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Crítica – ‘Jinetes de la justicia’

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Título original: Retfærdighedens ryttere

Año: 2020

Género: Comedia negra, Acción, Drama

País: Dinamarca

Director: Anders Thomas Jensen

Fotografía: Kasper Tuxen

Montaje: Nicolaj Monber, Anders Albjerg Kristiansen

Guion: Anders Thomas Jensen

Música: Jeppe Kaas

Reparto: Mads Mikkelsen, Nikolaj Lie Kaas, Lars Brygmann, Nicolas Bro, Andrea Heick Gadeberg, Gustav Lindh

Productoras: Zentropa International Sweden, Film i Väst, Zentropa Entertainments

Distribuidora: Alfa Pictures

Ficha en Sensacine

La idea de las bandas de moteros mola mucho como concepto a explotar narrativamente, pero igual en la vida real el ruido de un motor no es tan atractivo (a menos que hablemos de Vroom Vroom de Charli XCX). De hecho, en muchos casos es incluso molesto, especialmente si la banda de moteros resulta que se dedica la extorsión, el tráfico de drogas y el asesinato (bien hilado esto, ¿verdad?). Pues algo así debió pensar Anders Thomas Jensen (ganador del Oscar en 1998 por el cortometraje Election Night) cuando decidió hacer Jinetes de la justicia.

En Jinetes de la justicia, las coincidencias no existen. De hecho, como afirma uno de los personajes de la película, en toda Dinamarca no existen las coincidencias. Este es el punto desde el que parte la película una vez que hemos visto el evento catalizador de la trama: un accidente de tren que acaba con la vida de una decena de personas, entre ellas la mujer de Markus (Mads Mikkelsen), un experimentado soldado que debe regresar a casa para cuidar de su hija durante el proceso de luto.

La relación entre Mathilde (Andrea Heick Gadeberg) y su padre nunca ha sido demasiado cercana, y con los años, mientras Markus ha pasado tiempo fuera de casa, se ha debilitado. Ahora, ambos se ven obligados a convivir, sin la persona que mantenía la familia unida y un enorme vacío en su (enorme) casa (con un establo “desproporcionadamente” grande al lado).

jinetes de la justicia
Mads Mikkelsen y Andrea Heick Gadeberg, la pareja padre-hija en el centro de ‘Jinetes de la justicia’.

A los pocos días del accidente, un par de científicos de aspecto extraño llaman a su puerta, y Markus, agarrándose a la mínima excusa para no pasar tiempo procesando junto a su hija (y el novio influencer de esta) la pérdida de la matriarca de su familia, decide hacerles caso cuando le sugieren que el accidente no fue un accidente, que alguien intentaba librarse de otra persona y que su mujer fue un daño colateral.

Lo que sigue es un baño de sangre en el que Jinetes de la justicia explota el talento de su director para la dirección del thriller con un tono totalmente absurdo: el grupo formado por Markus, Otto (Nikolaj Lie Kaas), Lennart (Lars Brygmann) y Emmenthaler (Nicolas Bro) viaja por la ciudad tirando de un hilo finísimo que en cualquier momento puede romperse, dejando un rastro de cadáveres a su paso. Cuando finalmente la situación estalla, el impacto es brutal, no solo por lo que hemos visto en pantalla, sino por la implicación emocional.

Jinetes de la justicia no es la película que se puede esperar cuando te hablan de ella: se trata de una comedia negrísima, o de un thriller absurdista, pero más que nada es la obra de madurez de un director que lleva años deseando encontrarle algo de sentido a la vida, y se ha dado cuenta de que lo más cerca que va a llegar a estar de eso va a ser hacer más películas con sus amigos.

Si esas películas son tan sólidas formalmente como Jinetes de la justicia, y además podemos reírnos y llorar un poco por el camino, y pasarlo bien aprendiendo a disparar, y los únicos perjudicados son una banda de moteros que se dedican a la trata de blancas… bueno, pues yo creo que merece la pena, ¿no?

Lo mejor: la dinámica que se desarrolla entre el quinteto protagonista es divertida y emotiva.

Lo peor: algunas escenas son innecesariamente sobreexplicativas.

Nota: 7/10

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Málaga, 1997. Dejé una carrera para ver películas y entré en otra para hacerlas. Seguiré viendo cine hasta que consiga que me guste 2001.

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