Inicio El Filmeconomista Series que son un buen negocio (VIII): para no hacerse el sueco

Series que son un buen negocio (VIII): para no hacerse el sueco

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Acción, 'startups' tecnológicas y música hiphop en 'Dinero fácil'

En alguna otra ocasión ya se ha aludido al buen hacer por aquellos gélidos lares. En esta oportunidad, nos referimos a Suecia como un buen productor de series de temática social de rabiosa actualidad. Ofreciendo una cuidada estética, buena producción y mejor guión. Una vez más, desmitificando la perfección social nórdica y ahondando en reflexiones socioeconómicas relevantes, así da gusto “hacerse el sueco”.

Cuatro propuestas de lo más digeribles, miniserie o serie de pocos episodios, ¿¡para qué más si está todo bien contado!? Lo contrario sería engañar al espectador innecesariamente como esas series de odioso relleno de capítulos y tramas secundarias de lo más prescindibles. Afortunadamente, no es el caso.

No nos podemos desentender de ciertos problemas acuciantes, teniendo en cuenta la vorágine de las redes sociales y otros aspectos sociales. Por ello, ahondaremos en temáticas controvertidas en las que en ninguna de las series que se citan a continuación “se hacen los suecos”, aportando un valioso análisis crítico y reflexivo.

Fotograma de ‘Califato (Kalifat)’: « – ¿conoces el islam? – no, sólo sé por youtube »

Y es que, ¿hay algo más de actualidad –aparte de la sempiterna pandemia– que la radicalización de islamistas? Talibanes de vuelta a escena, o los Daesh o ISIS de hace escasos meses con el interminable conflicto en Siria y la región. Ese asunto está más que bien tratado en Califato (Kalifat) (Wilhelm Behrman, 2020).

De gran impacto social son los bulos y vídeos difundidos por redes sociales, en este caso para la captación de nuevos fanáticos y mujeres para la causa radical islamista. Desde una perspectiva bidireccional entre Siria y Suecia, ésta última con una gran controversia acerca de los problemas de integración en su sociedad multicultural de segundas y terceras generaciones de inmigrantes. Una dramática y trepidante serie.

Hashtag (Anders Hazelius, 2016) está también en la línea de los peligros de las nuevas tecnologías entre los jóvenes. Sin embargo, no está relacionado con la radicalización religiosa de los protagonistas. Esta miniserie trata un incidente verídico que convulsionó a Suecia con unas adolescentes de Secundaria. Ciberacoso a través de blogs e Instagram, difamación en redes, la idealización de la figura del influenciador (‘influencer‘). Cuando aparentar, trolear y el postureo lo es todo…

La fama parece ser esencial para la autoestima de personas con una madurez todavía en proceso de formación. Hasta qué punto ciertos malentendidos a través de una red social pueden llegar a magnificarse provocando disturbios, linchamientos y otros agravios como injurias y difamaciones. Todo en unos breves e interesantes capítulos.

De relaciones conflictivas versa también Arenas movedizas (Per-Olav Sørensen, 2019). Un asesinato, celos, relaciones tóxicas de adolescentes con problemas estructurales de familia. Niños bien, de estrato social tirando a ricos, pero con problemas incluso mayores que los del resto de los mortales.

Algunas escenas además notables con debate sobre el modelo de la economía, los impuestos e inmigración. Ese es quizá el punto más sugerente de estas producciones. Siempre poniendo en solfa ese presunto correccionismo político sueco. La intolerancia y el racismo en la sociedad sueca con inmigrantes se encarna en uno de los dos tortolitos protagonistas de la serie.

Por último, la recomendable Dinero fácil (‘Snabba Cash’) (Jesper Ganslandt y Måns Månsson, 2012). Puede que sea la menos relevante desde el punto de vista crítico de las cuatro, pero no cabe duda de que tiene gancho y diversión. Es atractiva ya desde el arranque con una intro pegadiza a ritmo de vídeo musical.

La estética y la acción de tipos barriobajeros en un entorno multicultural (tema recurrente para los suecos) aporta buena dosis de acción. La protagonista asimismo se ve envuelta en otros entornos tóxicos como los del mundo de las inversiones en empresas emprendedoras (‘startups‘). Resultará tan poco confiable e igual de peligroso un pandillero a ritmo de hiphop como un moderno emprendedor gafapasta con su argot ‘gugueliano’. Ambos entornos mostrarán lo peor de una ambición desmedida por el enriquecimiento rápido, más por lo criminal que por lo civil.

Y lo mejor de todo, para disfrutar de estas series no hace falta devorar albóndigas con mermelada a lo sueco ni mucho menos…Así que, buen provecho seriéfilo.

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