Si algo deja claro la miniserie Cassandra es que más de uno se va a plantear y replantear eso de instalarse un sistema avanzado de domótica. Nada de meter en casa asistentes virtuales o robots que vayan más allá de la aspiración o la cocción de una salsa para la pasta. Visto lo visto, por el propio bien de la salud física, y por asegurarse la estabilidad emocional…
Caben todas las consideraciones sociales y tecnológicas respecto de la inteligencia artificial, algo que sin duda busca reflejar la serie. Todo bajo una línea argumental y estética que recuerda al más puro estilo de Black Mirror. Pudiendo ser parte de alguno de sus capítulos, si pudiera sintetizarse toda en una única hora.
Además de todo ello, no podemos obviar que se trata de otra fabulosa intriga psicológica con su buena dosis de terror. Si ya es escalofriante que el asistente de turno (Alexa, Google Home o el que sea) se ilumine o esté en alerta simplemente al sentir unos pasos o una mínima respiración humana, imaginemos un sistema de domótica vintage de los años 1970. Con pantallas por doquier, y un robot de apariencia retro con un temperamento bastante particular. Quien se presenta e interactúa, omnipresente, dominando y manipulando a su antojo a los cohabitantes del hogar.
¿Qué tipo de examen de salud mental, psicotécnicos o habilidades sociales han de superar los programadores de estos aparatos, llámese algoritmos, robots o similares? En esta ocasión, el producto culmina en una madre/musa/robot dedicada, de carácter matriarcal hasta el extremo. Con una huella de los traumas causados por el dolor de una vida pasada (real) lánguida con demasiados desengaños. Enternecedora en algunos momentos, de no ser por la manipulación retorcida que ejerce el aparatito en cuestión. Un engendro experimental que una vez más es recurrente para mostrar algunas de las inquietudes que genera otorgar tanta autonomía a la robótica y la IA, y su accesibilidad a nuestras vidas y nuestros datos.

Las analepsis funcionan como nexo de unión entre las dos familias de la casa, la actual y la setentera. Una forma atractiva de relatar la historia de esta madre en el tránsito a sistema domótico. Detrás de toda aplicación tecnológica hay un trasfondo de algo o de alguien. Sin duda, es relevante el aspecto de la salud mental, y por ende la autonomía que adquiere la domótica Cassandra. Nada simple en esta inteligencia artificial de los 1970, made in Alemania. El argumento nos lleva de inicio a fin a desengranar todo ese desarrollo emocional de madre dedicada, a conversión en androide y evolución a sistema domótico de lo más tóxico. De una intensidad e impertinencia de nivel macabro.
Sin ser novedosa esta idea, el desarrollo de ambas historias familiares y las circunstancias de los personajes, ayuda a comprender ciertos aspectos de la esencia humana, el pensamiento y las emociones capturadas en Cassandra. La reflexión por tanto, no es baladí. Habrá que repensar antes de implementarlo en dispositivos de inteligencia artificial más o menos avanzados, las repercusiones de usar a estas madres/parejas sentimentales/ayudantes virtuales. Inquieta, y mucho, hasta al más pintado. Una buena advertencia acerca de las precauciones a tomar antes de elegir e incorporar los sistemas tecnológicos. Esos que tengan que velar por nuestro bienestar y por supuesto de nuestros datos.


