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‘Gunda’ y la animalización del espectador

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Gunda

Título original: Gunda

Año: 2020

Duración: 93 min.

País: Noruega

Dirección: Viktor Kossakovsky

Guión: Viktor Kossakovsky, Ainara Vera

Fotografía: Viktor Kossakovsky, Egil Håskjold Larsen

Reparto: Documental

Productora: Coproducción Noruega-Estados Unidos; Louverture Films, Sant and Usant

Género: Documental

Ficha en Filmaffinity

La semana pasada se estrenaba en cines First Cow, la última película de la cineasta americana Kelly Reichardt, que ha conmovido a gran parte de la prensa internacional y que contaba el sueño americano a través de la llegada de la primera vaca a la región. Siguiendo la temática del reino animal e incluso la mirada intimista de Reichardt, llega este viernes 28 de mayo Gunda, una película (esta vez documental) sobre una familia de cerdos.

Lo especial de este filme es que se trata de un documental carente de narración que simplemente muestra el día día del mundo animal de una granja. La protagonista de la historia, una mamá cerda llamada Gunda, cuida de sus lechoncitos recién nacidos y les acompaña en sus pequeños descubrimientos. La cámara del cineasta ruso Victor Kossakovsky se adentra en la vida de estos cerdos -y también de otros animales como gallinas y vacas- para acompañar a estos seres en su camino hacia la vida.

Kossakovsky, conocido por sus poéticos documentales ¡Vivan las antípodas! y Aquarela, vuelve a la gran pantalla con Gunda, un puro ejercicio de observación animal. La película está co-escrita y montada por la cineasta navarra Ainara Vera y producida por el famoso actor Joaquin Phoenix (Joker).

Gunda

Kossakovsky decide mandar un mensaje a través de las imágenes sin caer en el activismo vegano y, simplemente, mostrando la belleza del mundo animal y sus imperfecciones. Desde una gallina con una sola pata intentando caminar, hasta unos lechones tomando leche de las mamas de Gunda, pasando por las lágrimas de unas vacas que se pastan por la granja. “Para mí, la esencia del cine es mostrar, no narrar”, comenta el director. “Permito al público sacar sus propias conclusiones. El cine documental es la herramienta ideal para enseñar lo que no vemos nosotros mismos o eso que no queremos ver”.

La cinta se acerca al slow cinema de cineastas como Béla Tarr que buscan llamar la atención del espectador mediante la forma de la película, más que su narrativa. Aunque, en cierto modo, el hecho de darle esa forma a la película, ya suponga una implicación narrativa (o antinarrativa).

El cineasta húngaro Bela Tarr comparte la visión de Gunda de no solo prescindir de diálogos, sino también de mostrar una imagen monocromática. Si bien la imagen de Tarr es más sucia, la de Kossakovsky es mucho más limpia y definida. Sin embargo, la cámara baila de la misma forma que en Sátántangó, película que también cuenta con varias escenas de animales bastante memorables. Esto no quiere decir que Gunda sea una versión cochina del cine de Béla Tarr. La perspectiva de ésta es mucho más positivista y se aleja de ese regocijo de la miseria característica de Tarr. En Gunda las imágenes vienen acompañadas de un aura mágico feliz que hace que el espectador se quede enganchado a la pantalla.

Gunda

Asimismo, la pieza audiovisual de Kossakovsky no busca personificar a estos animales y mostrarnos que tienen una vida como la de cualquiera de nosotros, sino más bien lo contrario. El cineasta ruso busca que el espectador se animalice. Toda la película está contada desde el punto de vista del animal. Es por ello por lo que gran parte de la cinta cuenta con planos que están muy cerca del nivel del suelo, para ver lo que los animales ven.

Con una iluminación casi divina, Gunda cuenta con una fotografía en blanco y negro espectacular a manos del propio Kossakovsky y Egil Håskjold Larsen. El uso de la profundidad de campo en la película es clave para adentrarnos en esos retratos animales con profundidad. También destaca la calidad del sonido supervisado por Alexander Dudarev. En una película en la que no hay diálogos, el empleo de cada sonido que traspasa la pantalla cobra el doble de importancia. Estos elementos contribuyen a que la película se convierta en una de las experiencias cinematográficas del año.

Lo mejor: La escena inicial de Gunda dando a luz a sus lechoncitos

Lo peor: su carácter poco activista puede jugar en su contra

Nota: 8/10

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