Título original: Le assaggiatrici
Año: 2025
Duración: 123 min
País: Italia
Dirección: Silvio Soldini
Guion: Doriana Leondeff, Silvio Soldini, Cristina Comencini, GiuliaCalenda, Ilaria Macchia, Lucio Ricca
Novela: Rosella Postorino
Reparto: Elisa Schlott, Max Riemelt, Alma Hasun, Emma Falck, Olga von Luckwald
Música: Mauro Pagani
Fotografía: Renato Berta
Compañías: Coproducción Italia-Bélgica-Suiza; Vision Distribution, Lumière & Co., Tarantula Suisse SA, Tellfilm.
Distribuidora: Vision Distribution
Género: Drama. Basado en hechos reales. II Guerra Mundial.
Crítica en Letterboxd
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Abordar la Alemania nazi en el cine actual es un reto mayúsculo. Es fácil caer en los clichés del género o en el drama predecible. Por eso resulta tan interesante la propuesta de Silvio Soldini en Las catadoras de Hitler. El director milanés toma como base la novela de Rosella Postorino, inspirada en la historia real de Margot Wölk, para alejarse de las grandes batallas y encerrarnos en una pequeña habitación rural. Su enfoque es tan original como perturbador: retratar el régimen de terror de Adolf Hitler no a través de sus generales, sino desde las mesas de madera donde un grupo de jóvenes se jugaba la vida a cucharadas.
La película funciona de maravilla como un thriller psicológico. Soldini transforma algo tan vital y placentero como la comida en una sutil ruleta rusa. Apoyado por una fotografía de tonos apagados y sombríos, cada plano de los platos servidos genera una sensación de ansiedad en el espectador muy bien construida. En este comedor no hay espacio para el heroísmo ni para discursos ideológicos, lo que vemos es un retrato crudo de la pura y dura necesidad de sobrevivir. Las protagonistas no eligieron estar ahí, pero el guion profundiza con gran acierto en cómo el miedo constante te puede llevar a normalizar la mayor de las monstruosidades.

El alma de la función es, de manera indiscutible, Elisa Schlott. En el papel de Rosa Sauer, la actriz alemana realiza un trabajo portentoso basado en la contención. Con una economía de gestos brillante y una mirada cargada de matices, Schlott nos hace partícipes de una lucha interna demoledora. Su personaje no busca nuestra simpatía, sino nuestra comprensión, logrando transmitir el desgaste de una mujer que se sabe el escudo humano del dictador y que convive diariamente con la culpa.
Es una pena que el film pierda algo de fuelle en su último tercio, cuando abandona las paredes de la cabaña para intentar abarcar la caída del Tercer Reich, recurriendo a soluciones narrativas un tanto apresuradas y convencionales. No obstante, este tropiezo no empaña el resultado global. Las catadoras de Hitler termina siendo una película notable y absorbente. Soldini nos ofrece una película histórica íntima, demostrando que el verdadero horror a veces se escondía en los rostros de quienes tuvieron que tragar saliva y mirar hacia otro lado para salvar el pellejo.


