El pickleball es un deporte que fue concebido ni más ni menos que en los años 1960 en Estados Unidos. Un invento que muchos años después parece vigorizado de la mano del marketing, y relativamente relanzado con la inestimable ayuda de una comedia llamada Dink. El pickleball no es ningún deporte imaginario como el quidditch de Harry Potter, o los combates a palazos de MadMax, que convirtieron en realidad aquellas exitosas y divertidas competiciones televisivas de Humor Amarillo.
Hasta ahora es muy probable que no todo el mundo haya tenido referencias de su existencia. Salvo que en su urbanización, club social o polideportivo municipal, algún innovador o buscador de tendencias haya querido ponerlo de moda o sacarlo a relucir. Quizá en algún comentario o conversación puntual entre amantes de la raqueta o curiosos de los nuevos deportes. Así que bien vale curiosear de qué va esta moda.
No tanto por la película en si misma, de un humor ligero, digamos que bastante floja. Esta producción nos permite indagar un poco más sobre este deporte cada vez más en boga. Y de paso intuir el fenómeno y su probable expansión venidera. Quién sabe si pudiera replicar la eclosión del ya omnipresente pádel. ¿Cómo pueden haber crecido tanto estos deportes en los últimos años? Merced a la siempre saludable pasión por el deporte y una buena de dosis de marketing deportivo para su propagación, sin duda.
El pádel ya se ha convertido en toda una industria, con más popularidad que cualquier otro deporte de raqueta, sea ¿tenis?, frontón, squash, bádminton… Por ahora, parece que no tiene rival a nivel de popularidad en nuestras latitudes, aunque en EEUU el pickleball ya se ha convertido en toda una plaga. Tal y como muestra esta película humorística de Dink, todo club de tenis que se precie ya se plantea sobrerrepresentarlo en sus instalaciones.

En la esencia de esta historia, se entiende la razón de su fulgurante éxito. Pese a las reticencias del padre del protagonista (Ed Harris) como del propio actor principal (Jake Johnson), el pickleball es «el coronavirus del deporte». Absoluta decadencia para los puristas de la raqueta, los amantes del noble arte del tenis. Una disciplina de la más alta plasticidad y sofisticación, pura «elegancia y perfección estética». Como se percibía la Pintura en el Renacimiento. Para desgracia de Ed Harris, el presidente del club de tenis donde se desarrolla la acción, el efusivo purismo clasista no puede ensombrecer las tendencias sociales ni el marketing. El tenis fue en su momento un deporte clasista y elitista, exclusivo de ciertos círculos sociales como recrea Woody Allen en Match Point. No obstante, sucumbió y terminó por popularizarse enormemente entre todas las capas de la sociedad. Idéntico desenlace al del más popular de los deportes, el fútbol.
Esta comedia pretende ser una especie de cura de humildad y baño de realidad para todos los escépticos y reaccionarios de este tipo de deportes. No hay duda de que los guionistas y el director serán apasionados y amantes de esta práctica. Como lo terminará siendo el protagonista. Ex atleta frustrado por no haber alcanzado una prominente carrera en la élite, con la manidísima excusa de una lesión deportiva incapacitante. Con el añadido del cliché de la falta de aprecio de su exigente padre, otro de esos Will Smith (El método Williams) del desempeño tenístico. Ese tipo de padre-entrenador–mentor-coach-representante que tanto abunda, obsesionados en proyectar sus anhelos en un hijo profesional, del ramo o deporte que ellos quieran.
El pickleball aparenta ser un deporte más suave y sencillo, pensado quizá para personas con menos capacidades físicas o necesidades menos exigentes en cuanto a la práctica deportiva. Sin embargo, la propia película pone en evidencia a los que creen que sin la técnica y la humildad necesarias, pueden competir. Ni siquiera con personas de edad más avanzada, pero con más pericia, tal y como requiere el pickleball. El protagonista sufre descaradamente en sus partidas iniciales con jugadoras sexagenarias de escasa movilidad y forma física. No por ello deja de caer embelesado por los estímulos y beneficios de este nuevo deporte.
Por alguna razón, este tipo de deportes son tan populares y tan aceptados por un público tan amplio. El marketing se ocupa de identificar este tipo de oportunidades. Promocionándolo y llegando a todos los segmentos poblacionales que puedan interesarse en ello. Cualquiera que sea la franja de edad, ya sean jóvenes o jubilados, deportistas habituales o sedentarios. A cualquier hora del día, durante toda la semana, en cualquier ámbito socioeconómico, tanto en un polideportivo municipal como en un club social de cierto nivel o pretensiones. Es sin duda el equivalente en la práctica deportiva al ‘low cost‘ aéreo. El ‘running‘ para los que no pueden o no quieren hacer triatlones. La práctica deportiva convertida en un gran negocio como la proliferación de gimnasios urbanos, modernos centros de crossfit o yoga donde sea, clubes de runners o corredores… Y cómo no, pistas de pádel y tiendas especializadas como tendencia.
Cierto es que el pádel no cuenta con película alguna, así que este pickleball yanqui parte con esa gran ventaja. Es muy potente la promoción audiovisual que ofrece una película en una plataforma como AppleTv, por mala que sea. En cualquier caso, ambos deportes son fáciles de practicar y sencillos de implementar económicamente. En consecuencia, ya convertidos por el marketing en una pura afición (‘hobby‘) y diversión. Que a nadie le sorprenda si es invitado próximamente a jugar en pistas de bádminton, con redes de tenis, palas de playa y pelotas de plástico…Para jugar a esto del pickleball.


