Título original: Chicho o Mientras el cuerpo aguante (Una comedia didáctica)
Año: 2026
Duración: 89 min.
País: España
Dirección: Fernando Trueba
Guion: Fernando Trueba
Reparto: Chicho Sánchez Ferlosio
Fotografía: Ángel Luis Fernández
Música: Chicho Sánchez Ferlosio
Productoras: Ópera Films
Distribuidora: Los Ilusos Films
Género: Documental / Biográfico
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La curiosidad de Chicho Sánchez Ferlosio parece encontrar motivos para detenerse en cualquier parte. Una palabra, una canción o una cuestión aparentemente menor bastan para abrir una conversación que pronto termina en otro lugar. En Chicho o Mientras el cuerpo aguante (una comedia didáctica), Fernando Trueba acompaña ese pensamiento en movimiento y encuentra en él la materia de su segundo largometraje. Estrenada en 1982, la película regresa ahora a las salas de la mano de Los Ilusos Films, tras una restauración de la ECAM a partir del negativo original de 16 mm. Una recuperación que devuelve la posibilidad de escuchar a una figura cuya singularidad sigue resultando difícil de clasificar.
Hijo del escritor falangista Rafael Sánchez Mazas y hermano de Rafael Sánchez Ferlosio, Chicho recorrió un camino político que lo llevó de la militancia comunista a posiciones libertarias. Ese contexto aparece en sus recuerdos y en sus decepciones, pero la película apenas necesita ordenar su trayectoria para acercarse a él. En Sóller, junto a su compañera Rosa Jiménez, las conversaciones, los paseos y las canciones van componiendo un retrato donde importa especialmente la relación entre sus ideas y su manera de vivir.
Chicho o Mientras el cuerpo aguante: pensar, conversar y cantar
Trueba deja que sea el propio Chicho quien marque buena parte del recorrido. Su discurso pasa de la lingüística a la política, de los juegos a la lectura de la Biblia, con una naturalidad que convierte la digresión en el ritmo de la película. Cada asunto parece merecer una atención completa, aunque enseguida aparezca otro capaz de desplazarlo. Hay algo cómico en esa obstinación por examinar lo que habitualmente se acepta sin demasiadas preguntas. También una inteligencia que encuentra placer en discutir, precisar y poner a prueba las explicaciones disponibles.
Ahí adquiere sentido el subtítulo de una comedia didáctica. El humor nace de la seriedad con la que Chicho se entrega a sus razonamientos y de los lugares inesperados a los que estos conducen. Su excentricidad tiene una lógica propia, que la película permite seguir sin apresurarse a traducirla. Escucharlo exige entrar durante un rato en esa disposición suya a considerar que cualquier detalle puede contener un problema interesante. El aprendizaje está en la atención que dedica a las cosas, en su insistencia por seguir pensando incluso cuando una conversación parecía resuelta.
Las canciones participan de esa misma continuidad. La palabra hablada y la cantada comparten una mirada crítica, un gusto por el juego y una relación directa con quienes escuchan. En torno a ellas, el retrato encuentra también una dimensión cotidiana: cantar forma parte de estar con otros, de compartir el tiempo y de intervenir en lo que ocurre alrededor. Rosa Jiménez contribuye a situar a Chicho dentro de ese espacio compartido, donde sus ideas conviven con una intimidad que evita la solemnidad del homenaje.

En términos cinematográficos, la propuesta es sencilla y deposita casi todo su peso en la presencia del protagonista. El equipo y el propio Trueba entran en el campo de esa relación, haciendo visible el encuentro del que surge la película. La cámara escucha y acompaña, mientras el desarrollo queda sujeto a los cambios de asunto y al interés que despierta cada conversación. Esa libertad también determina sus límites: la acumulación de reflexiones deja algunos caminos abiertos y confía en que la curiosidad de Chicho sea suficiente para sostener la del espectador.
La película encuentra su mayor valor en el tiempo que concede a esa personalidad. Conforme avanza, sus rarezas van dejando ver una coherencia: la de alguien que lleva la necesidad de cuestionar hasta los aspectos más pequeños de la vida. Su independencia se percibe en lo que decide observar, en las preguntas que prolonga y en la facilidad con la que convierte una ocurrencia en una discusión. Trueba conserva ese movimiento sin terminar de fijar una imagen definitiva de él.
Vista hoy, Chicho o Mientras el cuerpo aguante mantiene el atractivo de una conversación a la que todavía merece la pena incorporarse. La restauración recupera la voz, los gestos y el humor de un hombre cuya forma de pensar sigue contagiando curiosidad. Al terminar, queda la impresión de haber pasado un tiempo con Chicho y de que, fuera de la película, aún le quedarían muchas cosas por discutir.


