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Crítica- ‘Todo es una mierda’

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Título: Everything Sucks!

Año: 2018.

Duración: 30 min.

País: Estados Unidos.

Dirección: Ry Russo-Young.

Guion:Ben York Jones, Michael Mohan.

Música: Hrishikesh Hirway.
Fotografía: Elisha Christian.

Reparto: Patch Darragh, Peyton Kennedy, Jahi Di’Allo Winston, Rio Mangini,Sydney Sweeney, Max Huskins, Calvin Pearson, Abi Brittle, Jalon Howard,Nicole McCullough, Claudine Mboligikpelani Nako, Connor Muhl,Zachary Ray Sherman, Elizabeth Tyler Creach, Sunday Manisto-Saari,Katie O’Grady, Andy Sims, Sterling Beaty, Anjini Taneja Azhar, Colton Baumgartner,Betsy Baxter, Jeb Berrier, Audrey Boos, Kasey Brown, Peter James DeLuca,Cade Guerins, Dylan Hall, Rosario Maggio, Lien Mya Nguyen, Luke Schuck,Kevin Michael Watson, Sarah Winsor, Megan Yacapin, Quinn Liebling.

Género: comedia, drama.

‘Todo es una mierda’ o Everything Sucks es la nueva serie del gigante Netflix. La tragicomedia de diez episodios está dirigido por Michael Mohan y Ry Russo-Young y está protagonizada por un conjunto de jóvenes actores que convierten los casi veinticinco minutos de los episodios en la estancia más amena y entretenida frente al televisor.

Patch Darragh, Peyton Kennedy, Jahi Di’Allo Winston, Rio Mangini,Sydney Sweeney, Max Huskins, Calvin Pearson, Abi Brittle, Jalon Howard,Nicole McCullough, Claudine Mboligikpelani Nako y Connor Muhl encabezan el reparto que cuenta una historia ambientada en Oregon, en 1996, donde dos grupos de adolescentes inadaptados, el club de audiovisuales y el club de teatro del instituto de Boring, se enfrentan al paso a la madurez.

La crítica ha sido bastante mixta y se ha llegado a comparar con la aclamada Stranger Things. No obstante, lo único que tienen en común puede ser la espectacular ambientación de la época. Everything sucks introduce en el año 1996 a la perfección. Las paletas de colores, el vestuario, las referencias a la música, el cine y la literatura del momento, y sobre todo, la ausencia de lo relacionado con las nuevas tecnologías la hacen muy agradable a la vista. Los personajes son muy diversos, en un principio puede parecer que las tramas son las típicas sacadas de los dramas diarios de unos muchachos que comienzan el instituto e intentan integrase con los veteranos, sin embargo, el tratamiento de esos detalles cotidianos, la profundidad con las que se llevan a cabo ponen de manifiesto el gran trance que supone pasar de la niñez a la adolescencia.

En cuanto a esto, hay tres personajes que destacar, aunque los demás no tienen desperdicio alguno.

Emaline Addario (Sidney Sweeny), veterana y líder del club de teatro. Mantiene una relación tóxica con Oliver, un apuesto adolescente que sueña con ser actor y vive bajo la premisa de que un verdadero artista no necesita familia y amigos, es egoísta y amenaza constantemente con que su estancia en Boring será temporal. Esto, ocasiona muchas discusiones y malos tragos a Emaline que acaba convirtiéndose en “la novia de” y anteponiendo sus deseos a todas las necesidades y caprichos de Oliver. Así pues, su personaje comienza siendo una mean girl de la época y evoluciona de forma brutal.

Kate Messner (Peyton Kennedy), estudiante de segundo año e hija del director del instituto. Este último dato hace que esté en el punto de mira, algo que no ayuda porque es una persona muy tímida. Arrastra un pasado desolador y cuando un chico se fija en ella se ve obligada a salir con él ya que se encuentra pasando por una crisis de identidad sexual. Ser lesbiana o no, en un pequeño pueblo de los noventa, cuando tienes catorce años no es nada sencillo. Messner no debe enfrentarse solo a ese debate interno sino a los rumores y al temor de ser juzgada por una sociedad que aún no concibe la homosexualidad como lo que es, algo natural.

Por otro lado, Luke O’Neil (Jahi Di’Allo Winston), el valiente que pide salir a Kate Messner. Luke vive con su madre desde que su padre les abandonó cuando era un bebé. Debido a las circunstancias pasa por un corazón roto, abrazar la nueva relación sentimental de su madre y los estragos que supone indagar en la marcha de su progenitor. Sin duda, Luke y Kate, son las grandes estrellas del drama que construyen y superan juntos. Es palpable la dureza de las situaciones que viven de manera individual y colectiva. Queda claro que no son nimiedades. Se realzan valores como la humildad, la amistad, la generosidad y lo más importante, no todo es blanco o negro. Una de las frases más cautivadoras de la trama dice que “todos somos los héroes de nuestras propias historias sin saber que, probablemente, seamos los villanos en la de otra persona”.

Fresca, diferente y muy suya, así es como describiría ‘Todo es una mierda’. La cual, espero, pueda disponer de una segunda temporada.

Lo mejor: el desarrollo de las historias de los personajes.

Lo peor: hace un intento de comedia que no se consolida.

Nota: 8

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