‘Pálida luz en las colinas’, un relato engañoso de madres e hijas

 

Título original: Tôi yamanami no hikariaka

Año: 2025

Duración: 123 min.

País: Japón

Dirección: Kei Ishikawa

Guion: Kei Ishikawa. Novela: Kazuo Ishiguro

Reparto: Suzu Hirose, Fumi Nikaido, Yo Yoshida, Camilla Aiko, Kôhei Matsushita

Música: Pawel Mykietyn

Fotografía: Piotr Niemyjski

Compañías: Coproducción Japón-Reino Unido-Polonia; Bunbuku, U-Next,Number 9 Films, GAGA, DESMAR, Lava Films

Género: Drama | Familia. Años 50. Años 60. Años 70. Años 80

Crítica en Letterboxd

Kei Ishikawa ha llevado a la gran pantalla la primera novela del Premio Nobel Kazuo Ishiguro, conocido por títulos como Klara y el Sol. La  adaptación llega como una coproducción japonesa-inglesa-polaca que pasó por Cannes en 2025 y ha conseguido algunas nominaciones a premios importantes en Japón. 

La película, una adaptación bastante fiel de la novela, está ambientada en Inglaterra, en 1982. Nikki (Camilla Aiko), una aspirante escritora, visita a su madre, Etsuko (Yo Yoshida), algo después del suicidio de su hermana mayor, Keiko. Instigada por su hija, Etsuko rememora sus años de juventud en el Nagasaki de los años 50, recordando las relaciones y decisiones que marcaron para siempre su futuro y el de sus hijas. Sin embargo, los recuerdos de Etsuko encierran secretos que nunca se ha atrevido a desvelar y que podrían cambiar la relación entre madre e hija para siempre. Una historia que parece simple, pero con un giro narrativo que lo cambia todo. 

Es difícil criticar una película como esta sin aludir a ese giro final que constituye su esencia, pero basta decir que el resultado es un engaño artificioso que no parece tener ningún propósito específico. El propio Ishiguro afirmó en su momento que el final de su primera novela era demasiado confuso e insatisfactorio, atribuyendo sus errores a su inexperiencia como escritor. Ishikawa no sólo comete esos mismos errores, sino que además los exagera con un guión demasiado insulso que queda completamente desacreditado al final de la película. 

Está claro que dentro del artificio hay una película, una historia conmovedora sobre una madre que intenta salvar a su hija de su futuro y acaba condenándola, pero ni director ni escritor han sabido contarla. El filme deja un mal sabor de boca y una pregunta sin respuesta: ¿por qué tanto enredo? Hay varias explicaciones posibles: puede ser la manera que tiene Etsuko, la narradora, de alejarse de la culpa de haber sobrevivido a un pasado que llevó a su hija a la muerte, puede ser simplemente un reflejo de la capacidad del ser humano para autoengañarse. En cualquier caso, la verdadera historia, esa que importa, está justo ahí, casi al alcance del espectador, que sólo consigue rozarla en ese final insatisfactorio. 

Las interpretaciones de los actores son simplemente correctas, aunque cabe destacar la química entre dos de las actrices principales, Suzu Hirose (Etsuko de joven) y Fumi Nikaido (Sachinko). Estos dos personajes construyen una relación profunda y llena de capas que el final de la película refuerza y desplaza al mismo tiempo. Es en sus conversaciones donde el director y guionista perfila el corazón narrativo de la película, esa contradicción que nutre la historia y que el espectador sólo logra atisbar. 

Hay un gran agujero en la narración: Keiko. Es evidente que Etsuko ha quedado muy afectada por la pérdida de su hija mayor y que la relación entre las dos hermanas también ha dejado heridas sin cicatrizar en Nikki. El duelo y la pérdida son la razón de ser de este película y, sin embargo, este dolor apenas se explora. Keiko es un personaje desconocido, al que el espectador sólo puede acercarse desde una mirada fría y extraña que no se corresponde con el peso que le da el largometraje a su muerte. Eso hace que la culpa que siente Etsuko por su suicidio sea algo borroso, casi una intuición más que un sentimiento explícito o incluso implícito.

El filme toca de refilón temas muy interesantes que no puede, por cómo está construida la narración, abordar del todo. Los prejuicios sobre la radiación que todavía determinan las relaciones en Nagasaki quedan reducidos a un obstáculo anecdótico que las protagonistas deben sobrellevar. La brecha generacional entre aquellos padres que creyeron en los mitos de la guerra y que enviaron orgullosos a sus hijos al frente, y esos mismos hijos que sufren las consecuencias de esa guerra, sirve de simple atrezo. El retrato de la época que intenta pintar la película queda difuminado por su incapacidad para explorar estos temas con libertad.

Pálida luz en las colinas es una película esbozada, una narración que puede ser entretenida, pero que carece de un pulso emocional que la acompañe. La historia está ahí, escondida y enterrada en un giro final que confunde innecesariamente al espectador y lo aleja de lo más importante: la relación entre una madre que mira al futuro con una esperanza desesperada y una hija perseguida hasta la muerte por su pasado. 

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Fotograma de Pálida luz en las colinas (Foto: Selecta Visión)
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LO MEJOR: la química entre las actrices principales
LO PEOR: el giro narrativo del final
5