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Crítica – ‘Black Beach’

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Título original: Black Beach

Año: 2020

País: España

Dirección: Esteban Crespo

Guion: Esteban Crespo, David Moreno

Música: Arturo Cardelús

Fotografía: Ángel Amorós

Reparto: Raúl Arévalo, Candela Peña, Paulina García, Melina Matthews, Luka Peros, Amber Williams, Emilio Buale, John Flanders, Kristof Coenen, Jimmy Castro, Bella Agossou, Julius Cotter, Fred Adenis, Olivier Bony, Babou Cham, Fenda Drame, Jose María Chumo, Claude Musungayi, Dairon Tallon, Teresita Evuy, Lidia Nene, Mulle Jarju Salvador, Aída Wellgaye, Sabrina Lopez Leonard

Productora: David Naranjo Villalonga, Lazonafilms, Macaronesia Films, Scope Pictures

Género: Thriller | África. Secuestros / Desapariciones

Ficha en FilmAffinity

Black Beach, la nueva película de Esteban Crespo (Amar) sobre un importante ejecutivo que regresa a un país africano donde vivió un tiempo siendo joven a resolver un conflicto que tiene que ver con un secuestro que afecta a los intereses de una petrolera, es un thriller que se aleja mucho de ser consciente del mundo que retrata.

Durante la rueda de prensa de la película, los miembros del elenco, sobre todo su flamante protagonista Raúl Arévalo y Candela Peña, que presentaba su segunda película en el pasado Festival de Málaga, afirmaron varias veces el poder transformativo que el rodaje en el continente africano había tenido sobre ellos, sobre su forma de ver la vida. En una entrevista memorable por todos los motivos erróneos, Arévalo mencionó que había visto cosas peores en El Palo, un conocido barrio de Málaga, que en la capital de Ghana.

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Candela Peña y Raúl Arévalo en ‘Black Beach’.

Las declaraciones ya son suficientes para que más de uno busque una mirada amiga con la que compartir la incomodidad. La película no hace más que cimentar esa sensación. Black Beach evita en todo momento afirmar en qué país se sitúa la acción, aunque no le falta un precioso abanico de eufemismos (a veces es “una isla con mucha selva” o una “gran república democrática”, otras “el sitio más machista y más homófobo del mundo”), como tampoco un príncipe africano que se dedica exclusivamente a organizar fiestas y vender territorios a empresas que lo explotan en beneficio de otros países (¿de verdad esto es todo lo que el cine español puede ofrecer a Emilio Buale?).

Este rechazo a localizar el país es llamativo, cuando la película coge su nombre de la prisión de Black Beach (Playa Negra), un lugar real, cuyo nombre es exactamente este, situado en Guinea Ecuatorial, reconocida por su trato vejatorio y negligente con los presos, a los que se niega la asistencia médica y donde apenas hay acceso a comida.

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Raúl Arévalo, protagonista de ‘Black Beach’.

El resto de África en la película, rodado entre Ghana, Canarias y Toledo, es un lugar que funciona como escenario de la aventura africana de Arévalo y Peña, quienes visitan varios pueblos en busca del supuesto secuestrador, antiguo amigo de Arévalo durante su estancia en el país.

Exactamente cuál es el papel del protagonista en el conflicto no queda demasiado claro: se supone que llega allí porque es un amigo del secuestrador, pero el no sabe quién es hasta que le facilitan un informe, e incluso entonces afirma que este hombre “no se metía en política”.

Quizá el mayor problema de Black Beach es que nunca llega a abrazar del todo la absurdez de su premisa. Es obvio que no busca la denuncia social, porque si lo hiciera… no habría apostado por este país abstracto fabricado con clichés del imaginario social de África. Pero tampoco se decide a ser completamente una película de acción.

Ni sus momentos dramáticos terminan de funcionar, ni su giro sorpresa del tercer acto, ni la metáfora bruta de que siempre llevamos nuestros pecados pasados o nuestras experiencias a cuestas. El mayor error de Black Beach es que se esfuerzo tanto en parecer una película de verdad, que termina convirtiéndose en una mirada artificial y cínica a un mundo que construye de forma exclusiva para que su historia se desarrolle en él.

Lo mejor: Rodar en lugares reales, sea Canarias o Ghana, le da una textura interesante a la película.

Lo peor: Se mantiene a una distancia de seguridad de todos los temas controvertidos y al final llega a resultar aburrida.

Nota: 4/10

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