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Crítica – ‘A 47 metros 2’

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A 47 metros 2
Fotograma de 'A 47 metros 2' de Johannes Roberts

Título original: 47 Meters Down: Uncaged

Año: 2019

Duración: 89 min

País: Estados Unidos

Dirección: Johannes Roberts

Guion: Ernest Riera, Johannes Roberts

Música: Tomandandy

Fotografía: Mark Silk

Reparto: John Corbett, Nia Long, Sophie Nélisse, Corinne Foxx, Sistine Rose Stallone, Brianne Tju, Davi Santos

Productora: thefyzz

Género: Aventuras, terror

Ficha en Filmaffinity

A 47 metros 2 es uno de los productos audiovisuales menos recomendables de este 2019. La nueva película de Johannes Roberts, segunda parte de su peculiar diptico slasher submarino, no regala al espectador ese frescor y atrevimiento formal que su tráiler prometía. Lo que se presenta como la posible renovación de un subgénero acaba convirtiéndose en una insensiblemente mecánica imitación de las fórmulas mil veces ya utilizadas con anterioridad. No es sólo que la película no suponga una evolución respecto a su antecesora, es que ni siquiera logra mantener su no demasiado exigente nivel.

Lo más rescatable del filme es esa placentera aunque fugaz sensación inicial que uno siente al creer que está a punto de ver un casi fetichista pastiche de Jaws e Indiana Jones con un toque del terror cósmico de Alien. Por desgracia, conforme avanza el metraje es inevitable llegar a la conclusión de que ni Spielberg ni Scott aceptarían la custodia de este hijo bastardo. Ninguno de estos elementos encuentra su razón de ser. Todo el potencial que los elementos arqueológicos podrían aportar al conjunto de la cinta a nivel de puesta en escena, iluminación o coreografía se deja completamente de lado. En su lugar, Roberts decide presentarnos un escenario tan homogéneo que parece temer explorarse a sí mismo.

A 47 metros 2
Fotograma de ‘A 47 metros 2’ de Johannes Roberts

A nivel argumental, A 47 metros 2 construye una trama dramática exclusivamente para dejarla en un segundo plano, lo cuál me parece un movimiento respetable. No pretende explayarse en exceso en la faceta psicológica de los personajes porque prefiere considerarse a ella misma un tren de la bruja. Lo importante no es el relato, sino el espectáculo y la adrenalina. El problema empieza cuando Roberts tampoco consigue que su trama temática resulte frenética ni estimulante. La acción acaba siendo extremadamente repetitiva a la par de confusa. Todos los sobresaltos son anodinos porque no dejan de ser ecos del primero.

La película acaba convirtiéndose en un bucle de secuencias casi indiferenciables que hacen de esta una experiencia difícil de digerir. No obstante, es cierto que encontramos alguna que otra escena destacable, sobre todo cuando Roberts busca explorar la faceta más desenfadadamente slasher de su producto. Si la saga pretende convertirse en un tríptico, necesita que su último panel pierda el miedo a probar nuevas fórmulas. Porque, al igual que ocurre con los tiburones, quién deja de nadar hacia adelante, muere.

Lo mejor: Esa placentera sensación inicial que uno siente al creer que está a punto de ver un casi fetichista pastiche de Jaws e Indiana Jones

Lo peor: Esa sensación de estar dentro de un desesperantemente repetitivo tren de la bruja

Nota: 3,5/10

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