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‘Lolita’: La secuencia perfectamente medida

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En este artículo me gustaría expandir el concepto principal que se desprende del análisis de Trono de sangre que publiqué la semana pasada: el como para adaptar bien una obra literaria al lenguaje fílmico hay que encontrar el tema principal de la narración y cambiar la forma en el que es expresado (de lenguaje literario a lenguaje cinematográfico). Para ello vamos a hablar de una de las mejores secuencias de la que considero, por la imposibilidad del trabajo, una maravillosa adaptación fallida: Lolita de Stanley Kubrick, basada en Lolita de Vladimir Nabokov.

Fotograma de ‘Lolita’

La secuencia en cuestión es en la que el personaje de Humbert Humbert conoce a Lolita y se enamora profundamente de ella, algo que tanto en la novela como en la película ocurre cuando Humbert Humbert está visitando la que será su nueva casa. Después de que Charlotte Haze (la propietaria de la casa y la que será la futura esposa de Humbert Humbert) le enseñe toda la casa, ambos pasan a ver el jardín, donde está Lolita tomando el sol. Esta escena trata del lascivo deseo que inunda a Humbert Humbert cuando ve a una chica de las que él considera “nínfulas”, y que además le recuerda a su primer amor, (palabra de la que habla en las primeras páginas de la novela, donde describe con fervor ese sentimiento) y mientras esto Nabokov lo transmite mediante una apasionada descripción y referencia al primer amor del protagonista, Kubrick lo consigue de una forma más humorística y, tal vez, distante (como es propio de su estilo).

Para ver esto hay que analizar paso a paso la breve secuencia de la que se está hablando. Kubrick filma a Humbert Humbert y Charlotte Haze en un travelling de acompañamiento mientras empezamos a escuchar la música que tiene puesta Lolita en el jardín (una música irónicamente inocente e infantil), justo cuando Haze invita a Humbert a ver el jardín Kubrick corta a un plano general de Lolita y en off encima de este plano escuchamos a Haze decir “mis flores ganan premios por aquí, son la habladuría del barrio”, un diálogo que no aparece en la novela (donde todo es el diálogo interior apasionado de Humbert Humbert) que introduce Kubrick para ahondar en la ironía que quiere impregnar en la obra. En esto pasamos a un contracampo en el que vemos entrar a Haze diciendo “voilà” y justo en ese momento Kubrick corta a un primer plano de Humbert Humbert que nos permite entender el huracán de emociones que está sintiendo en el momento. A todo esto la ironía sigue en el monólogo de Haze que ahora enumera las flores “mis rosas amarillas… mi hija…”. Kubrick vuelve a cortar al plano general de Lolita con Haze acabando de convencer a Humbert Humbert en off  “te puedo ofrecer una casa confortable, un jardín soleado, una atmósfera conveniente, mis pasteles de cereza…”, corta de nuevo a un plano medio de ambos acabando de acordar los términos del alquiler y al final de la conversación Haze le pregunta a Humbert Humbert “¿cuál fue el factor decisivo, mi jardín?”, a lo que este responde “creo que fueron tus pasteles de cereza”. Y entonces entra el último plano de la secuencia, demoledor para el protagonista: un primer plano de Lolita sonriendo y mirando a Humbert Humbert, cristalizando en ese momento el futuro presidido por el deseo que a ambos les aguarda.

Último plano de la secuencia

Lolita de Stanley Kubrick es una adaptación fallida porque la novela de Vladimir Nabokov es una que centra toda su expresividad en el puro lenguaje literario y, por lo tanto, siempre que se traslade a otro medio dará la sensación de que algo se ha perdido por el camino. Lo que también se ha podido observar es que Kubrick entendió a la perfección el libro y busco la mejor forma para tratar de llegar a expresar algo parecido a lo que transmite la lectura de la novela, y esto lo hizo, como Kurosawa en Trono de sangre, entendiendo los temas y sucesos de la obra y trasladándolos al lenguaje fílmico. Tal vez por eso una de las cosas que más fuera de lugar quedan de la película son las lecturas en voz en off del diario de Humbert Humbert, que se antojan reiterativas.

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