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Crítica – ‘Destello bravío’

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Título original: Destello bravío

Año: 2021

Duración: 98 min.

País: España

Dirección: Ainhoa Rodríguez

Guion: Ainhoa Rodríguez

Música: Paloma Peñarrubia, Alejandro Lévar

Fotografía: Willy Jáuregui

Montaje: José Luis Picado

Reparto: Guadalupe Gutiérrez, Carmen Valverde, Isabel María Mendoza

Productora: Tentación Cabiria

Distribuidora: Filmin

Género: drama, surrealismo

Un fotograma de ‘Destello bravío’ con algunas de sus actrices protagonistas.

Atardecer, o anochecer, en un lago de Extremadura. En la orilla un coche y dos mujeres que bailan, desquiciadas, libres, que insultan al aire y a todo, que se abrazan y caen al suelo. El sonido del ambiente, de los grillos y la noche, cada vez más ensordecedor. Así empieza Destello bravío, el debut de Ainhoa Rodríguez que ha llegado este viernes a nuestras salas después de triunfar en el Festival de Málaga, donde se premió su montaje y recibió el Premio Especial del Jurado.

La película, que también participó en el Festival de Rotterdam en febrero, es una obra inclasificable que hipnotiza a su público y, ya desde esa primera secuencia, lo sitúa en un trance mágico de costumbrismo extremeño bañado en surrealismo. La apuesta de Rodríguez es algo realmente único, y demuestra la inmensa variedad temática y formal del cine que se hace en España (especialmente aupada en los últimos años por Filmin, que se encarga de la distribución en cines de la película, así como de la otra gran triunfadora en el certamen malagueño, El ventre del mar, de Agustí Villaronga).

Destello bravío cuenta la historia de un grupo de mujeres de un pueblo extremeño de los que están al borde de la desaparición, de los que nadie se acuerda pero que, de alguna forma, siguen existiendo, donde las sombras ocultan rincones tanto del día como de la noche. La película de la debutante, natural de la misma zona donde ahora ha rodado, reivindica a estas mujeres como seres humanos sintientes, que sufren y gozan, que están vivas en este momento.

Ainhoa Rodríguez, directora, y Lluís Miñarro, productor, en la presentación de ‘Destello bravío’.

Y es que, aunque la película crea una apariencia de distancia de sus personajes, es una obra tremendamente humanista, donde sí, la directora deja que florezcan sus obsesiones con Lynch, Lovecraft, Fellini o Giorgio De Chirico, pero donde también crea un lenguaje propio en el que los muchos adornos formales no se anteponen al hecho de que estamos viendo a personajes ahogados, como si toda la película tuviese lugar en un pueblo al fondo de un lago.

Los planos largos, las coreografías pausadas, los colores apagados y, sobre todo, la construcción realizada a través del sonido y el montaje (hay una mención específica en los créditos a la creación sonora de Eva Valiño y Alejandro Castillo) contribuyen a que las historias de estas mujeres atrapen al espectador y lo hagan sentirse dentro de la escena. Rodríguez ha convertido el rural extremeño en una leyenda que nace del olvido.

Nota: 8/10

Lo mejor: la atmósfera que crea y envuelve al espectador en la historia.

Lo peor: el ritmo lento y la mitología tan característica pueden alienar a algunos espectadores.

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