Título original: The Social Reckoning
Año: 2026
Duración: 112 min.
País: Estados Unidos
Dirección y guion: Aaron Sorkin
Reparto: Mikey Madison, Jeremy Allen White, Wunmi Mosaku, Betty Gilpin, Billy Magnussen, Bill Burr, Jeremy Strong
Fotografía: Jeff Cronenweth
Montaje: Alan Baumgarten
Música: Alexandre Desplat
Productoras: Columbia Pictures, Alcon Entertainment
Distribuidora: Sony Pictures España
Género: Drama
Crítica en Letterboxd
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Primero de todo, no es justo tratar esta nueva película como una secuela de ‘La red social‘. Tiene una historia, personajes y tono totalmente opuestos a la película de Fincher. Por lo que es más justo juzgarlo como una película individual basado en otro caso que involucra a Facebook – ya conocido como Meta -. Más que nada porque con las comparativas la nueva película escrita y dirigida por Aaron Sorkin pierde demasiados puntos – sobre todo si profundizamos más en la elegancia de Fincher en su uso del montaje y la narración -. Y aun así, como cinta estrenada en cines, esta propuesta se postula como un decepcionante desastre.
Sorkin es un guionista quién posee una fuerza impresionante en sus diálogos. Esto se puede apreciar más en películas como la ya mencionada predecesora o ‘Moneyball’. Pero como director, se nota que proviene más de un lenguaje teatral que uno cinematográfico, y depende de cineastas experimentados como David Fincher, Bennett Miller o Danny Boyle para que hagan brillar su material literario en la gran pantalla. Uno al ver ‘El poder de la red‘, puede notar ciertos intentos de Sorkin para mostrar sus capacidades como director, pero se ve muy perdido.
En una duración de dos horas, en vez de en un caso judicial en específico, se nos narra dos líneas temporales. Una siendo la principal en la que seguimos a un periodista de investigación política y una trabajadora de Facebook que se convierte en soplona – interpretados por Jeremy Allen White y Mikey Madison respectivamente -. La otras es el ensayo de Mark Zuckerberg previos a los juicios relacionados con ‘The Facebook Files‘ – interpretado por Jeremy Strong en esta ocasión, en vez de Jesse Eisenberg -, y su ideología entrando en conflicto. Estas dos narrativas se intercalan en una narrativa no lineal que no funciona.
No funciona debido al atropellado montaje y narración que no deja espacio para una transición cinematográfica legítima. Se nota que Sorkin tiene mucho que decir sobre un algoritmo tan turbio y que tanto daño ha hecho a la sociedad. Hay mucho que explorar sobre el auge de un fascismo social que se sigue manifestando debido al peligroso pero rentable algoritmo.
El problema es que entre todo lo que quiere decir, y el constante intercambio entre un thriller de investigación política, un drama judicial y una reflexión social global, se pierde fuerza en su necesario mensaje. Es por esto por lo que el intercambio de narrativas no llegá a funcionar, más que aportar a una historia global, interrumpe a la otra que se está desarrollando.
No ayuda tampoco la fotografía plana y sin identidad – proveniente más de una película directa a streaming que un estreno cinematográfico – ni el sobreuso de una música que se siente barata y es imposible de tomar en serio. Entre el lenguaje cinematográfico perdido, uno allá momentos y transiciones que son tan abruptos y cursis, que no puede evitar soltar una carcajada accidental. Esto sobre todo sucede en ciertas secuencias de montaje, una dirección torpe de actores, y un espantoso final. El tono del final parecen más dignos de una parodia de thrillers legales de los 90, que de un drama judicial serio estrenado en cines.
Mikey Madison cumple, pero Jeremy Allen White se ve desinteresado a la hora de recitar sus líneas, de ahí que sea imposible explotar la química entre estos dos personajes solitarios. Jeremy Strong sabe replicar muy bien la voz de Mark Zuckerberg, pero se sale de tono en unas cuantas ocasiones, cayendo en una simple caricatura. Sus escenas con Bill Burr, son las que mayor interés despierta, pero a la vez las que menos peso narrativo tienen a parte del conflicto de ideologías. Los puntos que sacan a relucir, a parte de interesantes se sienten necesarios al convivir en una sociedad consecuente de la anarquía tecnológica.
La cinta de Sorkin tiene demasiadas ambiciones para su bien: un thriller judicial, una reflexión social sobre la libertad de expresión, una perturbadora revelación sobre las nuevas tecnologías, un reflejo de la disociación moderna, una secuela de ‘La Red Social‘, y una historia individual. Pero entre todas sus ambiciones, Sorkin se pierde tanto en la narrativa como en su dirección plana.
Uno ve mucho potencial en la historia, el reparto y la relevancia social completamente desaprovechado. Es irónico que un documental sobre la guerra como ‘Naza‘, haya conseguido sin quererlo lo que Sorkin no ha logrado. Hay que tener mucho cuidado con lo que compartimos y lo que nos aparece en nuestro algoritmo, pueden radicalizarnos como personas. Sin embargo, este es un grito que dice demasiado, pero al que apenas se puede escuchar.



