Inicio Entrevistas Rodrigo Cortés: “El verdadero amor siempre esconde una historia de sacrificio”

Rodrigo Cortés: “El verdadero amor siempre esconde una historia de sacrificio”

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El realizador Rodrigo Cortés posa junto al cartel de la decimoctava edición del Festival de Sevilla.

El director gallego no es un desconocido en el cine patrio. Su aportación no solo se limita a su labor detrás de las cámaras de una buena cantidad de obras con un sello y estilo propio marcado. Su voz es reconocible por todos los oyentes del podcast Todopoderosos, además de participar en otros programas y diarios escritos donde no se limita su tema de reflexión exclusivamente al cine, sino que demuestra su vasto conocimiento cultural.

Este año ya le hemos visto dirigir un capítulo en la revisión de Historias para no dormir, la clásica serie española dirigida por Chicho Ibañez. Ahora estrena su nuevo largometraje El amor en su lugar, donde nos muestra la importancia del arte -en concreto, el teatro- en un lugar y época tan dura como el ghetto de Varsovia en plena ocupación nazi. Esta se ha estrenado en salas comerciales el día 3 de diciembre.

Le entrevistamos en el Festival de Sevilla, donde fue la première de la película.

¿Por qué tanto secretismo alrededor de la película? Hasta hace nada no habíamos visto ni siquiera el poster. 

RODRIGO CORTÉS. Las cosas las conoces un día y el día anterior parecen secretas. Simplemente de las cosas se habla cuando se habla y, generalmente, soy poco amigo de hablar de los proyectos cuando lo son. Me gusta hablar de ellos cuando dejan de serlo, cuando existen. No es que lo hayamos tratado con secretismo, es que hemos rodado simplemente bajo el radar, sin anunciarlo. Además, creo poco en eso de vender las películas dos años antes y un año antes, y más en un mundo en el que la memoria dura 35 segundos exactos. Prefiero trabajar concentrado en el trabajo, sin miradas detrás del hombro y, en el momento de salir al mundo, pones toda la maquinaria en marcha y dices: “esta es la película y ojalá os guste”.

¿Cómo te llegó esta historia y decidiste adaptarla?

RC. La película está escrita junto con el novelista alemán David Shaffer. Él, en una de las investigaciones de uno de sus trabajos, descubrió la historia de esta obra que existió de verdad en el gueto, que se representó de verdad. Escribió un borrador con un grupo de personajes que representaban esa obra. Me interesó mucho como fuente para poder desarrollar un guion cinematográfico.

A partir de ahí me puse a escribir, que es el que finalmente rodamos. Es un guion completamente original, solo que como entramos y salimos constantemente de la obra de teatro, tenemos fragmentos de esta obra que sí que existió y que se representó en lo más crudo del invierno del 42, en el corazón del ghetto.

De hecho, me parece una historia bastante original, a pesar de tratar un tema tan recurrente en el cine como el nazismo.

RC. Sí. Es un fragmento de historia que yo no había escuchado jamás y que yo no he visto reflejado así en el cine. Esa es una de las cosas que más me atrajeron, porque tendemos a aplicarle al ghetto la imaginería del campo de concentración, pero no era así. Había una vida cultural muy poderosa, casi agónica, de gente que intentaba seguir haciendo lo que hacía antes. Músicos que tocaban en cafés. Recitales de poesía y teatro hecho en condiciones muy precarias, en condiciones paupérrimas, con un frío extremo, iluminados solo por lámparas de carburo.

Me parecía una forma de abordar la historia desde un ángulo único que, además, me permitía centrarme en eso tan especial que es el teatro, un arte que debe hacerse en cualquiera de las circunstancias. Tu padre se muere, pero actúas. Mañana ya llorarás. Te doblas un tobillo, pero hoy hay que hacer la función. Se va la luz, sacamos velas, pero hacemos la función. Y eso aquí tiene más poder que nunca, porque estamos en unas tinieblas inauditas, densísimas. Aun así, siempre hay una llama titilante tratando de llevar algo de luz.

La cultura como salvavidas en tiempos complicados. Una verdadera defensa de esta. ¿Hiciste la película pensando en la pandemia?

RC. No, no, no, en absoluto. Ni siquiera estoy muy interesado en subrayar los aspectos alegóricos de las historias. Me da la impresión de que, si te centras en la propia historia y lo haces con la mayor profundidad y honestidad posible, las alegorías resuenan por sí solas, sin necesidad de subrayarlo. La película no trata de reivindicar nada, pero cuando te centras en la historia emocionante de un grupo de actores que desean hacer algo a pesar de todo, eso en sí mismo resuena de formas muy poderosas en el espectador. Pero tengo la impresión de que, si tú te planteas todo esto con una tesis o como una reivindicación consciente, empiezas a filmar panfletos en lugar de historias.

Otra vez has hecho una película en casi una sola localización. Si es verdad que tiene la larga primera escena, pero la mayor parte se desarrolla solo en el teatro. ¿Por qué te gusta tanto utilizar una única localización, creando así un personaje más? 

RC. Cuando encierras a gente en un lugar, emerge inevitablemente todo de ellos, porque no hay a donde ir, no hay donde escapar y no hay donde esconderse. Es un gran disparador de emociones y de caracteres.

Efectivamente, aunque empezamos con un larguísimo plano secuencia de 13 minutos que recorre el gueto al completo, precisamente para que el espectador tenga una vivencia muy física de lo que rodea al teatro y lo que supone cuanto rodea al lugar en el que vamos a desarrollar toda la historia. Una vez entramos en el teatro, prácticamente todo sucede allí. Y en ese sentido hay más conexiones de lo que podría parecer con Buried (2010), aun siendo películas muy distintas. Las dos, evidentemente a diferente escala, confinan mucho la historia y, además, transcurren en tiempo real.

En el caso de El amor en su lugar asistimos a estos 94 minutos sin elipsis temporales ni saltos, lo cual nos obliga a entrar y salir de la obra constantemente, sin solución de continuidad. Y eso vale para nuestros actores, que tienen que representar una obra muy divertida, exuberante, luminosa, con bailes, con canciones llegando a la última fila y que en cuanto cae el telón o se meten entre bambalinas, cambian radicalmente su registro interpretativo sin corte y asistimos a esa parte más sudorosa y oscura de la verdad humana.

¿Cuál es el lugar del amor? 

RC. Buena pregunta. En el fondo es una pregunta que se hace constantemente en la película: ¿amar o ser amado? En fin, hay un personaje que dice algo muy lúcido que es: “tampoco es que podamos elegir”. Así que da igual cuál es el lugar del amor, porque tampoco es que lo puedas elegir. En todo caso, si algo se aprende en la película es que el verdadero amor, que no siempre es romántico, siempre esconde una historia de sacrificio.

Has trabajado durante tu carrera con actores que tienen grandes carreras como Robert de Niro, Sigourney Weaver, Uma Thurman. ¿Cómo es que para esta película has elegido a actores casi desconocidos?

RC. Era importante trabajar con actores desconocidos, en este caso, precisamente para conseguir ese extra de verosimilitud con una historia nueva. Pero jamás hablaría de talla porque hacían falta actores absolutamente extraordinarios, no sólo por la hondura de las emociones con los que tenían que trabajar, sino porque además tenían que bailar y cantar maravillosamente, porque además cantaban en directo. El sonido se ha registrado en directo, el de sus voces. No se ha trabajado con playback y eso lo pueden hacer muy pocos actores. Así que, aunque centralizamos el casting en Londres, se abrió a toda Europa.

Lo cierto es que he disfrutado mucho con todos los actores a los que he dirigido, tanto con los de El amor en su lugar como con los que has mencionado. He tenido la fortuna hasta ahora de solo trabajar con grandes actores, desde Leonardo Sbaraglia en mi primera película, Cillian Murphy, De Niro o Uma Thurman. En fin, tú los has mencionado. Los grandes actores, en general, te ponen las cosas más fáciles. Es como si eres guitarrista y te dan una guitarra mejor, tocas la misma cuerda y suena mejor.

¿Por qué se eligió el Festival de Sevilla para hacer la premiére de la película?

RC. Yo nunca decido hacer las première. Son decisiones de la distribuidora. Lo que sí que hemos decidido es comenzar la vida internacional de la película en España y eso aconsejaba presentarla aquí. El Festival de Sevilla, con ese espíritu poderoso que marca Cienfuegos desde hace mucho tiempo, ya con esa vena iconoclasta y siempre en búsqueda de cosas que tenían su labor previa en Gijón, parecía un hogar muy adecuado para lanzar una propuesta tan insensata a priori.

Has sacado un libro este año. Has estrenado también un episodio de Historias para no dormir. Participas en los podcasts de Todopoderosos y Aquí no hay dragones. Escribes en el ABC. ¿Cómo te da tiempo de hacer todo esto?

RC. (Risas) Renunciando a dormir, principalmente. Obviamente esto no sucede a la vez, aunque los lanzamientos hayan sucedido el mismo año. Esta película se rodó justo antes de la pandemia y se pos-produjo durante esta. La Historia para no dormir, el episodio de La broma, sí que se rodó durante la pandemia, con todo el mundo bien enmascarado. Y la novela se había escrito antes, aunque se revisó durante todo este tiempo. Es verdad que son muchas cosas a la vez y es verdad que no siempre es lo mejor para tu salud mental. Pero, en fin, es una opción, es una decisión y sería incapaz de renunciar a ninguna de estas cosas que has mencionado. Así que he tratado de echarme todo a la espalda de la mejor forma posible.

 

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Mis referentes morales son Joe Strummer, el Espartaco de Kirk Douglas y Susan Sarandon. Una vez vi a Willem Dafoe.

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