La miniserie noruega A better man es una propuesta interesante para adentrarse en algunas de las controversias sociales que retumban de manera estruendosa por el eco de la tecnología y el universo del Internet ‘social’.
En este caso, pareciera presentársenos como una versión contemporánea del cuento de ‘Caperucita’. Donde el Lobo, como en las ediciones infantiles más actualizadas, ya no es completamente un villano, sino un reconducible en lobo-bueno. Por la visión que ofrece su guión del hombre deconstruido, porque «más aburrido que ser ‘woke’ es ser ‘antiwoke’».
Como toda interpretación de la realidad social y del efecto de la tecnología en nuestras vidas, hay que entender que el sesgo ideológico del guión puede causar suspicacias o adhesiones absolutas. Pero eso ya queda a la libre consideración de cada cual. Lo que es evidente es que es un muy buen retrato del sombrío nubarrón que acecha sobre la salud mental, con motivo de nuestra sumisión total a las redes sociales.
Así que el enfoque es ambicioso, mostrarnos cómo afecta a la psicología de las personas el estar bajo la lupa de terceros y extraños, sin obviar los vicios en los comportamientos propios. Cómo la exposición en redes sociales puede suponer un lastre silencioso sobre el ánimo de personas carentes o necesitadas de afecto. Un vecino, un compañero de trabajo, cualquier transeúnte o incluso tu propia pareja sentimental…

Este cuento, expone la masculinidad tóxica de su Lobo Tom, como un ‘trol’, amateur eso sí. Nada que ver con esos ‘trols’ profesionalizados con finalidades políticas o económicas. Aunque esté convencido, burbuja ideológica fagocitada por el algoritmo, que toda Noruega es un contubernio de gente tóxica imbuida por el feminismo radical estatalizado que le detesta como hombre convencional.
Sin entrar mucho en esa polarización, la serie perfila a la Caperucita de este cuento como una humorista empoderada en su feminismo que hace burla y ridiculiza al hombre por su mera condición. Los límites del humor son siempre tan ambiguos… De tal modo, que incendia las redes y activa a toda la comunidad misógina noruega, incluyendo a este ‘incel’ que se convertirá en su ‘hater’ principal.
La legión de ofendidos en redes sociales por cualquier cosa es inevitable. Sin embargo, el acoso en redes y los comentarios constitutivos de delito de odio, van a más allá de esa triste realidad por la que cualquiera es susceptible de recibir críticas descarnadas y comentarios desafortunados. No es fácil hacer caso al consejo de «deja de leer los comentarios, por tu bien».
Mediante un lenguaje desinhibido de los personajes y de su sexualidad, la serie llega a un punto de inflexión en el que la incomprensión de todos con respecto de los demás, parece cambiar en positivo.
La propia humorista, comienza a empatizar temiendo que la cancelación, el ‘hackeo’ de sus perfiles y el acoso que recibe su propio acosador, sea injusto y desproporcionado. No hay perfiles ni pseudónimos que le sirvan de parapeto a Tom. Una horda de seguidores enfurecidos le atosiga, el anonimato en redes es menos seguro de lo que parece con el rastreo de datos del que no se libra nadie.

La reconversión en una suerte de Señora Doubtfire con el fin de su ocultamiento público, tiene un efecto purificador de introspección en Tom. Experimentando así, en carnes propias, muchas de las situaciones que su condición de ‘incel‘ no le permitía comprender de las mujeres. Por falta de empatía.
Es esa animosidad positiva, ese espíritu generalizado de empatía de los personajes el que impregna toda la historia. De manera que, el propio Tom en carnes de su alter ego Berit, desprende un halo de comprensión y compasión en/por los demás. Todos terminan por entender que «estar aislado es lo que te mata». Estar sólo frente a las pantallas es el gran mal, la falta de socialización real. La carencia de afecto es la auténtica clave, más allá de la aceptación o la validación social. Y menos en el artificioso mundo de lo virtual.
El alegato final de los dos protagonistas en el que reconocen que estar alejados de las redes sociales, vivir en el mundo real (el analógico), evita la frialdad, la cobardía y la insensibilidad hacia los problemas de los demás. Empatía.
En definitiva, una buena y breve miniserie que hace un relato de alguno de los efectos negativos de las redes sociales, que han disociado la vida real de muchas personas alejándolas de la socialización y la realidad. Con el peligro de quedar retenidos en burbujas ideológicas, y sometidos a todo tipo de penurias como las estafas online, el troleo y otras formas de acoso online.
En particular, ‘A better man’ se enfoca en la masculinidad tóxica a través de las redes como uno de esos agujeros negros en los que sucumben muchos usuarios (‘incels’). Una más que aceptable invitación a llevar a cabo un buen détox tecnológico, o por lo menos a moderar el comportamiento en redes sociales…


