Título original: Chichero
Año: 2026
Duración: 108 min.
País: Panamá, España
Dirección y fotografía: Aarón Bromley, Arturo Montenegro
Guion: Aarón Bromley, Arturo Montenegro, Andry José Barrientos
Reparto: Júnior Béjar Roca, Andrea Pérez Meana, Mafe Achurra, Diego de Obaldía, Elmis Castillo, Gaby Gnazzo, Marya Hurley, Domil Leira, Rocío Mamani, Alfonso Gómez, Reynaldo Jules
Montaje: Antonio Zapata, Arturo Montenegro
Música: Rodrigo Dines
Productoras: IQ Films, Cibeles Triana, Ministerio de Cultura Panamá, Dicine, Telemetro
Género: Drama
Crítica en Letterboxd
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‘Chichero‘, la nueva película del cineasta panameño Arturo Montenegro (Papeles), que codirige junto a su director de fotografía, Aarón Bromley, quien debuta en la dirección, es la selección oficial de Panamá para competir en los próximos premios Oscar y Goya. La propuesta en sí destaca por su ambición narrativa y cinematográfica para el panorama del cine de Panamá. Es un épico drama social que tiene lugar en tres países diferentes de Latinoamérica —Panamá, Perú y Colombia—, en los que se tocan diferentes temas como la inmigración, la ambición, el boxeo, la represión política y la prostitución.
Si hay algo que hay que respetar es cómo consigue manejar esa ambición narrativa y social durante gran parte del metraje. En la primera hora, las historias de los tres personajes son interesantes, y convence cómo estos se cruzan hasta la llegada a Panamá. Es fascinante el retrato cultural de Perú en sus primeros 10 minutos, y cómo la tensión política afecta a cada uno de ellos. En su ambiciosa primera mitad, claramente influenciada por épicas sociales, uno entiende y comprende las razones de sus tres personajes para emigrar a Panamá.
Ya sea la lucha por un sueño, la supervivencia o una huida del pasado, todo se desarrolla a través de la promesa de una ciudad bella y fascinante. El personaje encarnado por Andrea Pérez Meana es el más interesante en esta gala de fugitivos sociales. Una exguerrillera que mantiene una presencia y autoridad respetables, y que llega a construir su propio camino mientras huye de su pasado oscuro. Se nota un trabajo narrativo en el guion para que los diversos temas que se proponen se sientan coherentes una vez que llegan a Panamá tras el largo viaje emocional y físico.
Pero Arturo Montenegro y Aarón Bromley no solo se limitan a una ambición narrativa, sino también cinematográfica. A pesar de algunos efectos baratos, la película consigue crear una ambientación que llama la atención debido a sus colores. También destaca el uso de la banda sonora y las canciones, que no solo se limita a ser una buena selección, sino que se utiliza en los momentos justos y adecuados, sin interrumpir el drama. Es una propuesta épica y grande por parte del cine panameño, en la que se notan las ganas y la ambición de contar esta historia.
Aunque tampoco escapa de algunos problemas notorios. Montenegro y Bromley proponen imágenes y encuadres interesantes que se ven lastrados por un desenfoque digital que se siente más accidental. El montaje podría tratar de ser dinámico, pero puede llegar a interferir en varios momentos, particularmente en los montajes musicales que finalizan abruptamente a la mitad. Y luego está el momento en el que la película no llega a la altura de sus ambiciones: su último tercio. Al tener una estructura épica, a uno le interesaría ver más cómo los personajes se adaptan a la cultura panameña.
La duración de la cinta es de 108 minutos, de los cuales los últimos 40 ocurren en Panamá. Esto afecta sobre todo a su final, que, si bien narrativamente no está mal, está narrado con rapidez. A uno le interesaría saber más sobre los chicheros, la condición social de la prostitución, el romance, la cultura del boxeo y mucho más. Panamá era un escenario interesante al que a uno le dan ganas de explorar más. Igual que uno se siente fascinado por el viaje de cada uno de estos personajes, siente que merecía la pena explorar su adaptación y crecimiento en su nuevo hogar.
Pero si hay un punto débil que puede hablar bien de la propia película, es que a uno le interesaría conocer y explorar más la historia, con una duración igual de grande que su historia. Tal vez haya un montaje más largo que pueda hacer más justicia al viaje en su prometedora segunda mitad.
A pesar de sus fallos, uno tiene que aplaudir la ambición y el corazón de esta épica propuesta social. Chichero es un ejercicio interesante para una industria latinoamericana que tiene el potencial de contar grandes historias que refuerzan su cultura, variedad y emoción. Solo queda esperar a que pronto los espectadores españoles puedan disfrutarla en salas y estar atento a su recorrido internacional. Un impresionante gran paso para una industria con mucho potencial y ganas.



