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Crítica- ‘La cueva de las mujeres’

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Título: La cueva de las mujeres

Año: 2018

País: España

Dirección: Armando Ravelo

Guion: Armando Ravelo

Reparto: Sigrid Ojel, Taoni Báez, Amanda Fuentes, Paula Garó, Romina Vives, Abían de la Cruz, Saray Castro, Alejandro Rod, Griselda Ponce, Alicia Carmona David…

Sonido: Rhoderick Calogero

Dirección de arte: Sari Santana

Montaje: Alejandro Millán

Música: Navid Hejazi

Maquillaje y peluquería: Lucía Montesdeoca y Davinia Rodríguez

Género: drama

 

El final del 2018 vino con el último regalo del cineasta Armando Ravelo al cine hecho en Canarias. Después de haber seguido el rodaje y pequeños detalles en redes sociales se estrenaba ‘La cueva de las mujeres’, un cortometraje que nos ubica en el año 1946, en Gran Canaria, y narra la historia de las mal llamadas “brujas” de Telde en el periodo de la posguerra.

Ravelo, a través de las localizaciones del barrio de San Francisco (Telde), mezcla la tradición y envuelve al espectador canario es un entorno familiar, llena de recovecos que se pueden reconocer como propios o similares a los de cualquier otro pueblo de las Islas. Una vez atrapados en las calles por donde nos llevará Sagrario (Sigrid Ojel), la protagonista, comienza esta bella y desgarradora historia. La magia que reside en ‘La Cueva de las mujeres’ nace de la capacidad de su director y guionista de tener muy presente que el concepto ‘bruja’ ya es muy potente y misterioso, para así poder potenciar la historia humana que hay detrás y que deja un sabor agridulce y brillo en la mirada.

De esta manera, se podría hablar de la obra en dos partes. Por un lado, las brujas, son presentadas mediante los personajes con rumores, susurros y un etalonaje nocturno donde, a través de una paleta de negros y azules, se evoca la magia y el temor de las viejas leyendas. Asimismo, cabe resaltar dentro del montaje, a cargo de Alejandro Millán, uno de los momentos más llamativos de la cinta, la secuencia del ritual, donde estos elementos cobran vida propia y la intensidad va aumentando para realzar el mando de Doña Brígida (Romina Vives), que se consolida como el personaje más épico de la ficción.

No obstante, ‘La Cueva de las mujeres’ nos regala también dos personajes clave vinculados a las brujas, Catalina (Paula Garó) y Elena (Amanda Fuentes). Garó durante la escena del ya mencionado ritual carga a sus espaldas con uno de los momentos más majestuosos del cortometraje artísticamente hablando, en la que, sin duda, resplandece la dirección de arte de Sari Santana. Catalina, al ser presentada como una sirvienta en casa de una mujer adinerada, durante la narrativa va adquiriendo poder, pasando de ser una pobre muchacha a una bruja. Dicha autoridad culmina en una mirada final, dura y fría, a su señora, Elena.

Fuentes, por su parte, es la encargada de prender la llama de la curiosidad del espectador, su monólogo da forma a la trama y abre una senda secundaria, la elegancia y sensualidad de su interpretación no solo dejan entrever el talento de la actriz palmera, sino que, desde mi punto de vista, conducen al único reproche de la ‘La Cueva de las mujeres’, la inquietud y ganas de ver cómo continúa la subtrama de Catalina, Elena y su pretendiente.

Por otro lado, Ravelo integra un tema social, que lamentablemente sigue siendo de primerísima actualidad en la sociedad del siglo XXI: la violencia de género. El vínculo de Sagrario con la brujería es poético, mientras que la relación con su marido muerde al espectador haciéndole experimentar mil sensaciones.

Elena (Amanda Fuentes)

Es aquí, donde la figura del marido, Miguel (Toni Báez) se desarrolla para ser el antagonista perfecto. En este sentido, el guion mantiene un ritmo muy estructurado y presenta diálogos como el de Elena y Catalina o el de Miguel y Sagrario, cuando este se entera de que su mujer se ausenta de casa por la noche, son pura interpretación por parte del reparto. Es bajo esa premisa de magistralidad y rigor a la hora de actuar con la que Sigrid Ojel conquista y defiende a su personaje; es tan dinámica su conexión con la cámara que apenas necesita diálogo para contar su historia y transmitir lo que siente, para ello, solo hay que observarla en la escena final de ‘La cueva de las mujeres’, en el que domina un plano secuencia soberbio.

En su conjunto, la última creación de Armando Ravelo ofrece todos los componentes del buen cine, la duración es ideal, aunque rompiendo con el esqueleto de la crítica confesaré que espero ver, en algún momento, una continuación o algo más sobre un asunto tan desconocido y apasionante en Canarias.

Lo mejor: la integración de los temas.

Lo peor: nada a resaltar.

Nota: 10.

 

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