Inicio Críticas Crítica – ‘Magaluf Ghost Town’

Crítica – ‘Magaluf Ghost Town’

0
Fotograma de 'Magaluf Ghost Town'

Título original: Magaluf, Ghost Town

Año: 2021

Duración: 70 min.

País: España

Director: Miguel Ángel Blanca

Guion: Miguel Ángel Blanca

Música: Sara Fontán

Fotografía: Raúl Cuevas

Reparto: Documental

Productoras: Boogaloo Films, Little Big Story, Mosaic Producciones

Género: Documental

Ficha en Filmaffinity


Magaluf es el ejemplo perfecto del turismo de borrachera que ha llegado a múltiples playas españolas desde distintas partes de Europa. Los principales reclamos son el sol y los bajos precios de los productos alcohólicos. Para los extranjeros, pueblos como Magaluf son el paraíso en una concepción dionisiaca, donde la juerga y la lujuria son interminables. Sin embargo, para los vecinos de estos destinos costeros está más cerca de ser un infierno. No solo ya por el grotesco y aberrante espectáculo que protagonizan borrachos extranjeros con prácticas como el balconing o el mamading; también por haber abocado a la terciarización de la economía que los ha convertido en simples sostenedores de un sistema basado únicamente en el turismo estival.

Magaluf se está convirtiendo en un verdadero pueblo fantasma, invisible excepto para los turistas que se sienten en la potestad de hacer cualquier cosa durante el verano. Tan solo reconocible por las noticias estivales que copan telediarios tras la muerte de algún turista al haber intentado saltar desde su balcón a la piscina del hotel.

Miguel Ángel Blanca pretende en su documental dar voz a este pueblo que se ahoga entre luces de neón, discotecas, vómitos etílicos, olor a orina y cerveza en grandes cantidades. Cede el protagonismo de la cinta a Tere, una mujer mayor, limpiadora de hotel y con problemas con el azúcar, y a Bruno, un joven adolescente que tan solo quiere huir del pueblo. Desde diferentes perspectivas vitales, nos muestran cómo la barbarie del turismo low-cost han sumido a Magaluf y a todas sus perspectivas de futuro en el más absoluto obscurantismo.

En un momento del documental, Bruno, en su pretensión por huir del pueblo maldito, idea embarcarse con un amigo en una canoa para llegar a un pequeño islote vecino, la Isla de sa Porrass. Lo que prometía mucho, casi una odisea a los ojos de los dos jóvenes, un ejercicio de libertad previa a la huida del pueblo, empieza a tornarse aburrida y ardua en el transcurso del viaje en la canoa. Cuando llegan finalmente a la isla desierta, tan solo queda una expresión que entonar, la de mayor tristeza e incertidumbre que puede salir de nuestras cuerdas vocales: “Y ahora, ¿qué?”. La película nos lanza la metáfora que la define.

La barbarie que empieza reflejando es muy vistosa y concentra fácilmente la atención. Además, viene acompañada de la esencia de Tere, una suerte de Carmina Barrios perdida por la isla de Palma de Mallorca, con la idiosincrática gracia andaluza que se manifiesta en cada intervención. Sin embargo, lo gracioso no empaña lo agridulce de sus vivencias personales, ni tampoco lo corrosivo de la crítica del documental al sistema turístico de la isla.

Aun así, al igual que la ilusión de Bruno y su amigo por el viaje en canoa, las expectativas desbordan a una cinta que empieza volverse tediosa y confusa. Después del primer tercio de la película, Bruno sustituye a Tere como voz cantante del relato del documental sin poder llegar a su nivel de carisma. Como si fuese otoño en Magaluf, la cinta empieza a sentirse más calmada y reflexiva. La agudeza del inicio se ve solapada por los pensamientos de Bruno sobre su huida de la isla, llegando en algunos momentos a sentirse repetitivo. Lo que al principio era excesivo, ahora resulta comedido. La imagen que ahora se proyecta de la Magaluf nocturna es poco exagerada en comparación a la brutalidad que hemos visto antes.

La película se vuelve casi una contradicción que empaña un final donde se exponen las medidas políticas que se acometerán en el pueblo balear para evitar el desmedido modelo turístico imperante. Al menos, el “y ahora, ¿qué?” se resuelve en el documental, pero el viaje durante los minutos centrales del metraje nos ha dejado tan alejados de la cinta que la conclusión ya nos ha cogido sin mucho ánimo.

Nota: 5,5

Lo mejor: el personaje de Tere y el inicio

Lo peor: la mitad de la película

 

Artículo anterior‘Museo Hermitage. El poder del arte’, una visita muy especial
Artículo siguienteCrítica – ‘La Casa Gucci’
Mis referentes morales son Joe Strummer, el Espartaco de Kirk Douglas y Susan Sarandon. Una vez vi a Willem Dafoe.

Deja un comentario