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El hombre y la máquina: ‘Crash’

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El pasado viernes 29 de enero llegó a salas españolas el reestreno de Crash. La película dirigida por David Cronenberg (Videodrome, Naked lunch) llega de la mano de A Contracorriente Films, en una remasterización en 4K supervisada por el director de fotografía, Peter Suschitzky, y aprobada por el cineasta canadiense. A finales del año pasado, el filme se unió a la colección Criterion, la prestigiosa firma de edición de DVD y Blu-ray.

A grandes rasgos, Crash es una película sobre una pareja, James (James Spader) y Catherine Ballard (Deborah Kara Unger), con una vida sexual de lo más activa: aunque no hay indicios de que su relación se vea resentida en ningún aspecto, se trata de un matrimonio abierto en el que ambos tienen relaciones sexuales con diversas personas. James (nombre y apellido heredados del autor de la novela original, J. G. Ballard) es productor de cine, y de camino al trabajo un día se despista al volante y tiene un aparatoso accidente.

Ese accidente hará que se despierte un deseo oculto en James, así como en la otra superviviente al accidente (Holly Hunter): el éxtasis de una experiencia cercana a la muerte. Una extraña parafilia (sinforofilia, que se denomina a la excitación al observar o ser parte de un desastre) que altera por completo la vida de la pareja protagonista: James y Catherine comienzan a orbitar en torno a este accidente; si su vida (sexual y no) ya era monótona antes, ahora que James ha conocido una experiencia cercana a la muerte, nada llegará a ese nivel de estímulo. Así, los Ballard comienzan a juntarse con un grupo de personas que comparten esta extraña afición. Gente que recrea accidentes de coche famosos (James Dean, Jayne Mansfield), que busca videos de testeo de nuevas medidas de protección para coches…

crash cronenberg a contracorriente
Deborah Kara Unger y James Spader en una escena de ‘Crash’.

Crash no es para todo el mundo. Cuando se presentó en el Festival de Cannes, el presidente del jurado, Francis Ford Coppola, la detestó hasta el punto de que, cuando otros miembros del jurado pretendieron premiarla, hubo que crear un galardón especial que no se había concedido antes y que no ha vuelto a otorgarse. Crash divide. Divide y asusta, más desde que Crash de Paul Haggis ganó el Oscar en 2004 y dio pie a confusiones hilarantes en videoclubs.

Pero Crash (la de Cronenberg), que puede pasar por una película exploitation de gente teniendo sexo en coches, es bastante más que eso. En una frase de la película, uno de los personajes afirma que su objetivo, su proyecto final, es la remodelación del cuerpo humano por la tecnología moderna. En la película, esto se explora, de forma relativamente obvia, mediante los accidentes de coche: los cuerpos de algunos personajes (especialmente el de Rosanna Arquette) son casi biónicos, mezcla de hombre y máquina, metal y carne, como una extensión constante del accidente donde nacieron.

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Deborah Kara Unger y James Spader en una secuencia de ‘Crash’.

A este respecto, quizá el personaje más interesante de la película es el de Deborah Kara Unger, claramente envidiosa de su marido, ansiosa por el accidente que la haga llegar a ese éxtasis, a esa unión. En un plano de la película, ella espera en el coche, en un atasco, mientras rasca casi sin pensar la pegatina de la revisión del coche: como tratando de acelerar un proceso de deterioro que ya de por sí tiene fecha.

La película está repleta de este tipo de momentos, pequeños detalles brillantes que la hacen realmente memorable, y que le aportan profundidad mucho más allá de ser porno suave con accidentes de coche. Una película sobre personas vacías que encuentran mayor satisfacción en su interacción con las máquinas y en el placer que estas les pueden proporcionar que en las demás personas.

James contempla las imágenes de accidentes de tráfico que le muestra Vaughan (Elias Koteas) con los ojos abiertos, no de horror o asombro, sino de satisfacción, y así lo declara: “Todo es tan… satisfactorio. No estoy seguro de entender por qué.” Mientras Vaughan le explica que lo que ve es el futuro, Ballard solo puede pensar en su próximo accidente, un golpe, literal, en el que alcanzar la satisfacción física.

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