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¿De quién es esa serie?

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Tal vez no os hayáis dado cuenta, y no será porque no se ha repetido, pero nos hallamos en plena era dorada de la televisión.  El florecer de las series, contadas a puñados, ha sacado nuestro lado más tertuliano. Si bien en el siglo XIX los cafés eran el centro de debate sobre ideas políticas y de cambio social, ahora, ya que todo está perfectamente solucionado en el tema político, nos hemos volcado, con más saña que maña, en la disputa seriéfila.

Es injusto que me presente yo ahora como justiciero, cuando soy el primero que me introduzco lleno de gozo en las crucifixiones sobre lo mal que ha empezado una temporada o lo innecesario de sacar un spin off de tal serie. Pero recientemente he participado en alguna de estas pacíficas reuniones y se eligió colgar en la cruz a ‘Black Mirror’, por su tercera temporada. Soy el primero que comenté el cambio tan indescriptible (pero igualmente notorio) que ha tomado esta nueva tanda de capítulos producidos por Netflix. Finalmente, se llegó a la conclusión, y yo me sumé a ella, de que “esta temporada no es ‘Black Mirror’”.

Y es ahí cuando se me encendieron las alarmas. ¿No es ‘Black Mirror’? Pregunta irrelevante, porque la importante es  esta: ¿Quiénes somos nosotros para decidir qué es ‘Black Mirror’? ¿A quién pertenece una serie; a sus creadores o a sus fans? Tal vez hayamos confundido el que una serie está hecha para nosotros con el que sea de nosotros. ¿O no es el capitán el que decide el rumbo de la nave?

La situación es de hecho bien sencilla. Los creadores y guionistas tienen una idea inicial muy clara sobre la esencia y desarrollo de la serie. En la mayoría de casos, (subrayen “mayoría”) saben lo que quieren transmitir. Mientras, nosotros, los fans, los grumetes del navío, no tenemos ni idea, porque en las primeras fases, la serie no nos pertenece.

Pero cuando nos familiarizamos con la serie, cada uno toma su propia concepción de la esencia de la serie, y ello lleva inevitablemente a crear una propia idea sobre el desarrollo de la misma (evolución de personajes, giros de trama, finales etc.) Y claro, cuando los ingenuos guionistas toman una decisión que chirría con nuestra visión personal de la serie, ponemos el grito en el cielo, o lo que es peor, en las redes sociales. “¿Cómo han podido hacer esto con ‘Black Mirror’?”

Y es que ese “antes molaba más” es un dardo peligroso para los que llevan el timón de la serie. Porque les hace temblar el pulso, y el timón tiembla con ellos. Y caen entonces en la falacia de creerse capaces, ellos, simples mortales, de contentar a todos y cada uno de nosotros, los fans, simples ceporros.

¿Y qué debemos hacer? ¿Dejar de comentar, de discutir, de parlotear? Eso nunca. Lo que sí debemos ser conscientes es que nuestras opiniones, subjetivas y personales a fin de cuentas; no son más que esos, valoraciones. Son los propios desarrolladores de las series, los guionistas, los creadores, los que realmente fabrican el producto,  los que deberían ser capaces de, aun sabiendo escuchar, lograr mantener el rumbo de su navío y no desviarlo a la primera voz de los grumetes que se han mareado por el oleaje.

1 COMENTARIO

  1. […] Porque si ampliamos la mira y observamos el mapa completo de esta tierra devastada a la que llamamos cultura de pantallas constatamos que Juego de Tronos no ha hecho más que reabrir por enésima vez una vieja herida que nunca ha dejado de sangrar por mucho que se haya cosido. Esa lucha entre las expectativas generadas y la realidad presentada. Irreconciliables. Y de paso, ha vuelto poner sobre la mesa ese debate sobre la responsabilidad del creador, el papel del fan, y la autoría de una obra. […]

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