Título original: Eixam
Año: 2026
País: España
Dirección: Óscar Bernàcer
Guion: Joana M. Ortueta, Jordi Juan Martínez
Reparto: Pablo Molinero, Cristina Fernández Pintado, Pablo Derqui, María Maroto, Gloria March, Jordi Aguilar
Música: Raquel Sànchez
Fotografía: Víctor Entrecanales
Compañías: Nakamura Films, Maqueta Films, Corte y Confección de Películas, RTVE, À Punt
Género: Thriller
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Homo homini lupus. El hombre es un lobo para el hombre. Esta expresión, atribuida al dramaturgo romano Plauto y recuperada siglos después por Thomas Hobbes, plantea una idea tan sencilla como inquietante: el ser humano puede convertirse en una amenaza para sus semejantes, especialmente cuando no existen normas que limiten ese comportamiento. Pero ¿qué ocurre cuando esas normas sí existen? ¿Puede una sociedad convertirse igualmente en un espacio de control y violencia? Y, sobre todo, ¿cuánto estamos dispuestos a sacrificar de nuestra libertad cuando la amenaza parece justificarlo?
Bajo esta reflexión, la convivencia deja de ser únicamente un espacio de protección para convertirse en un lugar donde el miedo y la desconfianza aflora aquello que pretendían contener. En ese terreno se mueve Eixam, ópera prima del cineasta Óscar Bernàcer, un thriller rural que nos lleva hasta una aldea aislada donde un grupo de personas que han quedado al margen de la sociedad encuentra una segunda oportunidad en una comunidad autosuficiente.
Hasta allí llega Lluc (Pablo Molinero), un hombre que, aferrado a la posibilidad de empezar de cero, logra integrarse poco a poco en un sistema basado en la convivencia, el trabajo colectivo y unas estrictas normas comunitarias. Sin embargo, pronto el refugio comienza a revelar sus grietas, dejando al descubierto las contradicciones de un sistema que, para perpetuarse, necesita controlar a quienes lo integran y silenciar a quien lo amenaza.
Bernàcer construye Eixam desde una aparente calma. La película necesita primero que el espectador se familiarice con ese pequeño universo, comprenda sus reglas y llegue incluso a compartir la sensación de que quizá Malpàs pueda ser ese lugar donde empezar de nuevo. Y precisamente por eso resulta tan eficaz el progresivo cambio de tono de la película. Primero queremos quedarnos en Malpàs; después, queremos salir.
La película acierta especialmente en la manera en que administra toda la información. Eixam no tiene prisa por explicar quiénes son realmente sus personajes ni qué hay detrás de cada una de sus decisiones. El espectador debe completar algunas piezas del rompecabezas, y esa incertidumbre contribuye a mantener la sensación de que siempre hay algo que todavía no conocemos de ese lugar. El guion sostiene así buena parte del progresivo viraje hacia el thriller, cuando la película comienza a jugar con las expectativas y ofrece momentos especialmente perturbadores. Es entonces cuando aflora una de sus ideas más incómodas: la violencia no siempre aparece como una anomalía; en ocasiones, es lo que permite mantener unida a una comunidad.
La película no cuestiona la necesidad humana de pertenecer, sino el precio que estamos dispuestos a pagar por hacerlo. En ese conflicto, Pablo Molinero funciona como nuestro principal punto de entrada a la comunidad, mientras que Alba (Cristina Fernández Pintado) encarna la figura de la auténtica abeja reina: aquella que incorpora nuevos miembros, establece las reglas y decide quién puede formar parte del sistema. La paradoja es evidente: quien protege la comunidad es también quien concentra el poder para decidir sobre la vida de quienes la integran.
Pablo Derqui (Dos) ,por su parte, destaca especialmente cuando la aparente calma se rompe y aflora toda la violencia contenida en este particular ecosistema. El resto del reparto coral cumple una función especialmente delicada: construir personajes de los que conocemos poco sin convertir esa falta de información en un vacío. Son habitantes de una comunidad cuyas historias personales ayudan a entender que nadie ha llegado hasta allí completamente limpio de su pasado.
Como primera incursión de Óscar Bernàcer en el largometraje de ficción, Eixam demuestra una dirección solvente y supone una grata sorpresa por su apuesta por el cine de género como vehículo para hablar de cuestiones sociales más amplias. Pero no todo alcanza la misma intensidad y algunos personajes quedan inevitablemente más esbozados que desarrollados. El guion tampoco mantiene siempre el mismo equilibrio entre el misterio y la explicación. Sin embargo, el conjunto funciona porque no pretende convencernos de que estamos mejor solos ni de que toda comunidad está condenada al fracaso.
En tiempos marcados por la incertidumbre, la desconfianza y la búsqueda constante de seguridad, las preguntas siguen siendo tan válidas como al principio. Quizá el verdadero peligro no sea descubrir que el hombre es un lobo para el hombre, sino comprobar que a veces estamos dispuestos a entrar voluntariamente en la jaula si alguien nos promete que dentro estaremos a salvo.



