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“Orange is The New Black” vuelve a su mejor nivel

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Orange Is The New Black ya ha estrenado su cuarta temporada. Cómo es habitual en la serie de las presas de Litchfield, la plataforma Netflix estrena todos los capítulos el mismo día y deja en manos del espectador decidir si hace un maratón o se raciona los capítulos para que la fiebre naranja le dure más. En mi caso, no pude esperarme más de cinco días a terminarme esta nueva tanda de episodios. ¿La culpa? La culpa es de Orange is The New Black, que ha asaltado las pequeñas pantallas con un nivel que nada tiene que envidiarle a su primera y segunda temporada.

Esta cuarta temporada ha sido distinto a su predecesora, la tercera temporada, que por ahora, es la más ‘insípida’ de las cuatro que hemos visto. Las tramas ‘grandes’, por llamar de alguna manera a los hilos argumentales que sobrepasan la temporalidad de un episodio han funcionado muchísimo mejor, al nivel que lo hizo la trama de Vee (Lorraine Toussaint). Los guionistas se han reencontrado con las entrañas de su serie, con ese humor y buen rollo que en cualquier momento puede convertirse en llantos y dureza. Se han dejado atrás el culto espiritual de Norma (Annie Golden) y de emotivos discursos sobre bragas para reencontrarnos con la peor faceta de los funcionarios, con la versión más dócil de Alex Vause (Laura Prepon) y Piper Champan (Taylor Schilling) y con las ganas de pelea que las reclusas tenían entre sí.

¿Cuáles han sido las claves de esta temporada? ¿Cuáles han sido sus pilares? Probablemente me dejaré muchos, pero vamos a repasar algunos otros.

[Puede contener algún spoiler ‘menor’ de la cuarta temporada]

El ‘cambio’ de Piper Chapman y su relación con Alex

Indiferencia y dulzura a partes iguales durante los 13 episodios de la temporada.
Indiferencia y dulzura a partes iguales durante los 13 episodios de la temporada.

Finalmente, el lado maligno de Chapman que explotó a finales de la pasada temporada se ha quedado a medio gas. Más que a medio gas, podríamos decir que la versión más malévola de Piper ha aguantado hasta media temporada y es algo que podemos agradecer, ya que al contrario de lo que se podía esperar en un principio, a la protagonista de la serie no le acaba de encajar ese papel con esas ganas de hacerse notar y de ir de frente para defender sus intereses (bueno, los intereses de su negocio). Cómo le dice Alex a Piper a cierto punto de la temporada, “Te he echado de menos. A tú de verdad, no a la lunática esa”.

Y es que no sé si se puede decir en general, que se haya echado de menos a Piper ya que la rubia no tiene muchos adeptos entre los fans de la ficción, pero sí que una vez pasado el traumático capítulo ocho agradecemos ver una Piper más dócil, más de la primera temporada. Aún con eso, hay que decir que ver a Piper Chapman haciendo de mala divierte bastante, así que esa dualidad con el personaje ha sido un  punto fuerte ya que por suerte, no lo han alargado demasiado.

Todo esto también se ha visto respaldado por la actitud de una Alex mucho más ¿dócil? a causa de lo qué pasó en el primer episodio. Hemos visto una interacción prácticamente inaudita entre ellas a partir de cierto punto de la temporada, estando en perfecta armonía y dejando atrás todos los baches dónde ha habido peleas y malos momentos. Probablemente esto no aguantará así de ‘perfecto’ hasta el final de la serie, ni mucho menos, pero ha sido realmente encantador verlas en ese papel ni que fuera una vez; que incluso parecía que no estaban en la cárcel.

El retorno de Nicky (Natasha Lyonne)

Lo pedíamos a gritos y aquí está. Por fin Nicky Nichols  vuelve a aparecer en Orange is The New Black y lo hace fuera de máxima seguridad. El personaje es uno de lo más queridos por la audiencia y por eso no es de extrañar que la nueva temporada esté marcada, en parte, por su regreso. Las escenas que protagoniza con su inseparable Morello (Yael Stone) y con su ‘mentora’ Red (Kate Mulgrew) son de lo mejor que nos ha regalado el personaje, que aunque parecía que iba a reaparecer como alguien totalmente diferente, los guionistas han sido fieles a la cruda realidad que representan en la serie, en especial de las drogadictas cómo ella y han decidido que el personaje de Nicky aún no ha acabado su sufrimiento. Pero su nueva amistad con Dogget (Taryn Manning) y sus evidentes sentimientos por Morello, podrían llevarla por un camino distinto el año que viene.

Los nuevos guardias y el negocio privado de la cárcel

 

Piscatella (Brad William) ha sido uno de los guardias con más protagonismo.
Piscatella (Brad William) ha sido uno de los guardias con más protagonismo.

La temporada pasada acabó con la dimisión de los guardias que conocíamos des de la primera o segunda temporada y con el anuncio que el Centro Penitenciario de Litchfield pasaba a ser una propiedad privada. Estos hecho han sido el pretexto perfecto para que la crueldad volviera a la cárcel más fuerte que nunca. Decir adiós a caras conocidas, que en su cierta manera tenían una relación con las reclusas y estaban familiarizados con el espectador; para decir hola a unos guardias totalmente desconocidos, que estaban muy lejos de ser tan dulces como Bennett (Matt McGory) antes de que se fuera, claro.

Los guionistas han jugado con esa faceta de ‘desconocidos’ para crear auténticos monstruos, que merecerían más cárcel que la mayoría de las reclusas. Hemos sido testigos de situaciones tan grotescas como la provocación de los guardias para causar una pelea entre reclusas y contar con la protección de altos mandos o de amenazar a las internas a punta de pistola sin motivo aparente. Esto, sumado a la excelente caricatura que han hecho de los altos cargos de la empresa que ostenta Litchfield (puede parecer un tanto exagerada, pero nada más lejos de la realidad) han conseguido crear un ambiente oscuro en una serie, que a nivel de guión también juega con la comedia y a nivel audiovisual con planos luminosos.

Además, no nos olvidemos del overbooking que hay ahora en Litchfield, que hace la convivencia aún más difícil (menos para aquellos que no son reclusos).

Todas contra todas

Los guionistas de Orange is The New Black, un año más (por suerte) no se han olvidado de dar visibilidad al racismo existente en nuestra sociedad a través de las internas de la cárcel. Esta vez, se han adentrado a crear nos personajes abiertamente fascistas que por culpa de Piper Chapman acaban formando una especie de colectivo que quiere defender su color de piel blanco. Y por defender me refiero a promover el racismo, enfrentándose (aunque por ahora no directamente) al colectivo latino y al colectivo de color. El hecho de que el colectivo latino haya tomado más relevancia esta temporada tras su enemistad con Chapman y que por lo tanto, estén tanto o más dispuestas a enfrentarse engrandece el asunto. Si los guionistas no olvidan las dos mujeres de ideología fascista, este malestar entre unas y otras podría ser uno de los pilares del próximo año. Y también traería consigo un ambiente muy, muy oscuro.

Siguen contando realidades como puños.
Siguen contando realidades como puños.

Entre muchos otros, esto han sido algunos de los pilares que han dado forma a la nueva temporada de Orange is The New Black. Evidentemente, hay muchos otros que he preferido evitar para los spoilers grandes, pero está claro que lo que le pasa a Alex en el primer episodio, la escena final del séptimo y del octavo capítulo, el volver a ver a Sophia Burset (Laverne Cox) o las manifestaciones en contra de los guardias también lo han hecho.

Lo que está claro es que Orange is The New Black ha puesto todo su empeño para seducir a su público un año más. Tras un tercer año quizá un tanto por lo bajo de la media que la caracteriza, ha vuelto con unos buenos guiones, con unas tramas que enganchan y con unos personajes que más o menos evolucionados, interesan. Ahora, tras ese final con ese plano tan espectacular y esa última escena tan abierta (el primer final abierto de verdad en cuatro años de serie) nos queda un año hasta Junio de 2017 (qué lejos queda esto) para volver a seguir las aventuras de las internas de Litchfield. Y quién sabe como continuarán esa dichosa escena final.

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