Título original: El guardián
Año: 2025
Duración: 102 min.
País: México, España
Dirección y guion: Nuria Ibáñez
Reparto: Basilio Moncada Hernández, Gerardo Trejoluna, Jorge Abraham Fuerte, Blake Webb, Andrea Lara
Fotografía: Claudia Becerril
Montaje: Carlos Caña
Música: Sergio de la Puente
Productoras: Miss Paraguay Producciones, Paloma Negra, Solita Films
Distribuidora: Syldavia Cinema
Género: Drama
Crítica en Letterboxd
—
Reseña recogida, editada y extendida de la crónica de la Sección Oficial de la 29º edición del Festival de Málaga
La cineasta española Nuria Ibáñez siempre ha manifestado una fascinación con el cine social Mexicano a lo largo de su filmografía documental. Entre su extensa filmografía, se encuentra el documental ‘Una corriente salvaje‘, el cual relataba el día a día de unos guardacostas solitarios, entre ellos un hombre misterioso y tranquilo llamado Basilio. Este guardacostas fue el punto de inspiración para su primera incursión en el género de ficción, un lenguaje tan similar como mucho más meticuloso y complejo que el documental. Ibáñez decide hacer una biografía utilizando recursos del neorrealismo sobre una persona, la cual una inmensa mayoría se alejaría por su presencia, pero cuyo retrato es fascinante.
Basilio es un solitario guardacostas, cuyo único propósito es hacer bien su trabajo. Él es una de esas personas extrañas, misteriosas y atípicas que te puedes encontrar en un lugar desolador, y lo más probable, es que lo ignores o lo evites. En este sentido estamos ante un estudio de personaje similar a ‘Perfect Days‘, ofreciendo su atención un trabajador social el cual mucha gente no le suele dar importancia, manteniendo una personalidad misteriosa y atípica. La película de Ibáñez se siente mucho más melancólica que el retrato de Wenders, pero ambas logran que empatices fácilmente con sus protagonistas y que no te moleste acompañarlos en sus tranquilas y mayoritariamente solitarias rutinas.
Basilio Moncada Hernández hace de sí mismo en una interpretación que se beneficia más de su propia personalidad, que de una exageración dramática. Su presencia no será la más común cinematográficamente, pero de ahí yace la fascinación por su persona. Él es un hombre, misterioso, tímido, y un poco incómodo en sus relaciones sociales, pero se siente creíble, real, humano y empático, tanto como uno de esos retratos que Ibáñez ha realizado a lo largo de su carrera. Él aunque no exprese mucho, tiene una ética del trabajo impecable, aún cuando no debería tenerlo. Su presencia atípica y natural es la fuerza real que carga este drama intimista.
Cada interacción que tiene con los pocos personajes que se cruzan están llenas de verdad. No se sienten como dramatismos para convencer al espectador, sino momentos pequeños e importantes para nuestro solitario protagonista, ya sean estos amigables, humanos u hostiles. Similar a los protagonistas de los filmes del cineasta francés Robert Bresson, él no lucha contra su condenada existencia, marcada por un pasado que le impide volver a vivir, ya la ha aceptado. No necesita una razón para cobrar, socializar o amar, solo le basta con hacer su trabajo para justificar su existencia en tierra de nadie.
El escenario natural es clave para la narración solitaria e íntima. La fotografía consigue ser inmersiva al retratar unos espacios costeros gigantescos y solitarios, en el que nuestro protagonista pasea y trabaja. Él está acostumbrado ya a pasar sus días solo y sin esperar encontrarse a nadie ni en las costas en las que está atrapado, ni en el pueblo casi fantasmal en los desolados días de invierno. Basilio consigue el milagro de conocer y emocionarnos con una persona tan interiorizada y misteriosa, a quién no le queda más remedio que ser sumiso a la hora de su explotación y humillación. Pero a pesar de todo, esto no hace que se derrumbe porque tal vez en el fondo ya esté muerto, sin un público a quién cantarle sus penas y amores.
Ibáñez debuta en la ficción con un sentido del realismo, intimidad y verdad, proveniente de su experimentado lenguaje documental. A lo mejor hubiera sido interesante mantener su forzada aislación más ambigua, pero sigue funcionando como fuerte dramático en su melancólico final. Un filme tan melancólico como bello e inmersivo que trata a su protagonista atípico con respeto y delicadeza. Ibáñez respeta al espectador, y sobre todo a Basilio, mediante una sutileza que engancha y no cae en un dramatismo obvio y común en muchos dramas sociales. Un fascinante y conmovedor relato tan naturalista como conmovedor.


