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‘Pequeño país’, infancia y familia rotas

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Título original: Petit pays

Año: 2020

Duración: 111 min.

País: Francia

Dirección: Eric Barbier

Guión: Eric Barbier

Música: Renaud Barbier

Fotografía: Antoine Sanier

Reparto: Jean-Paul Rouve, Isabelle Kabano, Djibril Vancoppenolle, Dayla De Medina, Tao Monladja, Ruben Ruhanamilindi, Brian Gakwavu, Kenny Hubbawive, Nelson Membe, Edouard Niyonteze, Elvis Nahimana, Veronika Varga, Joseph Amani Ndume, Chloé Gasaro, Benny Bumako

Productora: Coproducción Francia-Bélgica, Jerico, Super 8 Production, Pathé, France 2 Cinema, Scope Pictures, Petit Pays Film, Canal+, Ciné+, France Télévisions, SofiTVciné 7

Distribuidora: A Contracorriente Films

Género: Drama | Familia

Ficha en Filmaffinity 

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En esta adaptación de la novela con el mismo nombre se nos muestra a una familia rota. Una infancia perdida por culpa de un conflicto étnico, tribal, geopolítico o como quiera clasificársele. Un absoluto despropósito en definitiva. Desgraciadamente demasiado crudo y real.

La lucha encarnizada entre hutus y tutsis descompone la vida y la apacible armonía de una privilegiada familia africana. El aspecto interesante es que en esta ocasión no se ubica sólo en Ruanda, donde se produjo ese genocidio tan infelizmente conocido.

A priori la situación familiar y económica es idílica. El padre es un francés felizmente afincado en Burundi al cual le van bien los negocios. Ello les permite llevar una vida más que acomodada con servicio y lujos impensables para el africano medio. Sin embargo la madre es de origen ruandés, afincada y refugiada por su condición de tutsi. Preludio de que algo no marcha nada bien en una región históricamente tan dada a conflictos de terribles consecuencias.

Fotograma de este drama familiar

Una vez más vemos un estado fallido como consecuencia de la acción de mentes enfermizas que alientan conflictos, fratricidios y luchas tribales. Siempre mediante ridículas creencias sobre superioridades morales, estúpidas rivalidades o pseudo leyes genéticas absurdas. Todo para enmascarar luchas de poder a nivel local (y de grandes potencias extranjeras) para extraer y controlar recursos. Aplicable en ciertas situaciones cercanas y actuales de nuestro tiempo y latitud.

La historia parece avanzar a un ritmo algo anodino y lento por momentos. Mientras tanto la música folclórica africana va amenizando las escenas de felicidad de los protagonistas, puesto que la tragedia no tiene visos de aparecer. Al menos por los preadolescentes que disfrutan de sus amistades, con juegos e ilusiones…

La originalidad de la película respecto de otras más ilustrativas sobre este suceso histórico, radica en la perspectiva inocente y privilegiada de estos niños. Aunque la maldad y el odio lleguen incluso a influir en el comportamiento de las propias criaturas. Que la familia se vea trastocada del modo en el que lo hace, pese a lo aventajado de su situación (pasaportes europeos, recursos económicos), pone de manifiesto que nadie está libre de sufrir una desgracia en un entorno político tan inestable. La vida de los afectados cambiará completa e injustamente de rumbo, arrancando un pedazo de sus trayectorias vitales que no podrán recuperar.

Fotograma evidenciando los efectos colaterales del conflicto

La nostalgia con la que los protagonistas recuerdan esos momentos previos a la tragedia y cómo va acrecentándose el nido de avispas en el que se encuentran, son elementos narrativos potentes para mantener la expectación durante la película.

Siendo un drama familiar con escasas escenas bélicas o violentas, no obvia algunas reflexiones sobre el conflicto. ¿Dónde estaban las Naciones Unidas (ONU), la diplomacia y esa llamada ‘Comunidad Internacional’? ¿Y Francia?

Bien es cierto que en otras películas, las propuestas son mucho más exigentes y duras en las críticas con la ONU y en cómo reflejan la crudeza del conflicto. Para ello, es mejor adentrarse en las estupendas y recomendables Hotel RuandaDisparando a perros.

En este caso, tenemos una buena manera de profundizar en los sucesos de los años noventa desde un punto de vista más nostálgico que dramático o bélico. Que haya menos acción y apenas violencia en comparación con las antes citadas, no la hace menos interesante. Se apela más a la emotividad de esa etapa de la vida perdida y en cómo se rompen unos lazos familiares que parecían inquebrantables. En suma, una buena pieza para una especie de trilogía sobre el genocidio de Ruanda (y Burundi).

Pequeño país se encuentra en cines desde este 21 de mayo.

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Lo mejor: evidencia los efectos colaterales del absurdo de los tribalismos y sus barbaries, y la inacción de la Comunidad Internacional

Lo peor: anodina en algunos tramos, algo insulsa a pesar de los muchos ingredientes con los que cuenta la historia

Nota: 7/10

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Filmeconomista. Disfruto del séptimo arte, e intento continuar aprendiendo economía a través del cine: La Filmeconomía.

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