mi bebé “Sinners” (Ryan Coogler), que, ahora sí, me tocará defenderla hasta el día de mi muerte.
¿Pero para qué sirven los remakes? A mí me gusta diferenciar dos tipos: Por un lado, aquellos que deben servir a la rueda del consumismo y capitalismo más bestia, y por tanto lo único relevante es sacar rentabilidad económica. Los grandes estudios bien saben que malo conocido es mejor que bueno por conocer. Saben que la gente no va a gastar su tiempo en gente nueva, tramas nuevas, imágenes nuevas y todo lo nuevo que lo nuevo conlleva. O más que “lo nuevo”, lo desconocido. Digo remake, pero meto en el mismo saco al reebot, secuela, precuela, recuela, reedux, spin-off, revival, Spin-offensivo (esta última es broma). Como vemos, hoy en día conocer gente nueva nos resulta un esfuerzo.
Pero luego existen otro tipo de remakes. Los remakes que buscan proyectar una nueva visión del mundo. Aquellos que de alguna forma rearman un discurso. Porque la palabra remake significa “rehacer”: expresar algo de una forma que fue expresado de otra forma. Pero ese algo sigue siendo ese algo. Hay cosas que sucedían hace 50 años que siguen sucediendo y que nunca está de más recordar. ¿No? “Día de Caza” (2026) de Pedro Aguilera (Demonios tus ojos) es uno de esos remakes.
“Día de caza” es una adaptación de la burrada que es “La caza” (1966) de Carlos Saura. La premisa entre las dos películas es la misma: Un grupo de personas se van de caza a una zona despoblada con cierto pasado truculento. Y lo que podía parecer un día tranquilito cazando liebres bajo un sol arrollador, acaba por torcerse. La original (léase con acento americano) “La caza” diseccionaba a una sociedad que vivía bajo una dictadura que asfixiaba el libre pensamiento y el libre hacer. Una España que bajo el yugo de la censura tenía muchas cosas que decir y pocas que callar. Se reflexionaba entonces sobre unas relaciones entre hombres muy muy viriles que representaban una iconografía de nuestro país en aquel momento tan complejo. Pero los tiempos nunca son sencillos. Hoy en día no hay dictadura, Franco ha muerto y hay mucha gente que puede respirar “más tranquila” paseando por la calle.
Sin embargo.
Sin embargo existe otra gente muy nostálgica que aún piensa que lo que sucedía en 1966 era algo bueno. Existen jóvenes (y cada vez más) a los que nadie les explica que casi nada de lo que hacen hoy en día se podría hacer por aquel entonces. Y por eso es importante revivir “Día de caza”. Porque aunque tenga desniveles narrativos, interpretaciones tirando a flojas y una puesta en escena palera (con buenas intenciones, pero palera) es importante traer al “aquí y ahora” miedos que parecían estar enterrados.
El cine, como cualquier manifestación artística, tiene también la responsabilidad de preservar la memoria. Sin embargo, durante los años noventa, en pleno desarrollo de las guerras yugoslavas, el arte apenas dejó testimonio de uno de los conflictos más sangrientos de la historia reciente. Mientras tanto, la atención de los grandes estudios se desplazó hacia otros escenarios, especialmente la guerra entre Estados Unidos e Irak, dando lugar a relatos en los que los estadounidenses aparecían como los grandes salvadores. Y por tanto el islam y los musulmanes se convirtieron en los enemigos. Y es que reescribir la historia es, en el fondo, otra forma de borrarla, y a menudo resulta incluso más eficaz que el silencio.
Y toda historia que se olvida —o se manipula— corre el riesgo de repetirse. Recuperar hoy «La caza» responde precisamente a esa necesidad: la de recordar. En una España que parece derivar peligrosamente hacia un terreno de censura, polarización y miedo, volver la mirada a este tipo de películas no es solo un ejercicio de memoria, sino también un acto de resistencia cultural.
¿Quizás se podrían escribir más historias originales? Quizás…pero eso lo hablamos otro día.



