‘El samurai y el prisionero’, la palabra ante la violencia

 

Título original: Kokurōjō

Año: 2026

Duración: 147 min.

País: Japón

Dirección y guion: Kiyoshi Kurosawa

Reparto: Masahiro Motoki, Masaki Suda, Yuriko Yoshitaka, Munetaka Aoki

Fotografía: Yasuyuki Sasaki

Montaje: Kôichi Takahashi

Música: Yoshihiro Hanno

Productoras: Shochiku Film Studio, TBS Pictures

Distribuidora: ADSO Films

Género: Drama

Crítica en Letterboxd

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El cineasta nipón Kiyoshi Kurosawa no compartirá lazos familiares con el legendario Akira Kurosawa, pero sí que se posiciona junto a él como uno de los mejores cineastas japoneses. en su extensa filmografía, Kurosawa se proclama como uno de los mayores maestros vivos por su dirección pausada y tensa. La imagen, ya sea estática o con unos leves paneos se desarrolla a un fuego lento inquietante y tenso, que consigue hacer el corte algo impactante.

Conocido y aclamado por obras maestras del horror moderno como ‘Cure‘ o ‘Kairo‘, también cabe destacar su incursión en el drama con películas como ‘Tokyo Sonata‘ o ‘La mujer del espía‘. En su extensa filmografía, todavía no se había atrevido a adentrarse en el cine de samuráis – fuerte inspiración para el western – hasta ahora con su adaptación de la novela de Honobu Yonezawa. Y resulta curioso ver cómo es que un cineasta con tanta identidad y maestría, bebé del cine de Akira Kurosawa o Masaki Kobayashi.

Esta es una crónica feudal en la que las espadas están presentes, pero no son el principal espectáculo. Kiyoshi comprende la importancia de los silencios, el diálogo tenso y los espacios del género samurai. Sus diálogos son tajantes pero intensos en los que se haya una fuerza en las palabras. Los intercambios entre los diferentes personajes, así como las actuaciones firmes pero humanizadas, consiguen mantener el interés en un drama en el que prevalece el diálogo en vez de la violencia que la situación consume. Pero el maestro nipón no solo brilla como guionista, sino que vuelve a mostrar una impresionante fuerza en su dirección.

En sus autorales planos largos y extensos, pero aún manteniendo el homenaje al cine clásico del que bebe, consigue crear una atmósfera atrapante que solo hace reforzar más el diálogo en un brillante juego de espacios. Pero este estilo narrativo proviene de una fidelidad hacia los valores del protagonista. Un samurai que lidera una rebelión contra un despiadado jefe militar. En vez de seguir los códigos del honor ciego del samurai, en el que los valores toman mayor importancia que la muerte, decide hacer un diálogo diplomático.

Esta supuesta ‘piedad’, que en realidad es una especie de humanización racional para hacer una diplomacia, se representa tanto en estilo y la atmósfera del filme como en su trato de la violencia ausente. Por supuesto que hay escenas de guerra y muerte, pero varias de ellas o ocurren fuera de campo, o son tratadas de una manera tan fría y lejana como es el acto de arrebatarle la vida a alguien. De hecho el final se niega a dar esa épica conclusión que prometía. Con un breve epílogo escrito, no hallamos la satisfacción emocional, pero sí la fidelidad y el verdadero honor de nuestro protagonista.

Las pláticas entre el propio samurai y su violento pero ingenioso prisionero, avanzan el desarrollo intelectual a lo largo de los diez meses de la película. Las actuaciones de Masaki Suda y sobre todo del impresionante Masahiro Motoki, poseen una fuerza atrapante Y de ahí se puede encontrar el único problema que impide que esta película sea genial: la estructura episódica. Empieza con un misterioso asesinato que atrapa, y su ritmo pausado pero tenso enganchan. Sin embargo, este se resuelve muy pronto, y de ahí pasamos al siguiente capítulo.

Dividida en cuatro capítulos que cubren una estación del año, todas poseen escenas dramáticas potentes que beben de la magistral dirección y el brillante guión. Sin embargo, la estructura episódica del misterio del mes, se puede volver muy repetitiva y es lo que hace que la película pueda llegar a hacerse pesada. La conclusión consigue cambiar un poco una formula episódica con un brillante clímax dialogado hecho en un plano secuencia de 10 minutos en el que Yuriko Yoshitaka se lucé, además de su brillante anti-conclusión. Sin embargo se hubiera preferido una historia más grande en la que el ritmo pausado se beneficiase del lento paso del tiempo y una tensión muy bien establecida.

A pesar de su estructura episódica, estamos ante una gran y arriesgada propuesta de uno de los mejores directores vivos en la actualidad. Una película dialogada en un mundo violento. Un espacio que se va haciendo cada vez más distante conforme la muerte se vuelve presión. Kiyoshi Kurosawa arriesga en una propuesta shogun que se siente tan clásica como reivindicativa en el cine actual. Más que un espectáculo de acción histórica, Kurosawa entiende perfectamente el poder de la palabra contra el código del honor.

The Samurai and the Prisoner • New Zealand International Film FestivalFotograma de ‘El samurai y el prisionero’ (Foto: ADSO Films)

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LO MEJOR: LA DIRECCIÓN Y EL DIÁLOGO DEL MAESTRO KIYOSHI KUROSAWA. SU FIDELIDAD AL ESPIRITU DE SU PROTAGONISTA
LO PEOR: SU ESTRUCTURA EPISÓDICA. HACE QUE SE VUELVA MÁS PESADO Y REPETITIVO NARRATIVAMENTE
7.5