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‘Obi-Wan Kenobi’, no hay oasis en este desierto

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Título original: Obi-Wan Kenobi

Año: 2022

Duración: 6 episodios (45 min)

País: Estados Unidos

Director: Deborah Chow

Guion: Joby Harold, Stuart Beattie, Hossein Amini, Hannah Friedman, Andrew Stanton. Personajes: George Lucas. Historia: Stuart Beattie, Hossein Amini

Música: Natalie Holt, John Williams

Fotografía: Chung Chung-hoon

Reparto: Ewan McGregor, Hayden Christensen, Moses Ingram, Joel Edgerton, Bonnie Piesse, Vivien Lyra Blair, Kumail Nanjiani, Indira Varma, Rupert Friend, O’Shea Jackson Jr., Sung Kang, Simone Kessell, Ben Safdie

Productora: Lucasfilm, Walt Disney Pictures.

Distribuidora: Disney+

Género: Serie de TV. Ciencia ficción. Aventuras | Star Wars. Miniserie de TV

Ficha en Filmaffinitty

Vaya por delante la idea de que yo, en realidad, amo Star Wars. Es, como para tantas, mi saga favorita. E incluso, más allá de que me gusten bastante tanto las denostadas -en su día- precuelas como las criticadísimas -en la actualidad- secuelas de Disney, he visto, y disfrutado muchísimo, todas las series; ya sean las del microuniverso de The Mandalorian o las maravillosas y nunca suficientemente valoradas de animación. Digo esto porque creo, sin ningún atisbo de duda, que Obi-Wan Kenobi, la última adición a esta mágica franquicia, rivaliza con el episodio IX por ser el peor producto audiovisual de Star Wars.

Quiere uno creer que los mil y un problemas que ha atravesado esta producción durante todas sus etapas han tenido algo que ver. Al principio iba a ser una película, como Han Solo: una historia de Star Wars (Howard, 2018); luego se descartó tal idea debido a las malas críticas de ésta misma; después llegó la pandemia; más adelante se reformuló como serie para el formato Disney+, etc. O quizá tan solo es la falta de talento y de una ambición real de contar una historia que vaya más allá del fanservice. En cualquier caso, la serie es un desierto. Y no hay ningún oasis a la vista. 

Obi-Wan Kenobi narra las peripecias del otrora Caballero Jedi luego de que éste se exilie en el planeta Tatooine para vigilar a un niño Luke Skywalker. Cuando los Inquisidores, usuarios del Lado Oscuro de la Fuerza introducidos en la serie animada Star Wars Rebels (2014-2018) que trabajan para Darth Vader, encuentran a Leia, se ve obligado a salir de su escondite e intentar rescatarla. Así, los seis episodios nos llevan por un viaje que, al menos formalmente, continúa las líneas abiertas en El Libro de Boba Fett (2021); es decir, es un remiendo nostálgico con una puesta en escena herida de muerte, inexistente, incapaz de trasladar a imagen una sola idea decente. Incluso, la cosa va más allá. Porque si la serie del cazarrecompensas mejoraba con el transcurrir de los capítulos, dejando un resultado aceptable, Obi-Wan Kenobi es una caída cuesta abajo sin frenos.

Obi Wan Kenobi
Ewan McGregor carga sobre sus hombros con todo el peso dramático de la serie. (Foto: Disney)

Una de las grandes críticas que se le ha hecho en redes y en prensa es la relacionada con su acción. Que si es estúpida, que si está llena de agujeros de guion grandes como volcanes, etc. A priori, eso no debería suponer un problema: en la saga, las escenas de acción siempre tuvieron un punto cómico, de no tomarse demasiado en serio. El tema es que, además de que esta serie lleva eso al extremo más radical, haciendo que haya deus ex machina o escenas directamente ridículas a razón de decenas por episodio, está pésimamente dirigida.

Momentos tan grandes como un nuevo duelo entre Obi-Wan y Anakin están rodados con tanta desgana y con tan poca fuerza que parecen una caricatura paródica -y no muy bien hecha- de los referentes a los que aluden. Las precuelas y las secuelas podrán tener sus fallos, pero en comparación con Obi-Wan Kenobi son joyas maestras de la puesta en escena. Parece impensable que la misma gente que parió The Mandalorian haya bajado tantísimo el nivel. Pero así es. Así ha sido.

No obstante, la dirección de Deborah Chow no es la única espina. Y es que el guion también tiene lo suyo. Tiene algún detalle decente, sobre todo en cómo trata el drama del personaje –apoyándose en el grandísimo actor que es Ewan McGregor; ay, Ewan, pobrecito mío-, y en el vínculo emocional que forja con Leia (interpretada por Vivien Lyra Blair), que además es entrañable. Pero más allá de eso, la ignominia.

Obi-Wan Kenobi
La relación afectiva que desarrolla Obi-Wan con la pequeña y adorable Leia es lo mejor de toda la serie. (Foto: Disney)

Comenzando por los antagonistas: no es que en Rebels fueran una maravilla, pero los Inquisidores aquí son unos villanos de risa. Están todos sobreactuados, no sientes una amenaza real, no interesan, no sorprenden, no hacen nada. Pero la cosa es peor aún con Darth Vader: han conseguido convertir al villano, en mayúsculas, de la historia del cine, en un idiota más. Tantas -y tan malas- apariciones han hecho que verle sea ya algo rutinario, que ya no importe. Y además, ¿cómo va a resultar amenazante si no hace nada? Si no aprende, si no evoluciona, si pierde porque sí, si es un inútil; si parece, de nuevo, una caricatura de sí mismo. Una imitación mala que se limita a hacerle ver “poderoso” y ya está.

Y se entiende su aparición, claro. Del mismo modo que se pueden comprender todos los errores de la obra, al menos desde el punto de vista nostálgico-comercial. El tema es que, ya que estamos viendo esta serie, ojalá nos alegrara porque le encontramos algo de valor, porque es buena, porque hace algo distinto, y no solo porque es una concesión más a la nostalgia. 

La historia interesa más o menos, dado que es un regalo -envenenado- para nuestros niños interiores, pero la falta absoluta de ingenio, ritmo e imaginación no hacen más que lastrar una obra que, de no llamarse como se llama, no duraríamos ni un segundo en masacrar. Que prime esta medianía, este quedarse en una nada tan conservadora y, en el fondo, vacía, este contentarse tan solo con lanzar guiños y referencias para que las cacen los fans, en lugar de realizar un intento genuino de narrar algo nuevo con estos personajes, es algo que no puedo entender.

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Darth Vader apenas es una caricatura de sus anteriores apariciones en el metraje de esta serie. (Foto: Disney)

Sin intención de aleccionar, y por analizar un poco por qué demonios ha sucedido este desastre, creo que es una buena muestra de la tendencia de la cultura pop últimamente. Cada minuto de metraje que pasa en el audiovisual live action de Star Wars, a excepción quizá de la primera temporada de The Mandalorian, es una prueba fehaciente más de la razón que tenía Rian Johnson: todo minuto posterior a su Los últimos Jedi, un intento por boicotear lo que ésta cinta tenía de interesante y audaz. Es decir: un bochorno necrófilo que empeora a pasos agigantados y que va más allá de jugar fatal las cartas de la nostalgia.

No es que sea una política exclusiva de Star Wars o de Disney. Ahí tenéis ese otro gran desastre que es Jurassic World: Dominion para comparar. Como decía, la cultura pop está semisumergida en ese mismo estado comatoso, a vueltas con la nostalgia, pero eso no lo hace mejor. Y, en fin, por mucho que la serie pueda gustar -que lo está haciendo, y yo no puedo más que alegrarme por quienes la disfrutan: ojalá yo también estuviera en ese lugar- si lo que quieres es fanservice y apagar el cerebro, compararla en términos de calidad ya no con cualquier otra obra, sino con las historias previas de Star Wars, es una derrota apabullante. Si este es el camino, mal vamos.

En fin: ¿cabe tener fe en esta saga después de este puñetazo de realidad? Bueno, por no ser agoreros de más, lo cierto es que Andor, pese a tratar sobre un personaje más que secundario, tiene buena pinta. Igual que Ashoka, bajo la batuta del más que confiable Dave Filoni y prometiendo continuar con la expansión del universo que se hizo en la animación. Solo el tiempo dirá si son capaces de hacernos olvidar esta ardua travesía por el desierto. Hasta entonces, que la Fuerza nos acompañe.

Lo mejor: Ewan McGregor es un sol, y además un actorazo. Si él y Hayden Christensen han disfrutado del proceso tanto como dicen, eso que ganamos todos, oye.

Lo peor: todo.

Nota: 2’5/10

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