Series que son un buen negocio (XCIV): ‘La muerte de Bunny Munro’ y su saga comercial

El calcinamiento del característico muelle de Brighton es una clara metáfora de la destrucción del propio personaje principal narrado en esta miniserie, La muerte de Bunny Munro. No es únicamente el definitivo cierre de ventas de este vendedor de baratijas cosméticas de maletín de muestrario y puerta fría. Es la consumición hasta las cenizas de una existencia tóxica y caótica. Un transeúnte de los peores vicios y extrañas obsesiones. En el trasfondo siempre, una vida repleta de relaciones familiares complejas.

Aunque la serie es una adaptación literaria de la novela del mismo título, y está concebida para desgranar el desvanecimiento de este peculiar personaje en su faceta psicológica y paternal, es en si mismo el prototipo de un estilo de vida y de un tipo de profesional que despierta cuanto menos curiosidad.

Al adentrarnos en los últimos y decadentes días de su existencia, comprenderemos que en esta historia psicótica de este errante, sin ningún rumbo profesional ni personal, hay un atormentado comercial. Un tipo de vendedor al que evitar parecerse, tanto en metodología como en resultados. No en vano, son muchos los demonios que le persiguen.

Nos centraremos más en el punto filmeconómico de la miniserie, que con su tono bucólico retrata una peculiar filosofía de ventas y expone cómo malentiende la profesión de comercial. Adquirida de forma práctica y por observación de otro claro ejemplo de persona en ruinas, su propio padre. Un curioso don o talento que van heredando los Munro al menos en dos generaciones. Bunny Munro es comercial por herencia vital, fruto del capital cultural que le ha impregnado la necesidad de aprobación que todo hijo, tras la admiración al menos en fase infantojuvenil, se experimenta respecto de la figura paterna. Por desgracia, el desafecto y el mal ejemplo causaron la gran mella que se observa en él. La cinematografía, está repleta de casos similares.

Lista de contactos, a ponerse en ruta y a vender lo que sea (Fotograma: SkyShowTime)

¿El vendedor nace o se hace? Un gran dilema sobre la profesión de comercial (o representante, o vendedor, o asesor, o gestor de cuentas, o como se le etiquete). ¿Cómo se desarrolla el noble arte de las ventas, por vocación o formación? Si hay claros ejemplos cinematográficos de buenos y malos vendedores, Bunny Munro sería claramente del segundo grupo.

Tanto Bunny como su progenitor, no parecen necesitar nada, sólo viven para aprovechar el momento. Son dos causas perdidas, lastrados por las relaciones familiares nocivas y sus personalidades autodestructivas, únicamente poniendo el foco en sus vicios, los timos y negocios cutres. Con ansiedades y traumas ocultos sosegados y acallados solamente a base de consumir impulsivamente drogas, tabaco, alcohol. Y su obsesión por las mujeres…

La única esperanza de la miniserie, son las dudas de Munro III. El hijo de Bunny, Junior, inicialmente desarrolla esa necesidad de agradar y reflejarse en el espejo de la figura paterna. Pero acompañar a su padre en ese último delirante viaje comercial, le hace vislumbrar que no parece muy buen plan vital. Lo de ser una piraña no va con él. Para qué continuar con la tradición familiar y convertirse en un desalmado. Afortunadamente para él, no tiene la vocación de sus antecesores, no proseguirá con la saga, o al menos no bajo esa impronta de comercial. Al final todos vendemos algo, en la forma que sea y bajo la categoría profesional que sea. Y ni siempre lo hacemos trabajando.

Presentación y cierre de ventas a lo Munro (Fotograma: SkyShowTime)

Con Bunny queda atrás el vendedor capaz de vender a domicilio, a puerta fría, con un inconfundible estilo de caradura y mujeriego. Resultando además menos simpático que aquellos vendedores de ventanas de White gold . Por lo grotesco de sus métodos de presentación del producto, sorteo de objeciones y el cierre… Pero atención, porque Bunny posee relativo éxito al haber identificado bien «su» perfil, «su» público objetivo: productos de cosmética enfocados a amas de casa o mujeres necesitadas de atención y adulación. Se cree capaz de «vender una bicicleta a una barracuda si fuera necesario», tiene incorporados unos resortes mentales para convencer o seducir, aun cuando sean métodos discutibles y vergonzosos.

En este viaje de autodestrucción definitiva por la costa británica con su hijo, le hace toda una exposición de sus particulares técnicas de ventas y conceptos teóricos. La cliente «no te comprará el producto, te comprará a ti». Autodefinido como uno de esos grandes tiburones que son depredadores implacables, que no puede ni debe parar, evitando así la asfixia. Hasta cierto punto, es comprensible esa ansiedad clara del comercial viajero que vaga constantemente, que invierte tiempo fuera de casa, buscando el logro de cerrar la próxima venta.

Su principal mantra es el de «sacudir el árbol del dinero», saquear y desvalijar a quien sea. En realidad, Bunny puede saber cómo vender cualquier cosa, pero lo enfoca erróneamente haciendo el crápula todo el día… Tiene claro que a sus clientes hay que venderles un sueño, ofrecerles esperanza, que piensen que tiene algo que necesitan. Además una cliente contenta es una cliente leal, aunque su motivación realmente es la de cumplir con la saciedad de su narcisismo.

No obstante, ni el fondo de comercio ni sus habilidades comerciales le pueden llevar a buen puerto. Vaya legado bochornoso de Munro a su hijo. Una ejecución grotesca, impropia de un buen profesional, es una desesperación absoluta este individuo. Lamentablemente, incapaz de ser un padre decente.

En definitiva, es una de esas historias dramáticas en las que vale la pena sumergirse para descubrir más sobre cómo afectan las relaciones familiares y otras particularidades psicológicas para entender el perfil del personaje. Un extraño mecanismo que forja a ciertos asesores comerciales, ávidos por el reto y las motivaciones de generar cierres de venta. Impulsados por el desenfreno y retroalimentados por otros hábitos nada saludables. Lastimosamente sin poder encontrar otra vía de escape a ese vacío existencial. Munro tenía sin duda ciertas capacidades para la venta, aleccionado por otro tiburón comercial. Pero careciendo de una vida estructurada ni una salud mental estable, estaba Bunny como para venderle ese estilo de vida a su propio hijo.