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‘Hasta la montaña’, dejar el mundo atrás

Título original: Bergers

Año: 2024

Duración: 113 min.

País: Canadá

Dirección: Sophie Deraspe

Guion: Sophie Deraspe

Reparto: Félix-Antoine Duval, Solène Rigot, Guilaine Londez, Bruno Raffaelli, Younes Boucif, Michel Benizri

Música: Philippe Brault

Fotografía: Vincent Gonneville

Género: Drama

Crítica en Letterboxd

Pertenecemos a una generación perdida. Perdida entre la hiperconexión permanente y la soledad más profunda. En la promesa constante de un futuro brillante que nunca termina de llegar. Entre la exigencia de querer serlo todo, y al mismo tiempo, no ser nadie.

En medio de esta vorágine de estímulos, ruido y expectativas ajenas, no resulta extraño que surja un deseo casi instintivo de desaparecer por un momento. Desconectar de todo y de todos. Cuando el mundo deja de ofrecer respuestas, comenzamos a buscarnos a nosotros mismos. Algunos lo hacen en las palabras, otros en el amor, y hay quienes encuentran en la naturaleza un refugio, una posibilidad de comenzar de cero desde lo más esencial.

Ese es el motor de Hasta la montaña, la nueva película de la realizadora canadiense Sophie Deraspe. El film sigue a Matías (Félix-Antoine Duval), un joven publicista que decide cortar de raíz con su vida anterior para iniciar una existencia como pastor en las montañas francesas. La historia se enlaza con ese sentimiento de ruptura generacional: la necesidad de escapar de lo impuesto por la sociedad para encontrar un sentido propio en la vida, lejos del ruido y las falsas promesas.

Deraspe dirige, con una mirada serena y honesta, un relato que respira autenticidad. La directora reflexiona y plantea la vida en el campo no como una fantasía escapista, sino como un proceso complejo, lleno de contradicciones, renuncias y evitando hacer una idealización romántica.

El campo no es un refugio, es un territorio que exige al protagonista confrontarse consigo mismo. El viaje físico y emocional de Matías se siente íntimo y veraz porque la directora muestra tanto la crudeza como la belleza de la vida pastoral: el esfuerzo, el aislamiento, la incertidumbre, pero también la conexión profunda con el entorno y el tiempo vivido sin artificios.

Las interpretaciones refuerzan esa sensación de verdad. Los actores transmiten con sutileza la complejidad de unos personajes que lidian con la soledad y la responsabilidad sin necesidad de subrayados dramáticos.  La cámara de Deraspe adopta una mirada discreta, dando espacio a silencios, miradas y gestos que hablan por sí mismos. El resultado son personajes atravesados por aspiraciones profundas, pero también por dudas y fragilidades que los vuelven cercanos y reconocibles.

En cuanto a detalles técnicos, la película destaca por su fotografía: imágenes que capturan la belleza austera de los campos y montañas que dialogan con el estado interior del protagonista. El ritmo deliberadamente pausado intensifica la sensación de mundo aislado y exigente. Y aunque en ocasiones esto ralentice la progresión de la narrativa, esa lentitud forma parte de la propuesta, obligando al espectador a habitar el tiempo del protagonista, a experimentar su transformación interior.

Hasta la montaña es un viaje contemplativo y emocional que explora la búsqueda de sentido en la vida moderna. Una obra que equilibra la belleza visual con la profundidad humana, dejando un poso de reflexión sobre lo que significa vivir realemente en un mundo que constantemente nos empuja a rendir y cumplir expectativas.

Hasta la montaña
Fotograma de ‘Hasta la montaña’ (Foto: Surtsey Films)
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Lo mejor: La autenticidad del relato y la belleza visual de los paisajes.
Lo peor: El ritmo pausado puede resultar demasiado lento para algunos espectadores.
7.5