Título Original: Saccharine
Año: 2026
Duración: 112 min
País: Australia
Dirección: Natalie Erika James
Guion: Natalie Erika James
Reparto: Midori Francis, Danielle Macdonald, Madeleine Madden, Robert Taylor, Annie Shepero.
Música: Hannah Peel
Fotografía: Charlie Sarroff
Compañías: Carver Films, Thrum Films
Género: Terror. Drama.
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Tras su paso por el Festival de Berlín, llega a los cines españoles Insaciable, la nueva película dirigida por Natalie Erika James, directora conocida por títulos como Relic (2020) y Apartment 7A (2024). Llega en un momento marcado por el auge de la delgadez extrema y la popularización de medicamentos como Ozempic, lo que convierte a esta película en una obra especialmente necesaria, sumándose a otros films del estilo como La sustancia de Coralie Fargeat y Crudo de Julia Ducournau, de las cuales podemos ver grandes referencias.
En el centro de esta historia se encuentra Hana (interpretada por Midori Francis), una estudiante de medicina obsesionada con adelgazar. En su búsqueda por alcanzar el cuerpo que desea, comienza a tomar unas pastillas para perder peso, pero pronto empieza a sufrir inquietantes alucinaciones. Poco a poco, Hana empieza a adentrarse en un espiral de terror y obsesión con su cuerpo y sus deseos más ocultos. En este film, el “fantasma” solo cobra vida en los reflejos, sin exteriorizarse de su mente en ningún momento, lo que hace que el terror en esta película no viene de grandes sustos, aunque sí que hay algún que otro jumpscare destacable, sino de una prolongación inquietante de las pesadillas de la propia protagonista, lo que hace que te mantengas todo el rato en alerta por si esas pesadillas en algún momento atacan o no.
Estamos presenciando la vuelta del body horror en nuestras pantallas. Desde la época de David Cronenberg, este subgénero no cogía tanta fuerza como lo está haciendo ahora. La gran diferencia es que ahora las protagonistas son ellas; estamos cansadas de la presión estética que se nos impone y eso se está trasladando a las pantallas. James se suma a la lista de directoras como Ducournau, Coralie Fargeat, Emilie Blichfeldt o las hermanas Soska, que utilizan el cuerpo de las protagonistas como espacio de reivindicación, saliendo del papel de mujer delicada y abrazando la locura femenina que se ve incrementada por la necesidad actual de la sociedad de determinar qué cuerpos son bonitos y cuáles no.
James abraza uno de los pilares fundamentales del body horror: la convivencia entre el asco y el deseo, dos impulsos que apenas están separados por una fina línea. La protagonista siente asco, pero a la vez deseo por la comida, haciendo del personaje algo contradictorio, pero a la vez humano y real. Está claro que este film no ha inventado nada nuevo ni se ha contado algo que no se haya contado antes, pero lo hace de una forma que evita caer en la redundancia y que te impide apartar la mirada.
La actuación de Francis es impecable, haciendo un gran trabajo de contención cuando es necesario y de explosión en otros. La cámara es capaz de, con movimientos sencillos y tranquilos, crear un ambiente de tensión, sobre todo en las escenas de la protagonista en la casa, donde, sin la necesidad de que salga el fantasma en primer plano, ya tienes que medio cerrar los ojos porque sabes que en cualquier momento puede pasar algo.
Charlie Sarroff, el director de fotografía (conocido además por otras películas del género como Smile), es capaz de mantener esta sensación durante toda la película. Uno de los aspectos más destacables de la película es su diseño de sonido, fundamental para mantener una atmósfera de tensión constante. El fantasma pocas veces aparece directamente delante de la protagonista cobrando vida; en cambio, se le escucha y le notas presente en muchas escenas.
En las dos horas que dura la película, el ritmo es lento pero no pesado. El terror se desarrolla de una forma cautelosa y contenida, aunque sin renunciar a algunas de las imágenes más impactantes del body horror. Escenas repletas de sangre, heridas abiertas y vísceras que, aunque provocan repulsión, hacen imposible apartar la mirada de la pantalla.
Aunque su ritmo pausado hace que a mitad de la película varias de las escenas nocturnas de la casa se hagan algo repetitivas y, quizás ya hacia el final, previsibles, James compensa ese bache con un final por lo alto, plenamente entregado a las claves del body horror y que eleva la película, dejándote con ganas de ver más. Insaciable es una película perturbadora que te mantiene pegado a la pantalla con un mensaje muy necesario en la época que estamos viviendo.



