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El plano subjetivo y la compleja identificación

La visión del personaje requiere de una respuesta

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subjetivo

Hace unos días tuve la oportunidad de ver por primera vez (lo siento por no cumplir con mi función de cinéfilo reputado) El pianista, de Roman Polanski. La película me fascinó por completo. Un relato desgarrador a partir de una puesta en escena apabullante, resaltando la enormidad de las sensaciones más que del conflicto. Desde luego se sirve de una importante dosis de dramatismo que la aleja en cierto modo de un reflejo realista. Sin embargo, en cierto modo no parece la intencionalidad principal, pues la película se centra en el dolor del personaje principal, Władysław Szpilman, interpretado por un sensacional Adrien Brody.

Basada en las memorias del mismo personaje, Polanski recorre su visión de la ocupación polaca, situando la cámara en sus mismos ojos hasta incluso simular sus movimientos. Destaca en este esfuerzo una escena en la que, junto a su familia, Szpilman observa la barbarie acometida por las fuerzas nazis en el piso de enfrente. Polanski recurre al plano subjetivo para introducir al espectador en la piel del protagonista, de manera que pueda encarnar ese dolor.

Acercándonos a la visión

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En la escena comentada, el recurso tiene el efecto deseado: el espectador se sobrecoge ante tales actos. Sin embargo, ¿es el plano subjetivo el responsable de esa sensación o la brutal imagen dispuesta? En esta ocasión en particular, el director francopolaco se sirve de un contraplano del protagonista y su familia horrorizándose ante lo que han visto, llevando a una identificación con la reacción del espectador.

El pianista no pierde en ningún momento su intencionalidad de identidad con el protagonista y utiliza diversos recursos de proximidad entre los que se encuentra el plano subjetivo. Como ya se ha comentado anteriormente, esta elección refuerza la cercanía con el punto de vista del personaje, encarnando directamente su figura. Es un recurso potente que requiere de un notable compromiso por parte del espectador por su brusquedad. La comprensión sobre la intencionalidad a veces resulta problemática, llevando incluso a malentendidos fruto de la experimentación.

Ver…

Incluso a día de hoy, el plano subjetivo sigue sirviendo a la maquinación con la expresión no solo del cine, sino también de otros medios que le han influido. Una de las primeras y más famosas propuestas sobre la utilización del plano subjetivo la encontramos en La dama del lago (Robert Montgomery, 1947), donde la cámara se sitúa en el investigador Phillip Marlowe. Perteneciente al cine negro tan popular de la época, su efectividad es un tanto discutible, derivando de la expresividad a la curiosidad del recurso. La novedad por su constancia durante todo el metraje se encuentra con un hastío considerable pues, curiosamente, hace que conozcamos mucho menos al personaje que seguimos.

Es por ello que, salvo por distintas excepciones, el plano subjetivo queda supeditado a los movimientos de la cámara previos y posteriores. Es ahí donde encuentra su verdadera capacidad expresiva, conociendo diferentes discursos: desde la extrañeza y el terror de los pasillos de El resplandor (Stanley Kubrick, 1980) hasta la pesadez de la insuficiente rutina en Birdman (Alejandor Iñárritu, 2014).

…y no ver

A priori, se podría decir que el plano subjetivo depende de aquello que se nos muestra. Sin embargo, quedémonos con el ejemplo de El resplandor. La visión de Danny acercándose a la habitación 237 posee una parsimonia considerable, fruto de la tensión que dispone Kubrick sobre la escena así como sobre la narración. Lo que vemos en pantalla está limitado por lo que ve el niño. Justo delante de la puerta tenemos dos espacios desconocidos: lo que hay tras la puerta y lo que está detrás de nosotros. Ese desconocimiento refuerza el suspense de la escena para el espectador, variando entre el deseo por conocer y el terror por aquello que acecha.

En los últimos años, el uso del plano subjetivo se ha acercado a la presencia del videojuego, con ejemplos como Hardcore Henry (Ilya Naishuller, 2015), donde la influencia de los First Person Shooter (disparos en primera persona) es muy clara. La espectacularidad de la acción discurre como si se tratase de una montaña rusa de gran intensidad. La cercanía entre ambos medios permite que la retroalimentación sea constante, sobretodo gracias a la versatilidad de sus recursos para la transmisión de diversas ideas.

La intención de este artículo no es evaluar la efectividad del plano subjetivo como si de un dogma se tratase. Las sensaciones despertadas dependen enteramente del receptor y su situación tanto con el medio como con su propia experiencia. Igualmente, es importante señalar la figura del director, como entiende la secuencia en su mente y la significación que pueda poseer la utilización del plano subjetivo. Desde luego, muchas voces que escuchar sobre lo que representa este elemento en la construcción formal y narrativa que, esperemos, siga deparando distintas sorpresas en los años venideros.

 

 

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