Series que son un buen negocio (LXXXI): ‘Steal, El robo’ de las pensiones

La miniserie británica de El robo (Steal) ha logrado con sus giros de guión que dos rutinarios oficinistas experimenten el verdadero riesgo y la adrenalina en sus vidas. Al margen de interminables hojas de cálculo y numerología. Dejando atrás las grandes desigualdades en el sector en términos de responsabilidades, salarios y prestigio. Convirtiéndose en auténticos protagonistas por una vez. No sin cierta deshonra. Además de sugerirnos algunas reflexiones más allá de tan suculento botín.

Estos analistas de inversiones del departamento de operaciones en una gestora fiduciaria de fondos de pensiones suben sus pulsaciones fulgurantemente. Sin contar con los festivales que se dan en el ‘afterwork’ londinense. Trabajar en una firma del distrito financiero de la ‘City’, está lejos de ser un camino de rosas por muchas ilusiones o expectativas que se puedan presuponer. No deja de ser una labor donde «la clave es no diñarla de aburrimiento». Los personajes de Industry son un claro ejemplo al recurrir a diversiones varias, más bien peligrosos vicios, para evadirse del agujero negro de existencia vital en el que terminan sumidos por las innumerables horas de trabajo, el estrés y las frustraciones.

Quizá por eso estos dos compañeros se ven inmersos en un espectacular atraco, con ese primer sexto de la serie, que anticipa una buena intriga que combina acción y tramas financieras. Principalmente una buena dosis de acción, que incluye ese asalto a las oficinas de la firma gestora de fondos de pensiones, recordando a las buenas escenas del subgénero de robos y atracos que tan bien funcionan en pantalla.

Sin embargo, las investigaciones policiales y los devaneos con el espionaje gubernamental y corporativo convierten en un enredo la historia. No culmina en ningún mensaje nítido que permita extraer reflexiones económicas de cierto calado. Por ello, se desconoce si la intención exclusiva era la de ofrecer una divertida y trepidante intriga de atracos, o proponer reflexiones interesantes.

Acongoja ver lo sencillo que resultaría robar cuatro mil millones de libras. Un par de empleados dándole a una teclita en una aplicación software de gestión interna, y se puede transferir el dinero de una cuenta a otra sin ningún tipo de control exagerado. Unos neutrones electrónicos que van de un lado a otro. La vulnerabilidad de la tecnología por la que fluyen las (inventadas) unidades monetarias… Un ‘enter‘ y el depósito para pensiones de miles de trabajadores del Reino Unido, se evapora en un USB, en una cartera de criptos, o aparece en otra cuenta al instante cuando no en una ‘offshore‘.

 

En ciberataques o hackeos como los de Mr. Robot o Startup ya daba la impresión de que desarmar todo el tenderete no requería de una acción tan sofisticada. Sin duda, además de la gran mentira del dinero FIAT, se pone en evidencia lo burdo y desahogado que es el mundo financiero. El capitalismo financiero contemporáneo permite que cualquiera con desparpajo y cierto conocimiento de los procesos pueda ejecutar semejantes atracos. Y no necesariamente tiene porque ser un político.

De cualquier forma, si la intención era poner de manifiesto la fragilidad del sistema de pensiones o la vulnerabilidad del capital financiero, se podían haber esmerado un poco más desarrollando algo más la propuesta. Hasta Ben Stiller y Eddie Murphy en la entretenida comedia Golpe de altura se toman más en serio la reivindicación de derechos, y su buena revancha. Toda la vida trabajando, y aportando religiosamente diezmos y primicias, para luego que te dejen sin nada. Veremos qué ocurre si algún día se desmonta el frágil esquema piramidal de las pensiones en los sistemas públicos. Ponzi no diferencia entre público o privado.

Es posiblemente la objeción principal a esta divertida miniserie de seis capítulos. Cuenta con su buen arranque de cierta espectacularidad merced a ese primer episodio adrenalínico de asalto a las oficinas, pero enredándose en demasía en persecuciones e investigaciones policiales. En consecuencia, hay cierto batiburrillo de agentes Mi5, policía especializada en delitos financieros y las propias pesquisas de los protagonistas. Prácticamente, hasta el último episodio, no queda desvelada la orquestación de todo el plan por parte de una especie de Satoshi Nakamoto. Una motivación moral de un supuesto activista social, ex financiero de altos vuelos que reniega de su pasado exitoso, arrepentido de las consecuencias del perverso sistema financiero. Esta especie de analogía con el misterioso creador e impulsor de Bitcoin, hace de la moraleja de la serie un final algo poco elaborado, y vago. Por mucho que retratarlo todo como una gran estafa y una indecencia moral tenga cierto sentido revolucionario antisistema (monetario y financiero).

Dado que ese parece ser el desarrollo de la verdadera motivación de la trama financiera, sólo caben dos hipótesis: se viene otra temporada para estirar el chicle un poco más, o se les ha ido la mano en el guión, en algunos giros y se ha resuelto por la vía rápida.

Pistola, clic y transferidos los fondos (Fotograma: Amazon Prime Video)

Erradicar la pobreza e intentar cambiar el planeta, criticando el uso de tantos paraísos fiscales de unas autoridades británicas tan conniventes con todo ello, tampoco son mala premisa. Sin embargo, no se puede exponer en apenas 5 minutos de serie cuando la mayor parte de ella se ha dedicado a ir avanzando lentamente en desenmascarar a los participantes del robo, y no tanto del artífice del ‘masterplan’ y sus porqués.

Otro aspecto a tener en cuenta, es cómo Sophie Turner (Zara) junto con su compañero Lucca se dejan seducir por la banda organizada de ladrones. Aun siendo analistas de riesgos, acostumbrados a evaluar todo en su vida profesional (y personal) en términos de coste de oportunidad y riesgos. Esta operación sí les convence porque «el dinero tiene (siempre) un matiz moral». Todo el mundo tiene cuentas por pagar, deudas, sueños o ambiciones. El precio de cada cual varía según las necesidades acuciantes y desesperación del momento.

También es la atracción típica, la sombra de la corruptibilidad de aquellos que manejan dinero o lo ven pasar frente a sus ojos todo el tiempo. Una gran tentación, que en el caso de un político ya sabemos puede deberse a su caída accidental en la marmita de poción mágica como Obélix. Recientemente, han tratado ese matiz del dinero Ben Affleck y Matt Damon en la película El botín. Policías, esbirros de los narcos, hasta banqueros (no sólo en las películas) suelen manipular ingentes cantidades de billetes todo el tiempo. Hay una ilustrativa escena de Casino dónde se describe toda esta merma de dinero desde que se recauda en las mesas de juego hasta que llega parcialmente y manoseadísimo a la caja fuerte, finalmente.

En cualquier caso, El robo (Steal) es una divertida serie que permite estar en tensión con los personajes, y conectar con algunas de las leves aportaciones que ofrecen interesantes puntos de vista de la cruda realidad de los mercados financieros.