Hay historias que empiezan mucho antes de que alguien escriba la primera palabra. En el caso de Javier Hinojosa Allely (Sevilla, 1979), guionista que firma sus trabajos como J. H. Allely, ese recorrido nace de una vocación por contar historias y de una mirada especialmente interesada en aquello que ocurre cuando la emoción, la tecnología y la condición humana se encuentran.
Desde Andalucía, Allely ha ido construyendo poco a poco una trayectoria que, aunque todavía joven, ya ha comenzado a traspasar fronteras. Su filmografía escrita abarca tanto proyectos que han llegado a rodarse como otros que todavía buscan hacerse realidad. Es autor de los cortometrajes Liberación y Nada sin ti, dos trabajos que han recorrido numerosos festivales y acumulado premios, y de guiones como Synnoia y The Last Tear of Man, con los que ha encontrado en la ciencia ficción un territorio para hablar del duelo, la identidad, el amor o la pérdida.
J. H. Allely continúa trabajando para que sus historias den el salto definitivo del papel a la gran pantalla. Porque escribir «fin» en un guion no significa que la historia haya terminado. Comienza otra, la de buscar una oportunidad para que esas palabras dejen de estar sobre el papel y se conviertan en imágenes. Sobre ese camino, sus referentes, su forma de entender la escritura y sus próximos proyectos le dedicamos esta entrevista.
PREGUNTA: ¿Cómo nace tu relación con el cine? ¿En qué momento decidiste que querías dedicarte profesionalmente a la escritura de guion?
J. H. ALLELY: Mi relación con el cine empezó, como supongo que le ocurre a mucha gente, como espectador. Siempre me ha fascinado que una película pueda durar un par de horas y, sin embargo, una escena, una imagen o una sensación puedan permanecer contigo durante años. Con el tiempo empecé a fijarme no solo en las historias, sino también en cómo estaban construidas. Por qué una escena conseguía emocionarme, por qué conectaba con determinados personajes o cómo una película podía transmitir muchísimo sin necesidad de explicarlo todo.
El paso hacia el guion fue progresivo. Empecé a escribir mis propias historias y, cuando algunas de ellas terminaron convirtiéndose en cortometrajes, tuve cada vez más claro que quería orientar mi camino hacia la escritura cinematográfica. Desde entonces he intentado avanzar poco a poco: seguir formándome, escribir, reescribir y buscar oportunidades para que esas historias puedan llegar cada vez más lejos.
P: ¿Qué referentes cinematográficos o literarios han influido especialmente en tu manera de contar historias?
JHA: No creo que mi manera de escribir proceda de un único referente. Todo lo que ves y lees durante los años termina dejando algo, muchas veces de forma inconsciente. Sí hay un tipo de historias que me atrae especialmente: aquellas que utilizan el género para hablar, en realidad, de cuestiones muy cercanas.
La ciencia ficción me interesa mucho cuando una idea extraordinaria sirve para explorar una pérdida, una relación, la identidad, el miedo o la necesidad de conectar con otra persona. También me atraen las historias que no buscan dar todas las respuestas y permiten que el espectador participe en lo que está viendo. Al final, creo que las influencias son importantes, pero cuando escribo intento no pensar en reproducir la forma de contar de nadie. Lo que busco es que cada historia encuentre su propia identidad y, poco a poco, también encontrar la mía como autor.

P: ¿Qué buscas provocar en el espectador cuando escribes una historia? ¿Hay determinados temas que sientas que vuelven una y otra vez a tu escritura?
JHA: Lo primero que busco es provocar alguna emoción. No necesito que el espectador termine una historia teniendo todas las respuestas, pero sí me gustaría que algo de lo que ha visto continuara con él después. Con el tiempo me he dado cuenta de que regreso bastante a determinados temas: la pérdida, la soledad, el amor, el miedo a perder a alguien, la necesidad de conectar con otras personas y también la dificultad que tenemos para conocer completamente a quien tenemos delante. Incluso cuando escribo ciencia ficción termino llegando a ese tipo de cuestiones.
El género me permite llevar determinadas situaciones a lugares que no serían posibles en nuestra realidad, pero debajo intento que siempre exista algo reconocible. Eso es probablemente lo que más me interesa: partir de algo extraordinario para terminar hablando de algo muy cercano.
P: ¿Cómo es el proceso desde esa primera idea hasta convertirla en un guion terminado? ¿Eres de los que reescriben constantemente o prefieres avanzar hasta completar una primera versión y trabajar después sobre ella?
JHA: Muchas veces una historia empieza para mí con una imagen o una situación concreta. No necesariamente conozco toda la trama en ese momento. Simplemente hay algo ahí que me provoca suficiente curiosidad como para querer descubrir qué ha ocurrido antes y qué podría suceder después. A partir de ahí intento encontrar al personaje y qué está realmente en juego para él.
Cuando escribo ciencia ficción también necesito establecer unas reglas, pero procuro que la construcción del mundo nunca termine sustituyendo a la historia. Cuando empiezo el guion prefiero avanzar. Puedo cambiar cosas durante el proceso, pero necesito llegar al final para comprender realmente qué historia tengo entre manos. Después sí dedico bastante tiempo a reescribir.
Ahí aparecen muchas de las decisiones importantes: quitar escenas, condensar situaciones, modificar el ritmo o descubrir que algo que parecía imprescindible al principio realmente no lo era. Para mí, muchas veces reescribir consiste en encontrar una versión más sencilla y precisa de aquello que querías contar.
P: ¿Cómo encuentras el equilibrio entre contar lo que quieres y dejar espacio para que el espectador interprete?
JHA: Intento distinguir entre lo que el espectador necesita saber para comprender la historia y aquello que yo conozco como autor pero que quizá no necesita ser explicado. Me gusta que existan espacios abiertos. Que dos personas puedan ver una misma escena y encontrar matices diferentes.
Creo que eso hace que una historia continúe viviendo después de terminar. Pero tampoco me interesa confundir deliberadamente. Para que exista interpretación tienes que ofrecer las piezas necesarias. Una cosa es no responderlo todo y otra muy distinta ocultar información únicamente para provocar una sorpresa. Procuro que el espectador pueda seguir lo que está viviendo el personaje. A partir de ahí sí me interesa dejar determinadas cuestiones abiertas y permitir que cada uno llegue a sus propias conclusiones.

P: ¿Qué es lo que más te cuesta de escribir un guion? ¿Y qué parte del proceso disfrutas especialmente?
JHA: Una de las cosas que más me cuesta es conseguir que la historia avance de una forma natural. Puedes saber perfectamente dónde necesitas que esté un personaje dentro de veinte páginas, pero tiene que llegar hasta allí como consecuencia de lo que está viviendo y de las decisiones que va tomando. Si empieza a hacer cosas únicamente porque la trama necesita llevarlo a un lugar determinado, creo que se nota. También resulta difícil eliminar. Puedes haber dedicado mucho tiempo a una escena y terminar comprendiendo que el guion funciona mejor sin ella.
Lo que más disfruto es ese momento en el que encuentras una decisión, una escena o un pequeño detalle que de repente resuelve algo con lo que llevabas tiempo trabajando. A veces pasas días intentando solucionar un problema y aparece una idea muy sencilla que cambia completamente cómo entiendes una parte de la historia. Esos momentos de descubrimiento son probablemente los que más disfruto escribiendo.
P: Has trabajado en proyectos como Liberación, Nada sin ti o Mírame. ¿Qué recuerdas de aquellos trabajos y cómo ha evolucionado tu manera de escribir desde entonces?
JHA: Los tres forman parte de Edificio 23, una serie de cortometrajes dirigida por Miguel G. Bernal, y han sido una parte muy importante de mi aprendizaje como guionista. Una cosa es escribir una escena e imaginarla y otra muy distinta verla finalmente convertida en imágenes. Poder comprobar cómo funciona aquello que has escrito cuando deja de estar solamente en una página me ayudó mucho a entender mejor la escritura para cine. Además, escribíamos sabiendo que los recursos de producción eran ajustados, aunque tuvimos la suerte de contar con un equipo con mucho talento y muchas personas que colaboraron y aportaron muchísimo a los proyectos.
Desde la escritura, ser consciente de los medios con los que contábamos me obligaba a prestar todavía más atención a la idea que quería contar y, sobre todo, a aquello que quería transmitir con cada escena. Creo que todo ese proceso me ayudó a ser más preciso y a preguntarme cada vez más qué es realmente necesario para que una escena funcione.
P: ¿Qué aprendiste de tus primeros trabajos producidos que después hayas trasladado a tus nuevos guiones?
JHA: Sobre todo aprendí a pensar de una manera mucho más consciente en aquello que estoy escribiendo y en cómo puede funcionar después cuando se convierta en imágenes. Haber escrito esos cortometrajes sabiendo desde el principio con qué recursos contábamos fue una buena escuela. Me obligaba a concentrarme mucho en qué quería contar realmente, qué quería transmitir y cuál era la forma más eficaz de hacerlo desde el propio guion. Después, poder ver esas páginas convertidas en imágenes también me permitió comprender mejor cómo funciona una escena cuando pasa del guion a la pantalla y trasladar ese aprendizaje a mi forma de escribir.
Creo que ese aprendizaje sigue conmigo. Incluso cuando ahora escribo conceptos de ciencia ficción más ambiciosos, intento que la escala de la idea nunca me haga perder de vista aquello que realmente sostiene la historia.

P: Actualmente, tus últimos trabajos aún no producidos son Synnoia y The last tear of man. ¿Cómo nacieron estas historias y qué puedes contarnos de estos proyectos? ¿En qué punto se encuentran actualmente?
JHA: Son proyectos diferentes, pero los dos representan bastante bien el tipo de historias que me interesa escribir ahora: partir de una idea de ciencia ficción para llegar a un conflicto mucho más íntimo. Synnoia nace de una posibilidad: que pudiéramos preservar la consciencia de una persona e integrarla en otra. A partir de ahí apareció la pregunta que terminó dando forma al guion: ¿hasta dónde seríamos capaces de llegar para no perder a alguien que amamos?
Lo que me interesaba era que una decisión que aparentemente nace del amor empezara a abrir cuestiones mucho más incómodas. Qué ocurre con la libertad de la otra persona, con su intimidad, con su identidad y dónde termina el deseo de permanecer junto a alguien y comienza la necesidad de retenerlo. El guion ha tenido un recorrido internacional muy positivo en festivales y concursos de guion y sigue siendo, por ahora, un proyecto no producido.
The last tear of man es mi primer guion de largometraje terminado y el proyecto más ambicioso que he escrito hasta ahora. La historia transcurre en un futuro en el que la emoción prácticamente ha desaparecido de la sociedad. Lo que me interesaba era imaginar qué ocurriría si sentir dejara de ser algo natural y empezara casi a convertirse en una anomalía. A partir de ahí aparecen el duelo, el amor, la pérdida, la identidad y también la pregunta de cuánto depende aquello que somos de nuestra capacidad para sentir. Actualmente el guion está recorriendo certámenes internacionales y pasando por distintos procesos de valoración profesional. Ha ido recibiendo diferentes reconocimientos y el objetivo ahora es conseguir que dé el siguiente paso y pueda despertar un interés real para su desarrollo.
P: ¿Cuál consideras que es el mayor reto al que se enfrenta actualmente un guionista que intenta abrirse camino en la industria audiovisual?
JHA: Para mí, uno de los mayores retos es el acceso. Puedes dedicar meses o años a escribir un guion, pero después necesitas conseguir que llegue a alguien que realmente pueda leerlo y valorar si existe una posibilidad de hacer algo con él. Y ahí empieza un trabajo diferente al de escribir. Hay que aprender a presentar el proyecto, preparar materiales, investigar a quién puede interesarle, participar en convocatorias y encontrar vías para establecer contactos profesionales.
Creo que esa es una de las dificultades principales cuando estás intentando abrirte camino: conseguir que tu trabajo tenga oportunidades reales de ser leído mientras sigues dedicando tiempo y energía a lo que debería continuar siendo el centro de todo, que es escribir.
P: ¿Qué crees que tendría que cambiar en España para que los guionistas tengan más oportunidades de desarrollar y llevar sus historias a la pantalla?
JHA: Creo que en España existen iniciativas muy interesantes para apoyar la escritura y el desarrollo de nuevos proyectos, pero sería positivo seguir ampliando esas vías y hacerlas cada vez más accesibles para guionistas que todavía no tienen una trayectoria consolidada dentro de la industria. Hay concursos, ayudas, laboratorios y programas de desarrollo que cumplen una función importante, pero creo que siempre puede haber más espacios de conexión directa entre autores, productoras y otros profesionales del sector. Entre terminar un guion y conseguir que llegue a producirse existe una distancia enorme.
Cuantas más oportunidades haya para que nuevas historias puedan ser leídas y encontrar a las personas adecuadas, más posibilidades habrá también de descubrir nuevas voces. Además, me parece importante que esas oportunidades no estén demasiado concentradas geográficamente. Hoy un autor puede escribir desde Sevilla o desde cualquier otro lugar y hacer que su trabajo llegue mucho más lejos. Hay muchísimo talento escribiendo. El reto muchas veces está en conseguir que ese talento encuentre una puerta de entrada.

P: Después del recorrido que has realizado hasta ahora, ¿qué objetivo te gustaría alcanzar y qué historia te gustaría poder llevar algún día a la pantalla?
JHA: Ahora mismo, si tuviera que elegir una historia que quisiera especialmente ver convertida en película, sería The last tear of man. Es el proyecto más ambicioso que he escrito hasta ahora y he pasado mucho tiempo dentro de ese mundo y con esos personajes. Hay escenas que he imaginado tantas veces mientras escribía que poder verlas algún día realmente en una pantalla sería algo muy especial. Pero tampoco quiero que todo dependa de un único guion.
Mi objetivo es construir una trayectoria, seguir escribiendo y desarrollar historias diferentes. De hecho, ya tengo en mente otro largometraje que quiero abordar desde un planteamiento mucho más contenido, pensado desde la propia escritura para poder funcionar con unos recursos de producción más ajustados. La experiencia de los cortometrajes también me ha enseñado que una historia no necesita necesariamente grandes medios para tener fuerza si aquello que quieres contar está claro. Quiero seguir creciendo como guionista, escribir proyectos cada vez mejores y conseguir que algunas de esas historias encuentren finalmente su camino hasta la pantalla.


