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Crónica – 24 Festival de Málaga

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FESTIVAL DE MALAGA

Todos los años me pasa igual. Consigo mi acreditación para el Festival de Málaga, hago mis horarios, los lleno tanto como puedo de películas, voy, las veo, empiezo a escribir sobre algunas, luego paso a solo tomar notas y luego las veo como buenamente puedo antes de caer inevitablemente en los brazos de Morfeo en una de las propuestas autorales programadas los últimos días del certamen.

Y es que no hay manera de sobrevivir al visionado de 30 películas en poco más de una semana, incluyendo documentales, cortometrajes… es inviable. La cobertura de un festival como este podría ser algo realmente interesante, y debería serlo en un medio con capacidad económica para enviar varios periodistas que se repartiesen las diferentes secciones. Como siempre, la Sección Oficial ha sido una amalgama de títulos que van desde lo vergonzosamente mainstream y lo ridículamente telenovelesco a lo soporíferamente autoral.

Rueda de prensa de ‘El vientre del mar’ con sus protagonistas y Agustí Villaronga.

En cuanto a las secciones paralelas, hemos encontrado una Zonazine algo más floja que otros años (muchos de los títulos más atrevidos han aterrizado en la competición este año), mientras que el nivel de cortometrajes ha mejorado bastante. No puedo hablar por la sección de documentales, que podría constituir un festival entero, pero por lo que escucho ha contado, como siempre, repleta de propuestas atrevidas e interesantes que probablemente jamás podrán verse en el circuito comercial.

A lo que voy es que el Festival de Málaga es un certamen con más de 100 películas que es imposible de abarcar, y aunque por una parte esto es bueno, teniendo en cuenta que hemos tenido que soportar obras maestras del mal cine como Hombre muerto no sabe vivir (Ezekiel Montes) o Mulher Océano (Djin Sganzerla), por otra… podríamos no haber visto esas películas y nadie las habría echado de menos.

Con todo esto, lo mejor de lo mejor del festival, sin orden particular; ¿falta tu favorita? ¡Qué pena! ¡Arréglate el gusto!

Fotograma de ‘Destello bravío’, de Ainhoa Rodríguez.

De lo bueno lo mejor

Lo mejor del festival ha sido sin duda Carolina Yuste: su aparición en tres de las películas de la Sección Oficial del Festival de Málaga 2021 ha sido un soplo de aire fresco para el certamen malagueño, y en todas ellas ha destacado por encima de sus compañeros de reparto. Yuste ya pasó el año pasado por la Costa del Sol con Hasta el cielo, y este año no se ha alejado del mainstream, aunque el resultado haya sido considerablemente superior.

Por una parte, la película inaugural, El cover, marcaba el tono clásico de las aperturas del festival: una comedia bienintencionada a la que le faltaba mucha mordiente e inventiva, a pesar de sobrarle ganas. Casi se podía sentir al director, el primerizo Secun de la Rosa, tratar de arrancarse del pecho la emoción y el cariño que claramente siente por el mundo de su película para esparcirlo sobre la pantalla. Yuste hacía de una cantante que imita a Amy Winehouse en las noches de Benidorm, pero su personaje es un secundario en la película protagonizada por Àlex Monner, quien no llega ni de lejos a la altura de sus compañeros de elenco (Lander Otaola está muy divertido, y los personajes que pueblan la película le dan un sabor interesantísimo).

Carolina Yuste en ‘Sevillanas de Brooklyn’.

Por suerte, las otras dos participaciones de Yuste en Sección Oficial fueron mucho mejores películas y, además, contaron con aún más relevancia para sus personajes. Sevillanas de Brooklyn no competía pero se ganó los corazones de los asistentes al pase en el Teatro Cervantes con su mezcla de crítica social (muy, muy ligerita) y comedia (muy, muy potente). Además, Yuste está rodeada de un elenco en estado de gracia: Sergio Momo está imponente como Ariel, pero sabe brindar cierta vulnerabilidad al personaje; mientras tanto, Estefanía de los Santos y Manolo Solo forman un dúo divertido que dignifica un tipo de amor poco representado en el cine español. Con ese título va a ser complicado que la gente no espere una comedia genérica española más, pero Sevillanas de Brooklyn es algo realmente especial.

Y de Brooklyn nos vamos a Cornellá, donde la debutante Carol Rodríguez Colás ambienta su Chavalas una comedia en la que funcionan mucho mejor los puntos de drama y que, aunque peca de ser algo obvia en ocasiones, conquista con esa historia de vuelta al barrio y reencuentro con la gente de siempre en una generación que se ve totalmente perdida.

Lo de Filmin

Sin duda la distribuidora que ha triunfado en este festival, Filmin (sí, la misma plataforma VOD) contaba con las dos películas que llegaban a Málaga después de pasar por el Festival de Rotterdam. Las dos propuestas autorales de marcado carácter personal y poco apetecibles para el gran público; las dos podrían haberse visto fácilmente relegadas a una sección paralela como Zonazine (ninguna queda demasiado lejos de esa Lúa vermella que pudimos ver la pasada edición).

El vientre del mar', de Agustí Villaronga, arrasa en el Festival de Málaga
El vientre del mar de Agustí Villaronga, gran triunfadora del Festival de Málaga

El ventre del mar es la nueva película de Agustí Villaronga, director con amplísima experiencia que presentaba en Málaga esta adaptación de un relato de Alessandro Baricco donde se narra un naufragio. Villaronga alterna escenarios y anula el drama del evento, para pasar a centrarse en las devastadoras consecuencias, haciendo una suerte de viaje psicológico por las memorias de dos supervivientes. La película es una apisonadora, cine-ASMR que agota al espectador y lo lleva a al límite.

No fue el caso, y Villaronga se lleva la Biznaga de oro, además de más o menos la mitad del palmarés. Filmin jugaba sobre seguro, porque el jurado quiso reconocer a Destello bravío, la ópera prima de Ainhoa Rodríguez, como “la otra” la que se habría llevado la biznaga de no haber sido porque Villaronga grabó en blanco y negro. Destello bravío es una película espectacular, una exploración del rural extremeño a través de una mirada única que bebe de Fellini, Deren y Lynch para crear una atmósfera enrarecida en la que el patriarcado y el éxodo a los núcleos urbanos viven y marchitan a los que quedan.

Lo demás

Y es que, a pesar de todo, de esas más de 100 películas de las que he visto aproximadamente un tercio, hay bastantes cosas reseñables. El Karnawal de Juan Pablo Félix es una historia contada con mucho tacto sobre una relación padre-hijo totalmente aniquilada; la Biznaga de Oro a Mejor Película Iberoamericana fue con ella muy justamente.

La única alternativa, a mi parecer, habría sido Las mejores familias, la sátira telenovelesca de Javier Fuentes-León que explotaba los espacios reducidos de las mansiones en que se ambienta a través de complejísimas coreografías donde participaban multitud de intérpretes. Esa mezcla de drama y comedia se pudo ver también en Amalgama, de Carlos Cuarón, y Años luz, de Joaquín Mauad, ambas películas más que decentes pero a las que le faltaba esa chispa para hacerlas algo realmente especial.

Medina Film Festival
Una imagen de ‘Tótem Loba’, el cortometraje dirigido por Verónica Echegui.

Y no me puedo ir sin destacar El sustituto, de Óscar Aibar, un ejercicio que desempolva la memoria histórica y que se ensucia por el camino, utilizando el thriller de maravilla y con más de una secuencia que entraría fácilmente en lo mejor del festival.

Pero, sobre todo, dos de mis obras favoritas del certamen: El ruido solar de Pablo Hernando y Tótem Loba de Verónica Echegui, ambos cortometrajes situados en lugares casi opuestos de la ficción patria, pero narrados con pulso y con ideas potentes como para conquistar Málaga entera.

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Málaga, 1997. Dejé una carrera para ver películas y entré en otra para hacerlas. Seguiré viendo cine hasta que consiga que me guste 2001.

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