Cómo se las gasta el aprendiz. El pistolero de Manhattan, aunque nacido en Queens, ha vuelto. Y en este segundo mandato como el Sheriff más armado del Oeste, ha decidido imponer su ley. En realidad, no ha inventado nada. Es básicamente la esencia del crecimiento y el expansionismo de los Estados Unidos como nación y potencia imperialista. Por cierto, de muy reciente historia.
En las películas ‘de vaqueros’ (el wéstern), los pelegrinos, colonos o bandoleros tenían muy claro que la tierra se conquista por las buenas o por las bravas. No hay pieles rojas, cherokees ni mejicanos que se pudiesen interponer en su camino. Hasta se podía comprar Alaska, Louisiana o La Florida. En el caso de Puerto Rico, Cuba o las Filipinas se las ingeniaron de otras maneras.
2026 ha empezado fuertecito y validando esa misiva sobre aquello de que la realidad siempre supera la ficción. Una innegable relación de retroalimentación entre lo basado en hechos reales y la ficción que termina por advenir. De repente, las intervenciones en Irán o Venezuela. Situaciones fílmicas que ya evocaban muchas bélicas y de acción.
Así que, ¿cómo no van a querer los estadounidenses adueñarse de Groenlandia? Estaba escrito en las providencias cinematográficas hollywoodienses. Ellos (los ‘americanos’) son en su cosmovisión la última línea de defensa contra los malvados totalitarios, los que no piensan como ellos, sobre todo. Pero indudablemente, contra los que pueden controlar más recursos que ellos, más bien. «Hacer cualquier cosa por salvaguardar la democracia»… Y que nadie se interponga en su liderazgo en el comercio como China, o en la explotación del petróleo como los países de la OPEP.
Con razón el peterpanesco y entusiasta Walter Mitty (Ben Stiller) disfrutaba de lo lindo en la gélida y agigantada isla con sus aventuras de monopatín y pesca oceánica. Se entiende por qué lo de Gerald Butler buscando el ¡último! refugio en Greenland. Siempre ha habido algo cociéndose por aquellos lares. James Bond también ha pasado por allí en moto de nieve. Así que ni tan sólo los rusos ni los chinos… Por todo ello, se ha hecho famosa la elocuente escena sobre el asunto de la fantástica serie La diplomática:
Dado que el elegido para la Historia, el POTUS, vuelve a ser Donald Trump, qué mejor que rescatar la película de 2024 que desgrana su figura controvertida. Aquella en la que se describe su crecimiento espiritual y el forjamiento de su carácter como despiadado tiburón inmobiliario, negociador implacable y narcisista. Película de factura canadiense, por si acaso.
El aprendiz (The apprentice) es esa autodenominada historia de Trump, una buena propuesta para sumergirse, o al menos tener alguna noción acerca de lo que puede rondar por la mente del personaje, uno de los tipos más poderosos del Planeta, sino el que más.
Se centra principalmente en los años previos a sus grandes éxitos como promotor inmobiliario de una decadente área de Manhattan: la Torre Trump o The Commodore. Para ser multimillonario hay que tener un don, y una enorme ambición como el joven Trump (Sebastian Stan) de la película. Aunque fuera ya el hijo de un acaudalado empresario, estaba fascinado por convertirse en una de esas mediáticas grandes fortunas.
Más allá de los matices del personaje de este ‘yuppie’, es relevante su vínculo espiritual con un cínico ‘coach’, mentor, tutor. Es su abogado defensor quien ve en él un proyecto de líder ¿moldeable? para inocularle una filosofía muy particular, y basándose en las malas artes de negociación. El polémico y controvertido Roy Cohn (Jeremy Strong) le asesorará, aupará a los círculos más exclusivos y le conectará con el poder.
«Nada importa, excepto ganar», «explotar a tus amigos/enemigos e infundirles miedo», «el país es el cliente más importante», «el matrimonio es un juego de suma cero». Parte de la base del pensamiento de este producto con mimbres de asesino de los negocios y experto en tratos.
«Apunto muy alto y empujo, empujo hasta conseguirlo», reconociendo no haber seguido las reglas para conseguirlo en algunas ocasiones. Perlas del contenido de un libro publicado sobre sus andanzas en la época y en el que se basa la película: ‘El arte del trato (Trump: the Art of the Deal)’. Contextualizado en el año cumbre del cine ‘yuppie’ con Wall Street, la crisis financiera conocida como el ‘Crash’ del 87, y era dorada del neoliberalismo yanqui.
‘El aprendiz’ nos muestra cómo este experto negociador es capaz de llevar los acuerdos al límite, atacando sin piedad, mintiendo si hace falta y sin reconocer la derrota nunca. Las tres reglas básicas de Cohn. Un compendio de ‘El arte de la Guerra’ adaptado por estos dos tiburones financieros y políticos.
Qué pase con Groenlandia, Cuba u otras latitudes, es cuestión de hasta cuánto se dejen retorcer las partes implicadas en las negociaciones con este personaje. Ya estamos asistiendo a sus trucos de negociación, manipulación mediática y humillación psicológica. Planteando las negociaciones bajo sus máximos, y obligando a la contraparte a someterse de cualquier manera. Entrando sus oponentes a las rondas de conversaciones ya con casi todo perdido moralmente.
El papel de la OTAN y la ONU ha quedado retratado, no sólo por las películas, sino también por la Administración Trump. Ni qué decir tiene de Dinamarca o la propia Unión Europea, ninguneadas por su falta de seguridad energética, escaso potencial armamentístico y la nulidad de su diplomacia Euroburocrática. Evidentemente, Trump ha visto debilidad y un buen Tiburón siempre huele la sangre.
Veremos en los próximos días, meses y años qué frutos le aporta esa estrategia geopolítica y económica de aniquilar y someter al oponente en un arriesgado juego de suma cero, sin cooperación y dinamitando la comunidad internacional… Y con certeza, lo veremos en películas y series venideras.


