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Akira Kurosawa y la adaptación literaria perfecta: ‘Trono de sangre’

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Fotograma de 'Trono de sangre'

En las siguientes semanas realizaré una serie de artículos sobre las adaptaciones literarias en el cine y distintas cuestiones formales que, bajo mi punto de vista, son necesarias a tener en cuenta para realizar y ver buenas adaptaciones. En el artículo de hoy hablaré (con spoilers) sobre la que, en mi opinión, es una de las mejores adaptaciones de la historia del cine: Trono de sangre de Akira Kurosawa, basada en Macbeth de William Shakespeare.

En Trono de sangre Akira Kurosawa tuvo el reto de llevar al cine una de las tragedias más arrolladoras de Shakespeare, y para llevar a cabo ese cometido empleó su profundo sentido de la estética épica en una dirección completamente trágica y funesta. Para ello se puede tomar de ejemplo la secuencia en la que el espíritu de una mujer anciana le dice su futuro al protagonista. Durante todo el trayecto que realizan los generales que hay en escena (y a los que el espíritu les revelará su futuro) Kurosawa los encierra y aplasta visualmente entre una maraña de lluvias torrenciales, árboles y ramas en primer plano (tantas que hay momentos en los que solo alcanzamos a ver una cabeza o unos pies), niebla y humo, logrando así que el espectador perciba lo mortal de los mensajes que están a punto de recibir. En esa misma secuencia hay una escena sutil y maravillosa, justo cuando acaban de hablar con el espíritu, en la que Kurosawa acompaña la mirada del protagonista con una ligera panorámica hacia al suelo para mostrar una montaña de cadáveres apilada durante siglos, haciendo que tanto los personajes como el espectador entiendan la tragedia que se cierne sobre ellos.

Fotograma de ‘Trono de sangre’

Más adelante en la película Kurosawa presenta magistralmente la relación entre el protagonista y su esposa (instigadora de la traición). A lo largo de una serie de conversaciones la esposa convence paulatinamente al protagonista para que traicione a su rey y tome él mismo el trono. Esto lo visualiza Kurosawa mediante una dialéctica de movimientos de cámara: cuando la esposa está sola en plano hablando la cámara se mantiene completamente rígida, transmitiendo lo metódico y frío de lo que explica la mujer, en cambio, cuando el protagonista toma la palabra la cámara lo sigue, se mueve con él y expresa lo impulsivo e inseguro que se muestra. En el  momento en el que el protagonista es convencido por la esposa para perpetrar la traición Kurosawa los muestra juntos en un mismo plano completamente quieto.

Fotograma de ‘Trono de sangre’

El clímax de la película está despojado de toda épica y, por el contrario, refleja a la perfección la angustia que siente el protagonista en sus últimos momentos de vida. Una vez que es acorralado en su fortaleza por su multitud de enemigos la música cesa y una lluvia de flechas se cierne sobre él, así acaba muriendo acribillado por los ejércitos del hijo del que una vez fue su amigo.

Trono de sangre es una de las obras maestras de uno de los directores más importantes de la historia del cine porque adapta a la perfección al medio cinematográfico una obra de tanta importancia como Macbeth. Y esto lo hizo Kurosawa porque comprendió perfectamente los temas de la obra de Shakespeare y los trasladó al lenguaje fílmico de forma ejemplar.

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