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Y después de ‘Juego de Tronos’, ¿qué?

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Si uno sube a lo alto del Muro, y mira hacia abajo, tiene dos opciones: orinar, como haría Tyrion, o sentir un fuerte vértigo ante el gran abismo que se abre ante tus pies. Ese vértigo es el que recorre el gran mercado televisivo que está moldeando la nueva era del audiovisual ante el esperado y temido final de Juego de Tronos. Porque, ¿qué habrá después? ¿Quién será la heredera para sentarse en el trono? ¿Cómo acabará el juego de series en el que nos encontramos inmersos?

Juego de Tronos ha hecho historia. La adaptación de la gran novela río de George R.R Martín para HBO ha llevado la batuta sobre cómo producir y consumir series en el siglo XXI. El reinado de Juego de Tronos ha sido próspero para todos, tanto para los propios como a la competencia.

Desde su primera temporada en 2011, la serie ha abierto las puertas de HBO superando al fin a su nicho – que bien había trabajado en la primera década los 2000 con The Wire y Los Soprano – para dar la bienvenida a un público masivo, nuevo y ansioso por nuevas historias. Mientras, la competencia se relamía los labios porque había descubierto que la ficción era un enorme filón, y que si tras cada estreno de un episodio de Juego de Tronos, la serie se convertía en el tema de conversación de todos, ¿por qué no lo harían con sus propias producciones? Y tenían razón: llegó Netflix. Y el resto es historia. Comenzó el juego de series.

Pero cuando el rey deje el trono – por suerte, no lo han asesinado y morirá feliz en el lecho – el asiento, tan irresistible, quedará vacío. Y he ahí la paradoja. Juego de Tronos es un regalo envenenado; una bendición y maldición al mismo tiempo. Con su marcha, todos querrán hacerse con su hueco, pero ahora el contexto es otro, y quizá el tiempo de los reyes haya pasado.

Pocos sospechaban cuando arrancó ‘Juego de Tronos’ del gran fenómeno que se estaba formando.

En un mundo tan competitivo con una oferta de contenidos y plataformas que genera atragantamiento, la guerra está servida y los candidatos a rey se arremolinan. Juego de Tronos será la última serie en reinar. Nació en un contexto idóneo para ello. Diez años antes, y no se la habría tomado en serio. Diez años después, y hubiese quedado sepultada y eclipsada. La gran serie de HBO será la última gran serie global en un contexto cada vez más globalizado.

Tras el final de Juego de Tronos el próximo 19 de mayo se pondrá el broche a una época que ya está dando sus últimos coletazos de vida. HBO tratará con sus nuevas producciones mantener el ritmo de sus rivales mientras reclama su derecho sanguíneo al trono: mantener esa gran audiencia y evitar su fuga en masa será la prioridad para esta plataforma. Watchmen parece que será una de sus grandes apuestas para el relevo, pero, ¿será suficiente?

Mientras Netflix tentará este público sin dueño con sus grandes apuestas como The Witcher, aunque al final sus victorias serán a cuenta gotas, con apuestas de rápida consumición, desordenadas y rápidamente olvidables, como viene siendo su tónica con La Maldición de Hill House, 13 reasons why…o You. Amazon luchará por el trono con su versión de El Señor de los Anillos, Disney sacará a todas sus tropas con The Maldalorian de Star Wars y sacará jugo al fenómeno Marvel mientras Apple pisa fuerte con su propio catálogo. Se avecina un choque de reyes, aunque el tiempo de los reyes haya ya acabado. Las grandes series que nos fascinarán ahora serán rápidos chispazos de genialidad frente a la calma y el reposo de la periodicidad semanal.

‘The Mandalorian’ es una de las grandes apuestas de la nueva plataforma de Disney

Una de las características más importantes que hizo al contexto de Juego de Tronos ser tan favorable fue la capacidad de HBO para la coción a fuego lento. HBO se ha identificado por sus apuestas a largo plazo (aunque esto esté ahora en peligro), esas que ponen a prueba la paciencia de un público consciente de este riesgo y que lo asumían casi con veneración. Pero la decisión de dejar atrás a ese público de nicho para entrar en el juego de series tiene sus consecuencias. Se antoja difícil que una serie ahora, tenga detrás la plataforma que tenga, decida aguantar y renovar temporadas sin tener un rédito inicial importante. El ritmo de consumo con estrenos semanales comienza además a encajar más en vitrinas de museos que en este nuevo mundo, y eso descoordinará a un público con más libertad de elección, pero mucho más fragmentado y ansioso.

Con la marcha de Juego de Tronos despediremos a un titán de otro tiempo, a una leyenda viva de nuestro pasado que ayudó a sentar las bases de un mundo que ya no le pertenece. Será tremendamente interesante ver a esas “la nueva Juego de Tronos” con lo que seremos machacados. Juego de Tronos ha abdicado. ¿Quién se atreve ahora? 

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