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Crítica – ‘522. Un gato, un chino y mi padre’

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Título original: 522. Un gato, un chino y mi padre

Año: 2019

Duración: 90 min.

País: España

Dirección: Paco R. Baños

Guion: Paco R. Baños

Música: Pedro Marques

Fotografía: Fran Fernández Pardo

Reparto: Natalia de Molina, Alberto Jo Lee, Miguel Borges, Manolo Solo, Maya Murofushi, Joao Lagarto, Sergio Dominguez

Productora: Coproducción España-Portugal; Ukbar Filmes

Género: Comedia, Drama, Road-movie

Ficha en Sensacine

A veces es necesario salir de nuestra vida para poder encontrarnos y, con ello, regresar al hogar. Esta premisa, a priori, tan enrevesada es la base de 552. Un gato, un chino y mi padre, la nueva película de Paco Baños (Ali). La historia se mueve por fases, evidenciando una problemática para con la protagonista que se ve reforzada gracias a las sutilezas de la composición. La transición entre imagen y sonido da lugar casi a ambientes sonoros propiamente creados para introducir al espectador en la misma personalidad del personaje.

Una vez llegados al punto de cambio, el argumento da paso al descubrimiento, conformándose como la propuesta simbólica que encuentra durante el desarrollo en las guías de viajes. La condición de road movie se establece desde el mismo comienzo y no requiere del simple vehículo. El cambio y la evolución de los personajes se hace evidente, pero también presenta problemas sustanciales.

Por un lado, la marca inicial de contacto entre el dúo protagonista es un tanto débil, provocando que la espontaneidad de ciertos momentos se contraponga a la calma que busca de forma consciente. Esto conlleva una serie de movimientos por parte de los personajes un tanto mecánicos, requiriendo en ciertas ocasiones de conveniencias para llevar la historia al lugar requerido.

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El actor Alberto Jo Lee en un momento de la película

En relación a este fenómeno, la película no logra encontrar el tono durante prácticamente todo el desarrollo. Del impacto y la vivencia propia de George se pasa a la pausa con el regocijo buscado sobre la relación entre ambos protagonistas. El humor se contrapone al drama sin llegar a complementarse casi en ningún momento. Sin embargo, la deliciosa dualidad que conforman Natalia de Molina y Alberto Jo Lee, una vez se han pasado los primeros pormenores, es muy reconocible. Casi se presentan como compañeros de viaje para el espectador, que logra encontrar un recoveco en la furgoneta.

Por último, cabe destacar la sorprendente habilidad que posee el largometraje para dificultar los conceptos. El amor, la familia, la añoranza, el hogar… Todas estas ideas se manipulan constantemente, como si de una figuración de la mente de George se tratase. Igualmente, más que para desmitificar esta serie de sentimientos, el largometraje encuentra momentos para ponerlos en valor, demostrando una humanidad muy pura a partir de una sencillez apabullante.

Lo mejor: La naturalidad y complicidad con la que Natalia de Molina y Alberto Jo Lee se relacionan. La contraposición de sentimientos que es capaz de crear a partir de la sencillez.

Lo peor: La falta de conexión inicial con los personajes principales. La dificultad tonal que presenta.

Nota: 8/10

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